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Quién puede recoger a un niño (y qué pasa si llega otra persona)

A las dos de la tarde hay cien niños con ganas de irse y cien adultos con prisa. Justo entonces es cuando un campamento tiene que ir más despacio.

5 min de lecturaPor el equipo de AZ Futura

Niños con mochilas chocan las manos

Una regla corta: en mano y a quien está en la lista

La entrega de un niño tiene una sola regla, y cabe en una línea: se entrega en mano a una persona que su familia ha autorizado por escrito. El resto son maneras de cumplirla cuando hay prisa, calor y un abuelo que jura que es el abuelo.

La lista de personas autorizadas se rellena en la inscripción. Ahí la familia apunta quién, además de los padres o tutores, puede llevarse al niño: una abuela, un tío, la vecina que recoge a tres del mismo portal. Esa lista pasa a la hoja que lleva el monitor del grupo y a la que tiene la coordinación en la puerta.

Dicho de otra manera, quien decide es la familia, y lo decide antes. En la puerta ya no se decide nada. Se comprueba.

Cómo es una salida normal

A la hora acordada, cada grupo va al punto de salida con su monitor. Los niños no esperan solos en la verja ni salen al ver a su madre al otro lado de la calle: están con su grupo hasta que alguien los entrega.

En la puerta está la coordinación, que en nuestros campamentos es una persona sin grupo a su cargo. Mira quién ha venido, comprueba que figura como autorizado en la inscripción y le entrega al niño personalmente. Con un saludo, y muchas veces con dos frases sobre el día: «ha comido poco», «se ha hecho un raspón en el codo, está curado».

Los primeros días esto va más lento, porque nadie conoce todavía las caras. Es normal, y es buena señal, que te pregunten a por quién vienes aunque el niño ya esté corriendo hacia ti. Al tercer día la puerta te conoce.

Cuando en la puerta hay alguien que no esperábamos

Pasa, y casi siempre es inocente: una reunión que se alarga, un coche que no arranca, una tía que estaba cerca.

Qué hacemos, paso a paso
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    Llega un adulto a por un niñoLa coordinación busca su nombre entre las personas autorizadas de ese niño.

    Está en la lista: se le entrega.No está: el niño se queda con su monitor.

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    Se lo explicamos sin dramatizarA la persona que ha venido y al niño, que suele ser el más sorprendido. Nadie duda de ella: no figura, y sin eso no podemos.
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    Llamamos a la familiaA los teléfonos de la inscripción, para confirmar que esa persona puede llevárselo.

    Lo confirman: se entrega.No contestan: se sigue llamando y el niño sigue con nosotras.

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    Si pasan quince minutos sin localizar a nadieEl protocolo dice que se avisa a las autoridades. Está escrito para que ese día nadie tenga que improvisar una decisión así.

Mientras dura la espera, el niño no está «retenido» en una puerta: está con un adulto que conoce, haciendo algo.

Tres situaciones y cómo resolverlas antes

Casi todos los problemas de la puerta se arreglan el día anterior, con un mensaje.

Lo que conviene dejar hecho
Qué hacerQué no funciona
Mañana le recoge alguien nuevoAvisar a la coordinación por escrito, con el nombre completo de esa persona, y pedirle que lleve su documento de identidad.Decírselo al niño para que lo cuente él. Con seis años, «viene a por mí un señor» no ayuda a nadie.
Queremos que se vaya solo a casaDejarlo autorizado por escrito en la inscripción. Es una decisión de la familia y tiene que constar.Autorizarlo de palabra, un día, en la puerta y con prisa.
Hay una situación familiar delicadaContarlo a la coordinación al inscribirle, con el documento que corresponda. El campamento entrega según lo que figura en la inscripción.Esperar que el monitor conozca la situación de cada familia o la deduzca en la puerta.

La entrada también es una entrega

De la salida se habla mucho y de la mañana, poco. Y por la mañana pasa lo mismo en sentido contrario: la familia nos entrega a su hijo, y a partir de ese segundo es nuestro.

Por eso la coordinación abre la puerta a la hora acordada y se queda en ella. Recibe a cada niño, anota que ha entrado y atiende lo que la familia quiera contar. Mientras, los monitores están repartidos por el centro para acompañar a los que llegan hasta su aula, y allí cada uno repasa su lista.

Un consejo que cuesta poco y evita sustos: acompáñale hasta la puerta y espera a ver que entra. Dejarle en la esquina «porque ya es mayor» crea un tramo de calle en el que no está ni contigo ni con nosotras.

Cuatro cosas que puedes hacer tú

  • Rellena la lista pensando en agostoApunta a todas las personas que podrían recogerle algún día, además de quien lo hará normalmente. Sobrar no molesta; faltar, sí.
  • Pon teléfonos que alguien cojaEl fijo de casa a las dos de la tarde no sirve. Mejor dos móviles de dos personas distintas.
  • Avisa de los cambios por escritoA la coordinación, no al grupo de familias. Y antes de la hora de salida.
  • Di a quien vaya que lleve el DNISi es la primera vez que va, es probable que se lo pidan. Enseñarlo cuesta diez segundos.

Dudas sobre la recogida

¿Puede recogerle un hermano mayor?

Si la familia lo ha puesto en la lista de personas autorizadas, sí. Si es menor de edad, coméntalo antes con la coordinación: cada organizador tiene su criterio y conviene que quede por escrito.

¿Y si llego tarde?

Tu hijo espera acompañado por un adulto del equipo; nunca se queda solo en la puerta. Avisa en cuanto sepas que no llegas, para que él también lo sepa y no esté mirando la verja.

¿Vale con que yo llame para autorizar a alguien?

Una llamada tuya resuelve el momento, y es lo que hacemos cuando aparece alguien que no figura. Pero lo seguro es dejarlo por escrito antes: en la puerta no siempre es posible reconocer una voz.

¿Por qué no me lo dan si ya me conocen de otros años?

Porque quien abre este año puede no ser quien abría el pasado, y porque las listas cambian. La comprobación se hace con el papel, no con la memoria.

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