Un niño con necesidades de apoyo quiere del verano lo mismo que los demás: jugar, tener amigos y que le llamen por su nombre. El ocio inclusivo consiste en organizar las cosas para que eso ocurra en el mismo sitio y a la misma hora que para el resto.
Para saber si una actividad es inclusiva hay una forma rápida, que es mirar qué hace el niño que necesita apoyo mientras los demás juegan. Si está sentado al lado, con un adulto, viendo cómo juegan los otros, está admitido. Si tiene un papel en el juego, aunque sea distinto, está incluido.
Esa diferencia tiene poco que ver con la buena voluntad de nadie. Sale de decisiones que se toman antes: cuántos niños lleva cada monitor, qué sabe el equipo de ese niño, cómo se ha pensado la actividad y qué se hace cuando la prevista no le sirve. Este reportaje va de esas decisiones.
Una nota sobre las palabras. Aquí hablamos de personas con discapacidad, que es la expresión de la Convención de Naciones Unidas y, desde 2024, también la de la Constitución4, y de niños con necesidades de apoyo, que describe lo que de verdad le importa a un monitor: qué necesita ese niño para participar. El diagnóstico es cosa de su familia y de sus profesionales.
Tres palabras que no significan lo mismo
Se usan como si fueran sinónimos y describen situaciones muy distintas. Lo que cambia es con quién está el niño y quién hace el esfuerzo de adaptarse.
Tres maneras de organizar el ocio
Segregado
Adaptado
Inclusivo
Con quién está
Solo con otras personas con discapacidad, en una actividad aparte.
En el mismo sitio que los demás, pero a menudo en una versión paralela.
Con el grupo que le toca por edad o por curso.
Qué se cambia
Todo se diseña para ese grupo concreto.
La actividad, para él: otra ficha, otro material, otro rato.
La actividad, para todos: se piensa desde el principio de modo que cada uno tenga su manera de participar.
Quién se adapta
Nadie tiene que hacerlo: el grupo es homogéneo.
Sobre todo el niño y el adulto que le acompaña.
El equipo, el grupo y la programación.
El apoyo
Especializado y para todos.
Una persona pegada a él.
El que haga falta, dentro del grupo y procurando que se note lo menos posible.
Qué se lleva
Actividad a su medida y trato con iguales.
Presencia, y a veces poco contacto con los demás.
Amigos de su edad y un sitio en el grupo.
Ninguna de las tres es mala en sí misma. La propia Convención de la ONU ampara las actividades específicas para personas con discapacidad junto al acceso a las generales: hay familias que quieren las dos cosas. El problema aparece cuando la segregada es la única opción que se les ofrece.
Jugar con los demás es un derecho
Durante mucho tiempo, que un niño con discapacidad fuera al campamento del pueblo dependía de que alguien quisiera hacerle el favor. Hoy está escrito en normas que obligan.
La más importante es la Convención sobre los derechos de las personas con discapacidad, aprobada por Naciones Unidas en 2006 y en vigor en España desde 2008. Su artículo 30 pide a los Estados que aseguren que «los niños y las niñas con discapacidad tengan igual acceso con los demás niños y niñas a la participación en actividades lúdicas, recreativas, de esparcimiento y deportivas», incluidas las que se hacen dentro del sistema escolar1. No habla de actividades parecidas ni equivalentes: habla de igual acceso.
La misma Convención aporta la idea que hace eso posible: los ajustes razonables. Son las modificaciones y adaptaciones necesarias en un caso concreto, siempre que no supongan «una carga desproporcionada o indebida». Negarlos cuando son posibles cuenta como discriminación1. En un campamento eso es bajar el volumen de la música, dejar que un niño entre cinco minutos antes o darle las instrucciones también en dibujos. Ajustes así no cuestan casi nada.
Viene de más atrás. La Convención sobre los Derechos del Niño, de 1989, ya reconocía a todos los niños el derecho «al descanso y el esparcimiento, al juego», y pedía que quienes tienen una discapacidad tuvieran acceso efectivo a «las oportunidades de esparcimiento»2.
En España, la Ley General de derechos de las personas con discapacidad y de su inclusión social recoge los mismos principios y encarga a las administraciones proteger con especial intensidad, entre otros, el acceso a la cultura, al deporte y al ocio3. Y el artículo 49 de la Constitución, reformado en febrero de 2024, habla ya de inclusión social y de entornos universalmente accesibles, con una mención expresa a los menores con discapacidad4.
En la práctica
Cinco cosas que cambian un día entero
Que el equipo lo sepa. Lo que la familia cuenta en la inscripción tiene que llegar a quien va a estar con el niño, y en forma útil: qué le gusta, qué le cuesta, qué le calma y cómo pide ayuda. Una etiqueta no le sirve a un monitor; una frase como «los ruidos fuertes le agobian, avísale antes» sí.
Un grupo más pequeño. Con menos niños, el monitor tiene tiempo de explicar dos veces, de esperar y de mirar. En nuestros campamentos, cuando en un grupo hay un niño que necesita apoyo, ese grupo se hace más pequeño, y el monitor que le atiende cuenta con formación específica.
Una actividad alternativa. Preparada de antemano y dentro del mismo juego siempre que se pueda. Si la gincana tiene una prueba de correr, que haya también quien cronometra, quien guarda las pistas o quien da la salida.
Anticipar. Saber qué va a pasar tranquiliza a casi todos los niños, y algunos no pueden pasar sin ello. Contar el plan en la asamblea, avisar de los cambios cinco minutos antes y mantener el mismo orden cada día cuesta muy poco.
Apoyos visuales. El horario del día en dibujos, colgado a la altura de los ojos; las normas con una imagen; un cartel en cada rincón. Ayudan a quien no lee todavía, a quien acaba de llegar de otro país y a quien entiende mejor lo que ve que lo que oye.
Los pictogramas no hay que dibujarlos
Para los apoyos visuales hay un recurso público muy extendido en colegios y asociaciones: ARASAAC, el Centro Aragonés para la Comunicación Aumentativa y Alternativa, del Gobierno de Aragón6. Ofrece miles de pictogramas que se pueden buscar por palabra («jugar», «comer», «baño», «esperar»), descargar y usar sin pagar en materiales no comerciales, citando su procedencia.
Con una docena de ellos impresos y plastificados se monta el horario de un campamento. Y pasa algo que cualquier monitor ha visto: se ponen pensando en un niño y a la semana los consulta el grupo entero.
Antes de que llegue: el recorrido
La inclusión se decide casi entera en las semanas previas. Este es un orden razonable para una familia y para quien organiza.
De la inscripción a la primera semana
1
La familia lo cuenta al inscribirleEn el apartado de observaciones o, mejor, pidiendo hablar con coordinación. Cuanto antes, más margen para organizarse.
2
Una conversación con quien coordinaSobre el día a día: qué le ayuda, qué le cuesta, cómo se comunica, qué hacer si se agobia. No hace falta entregar informes ni dar más detalles de los que la familia quiera.
3
Se decide qué apoyo necesitaCon lo que ha contado la familia y con cómo es la actividad.
Basta con ajustes en el grupo: menos niños, anticipar, apoyos visuales.Necesita a una persona más: se organiza antes de empezar y se le dice con claridad a la familia.
4
El equipo recibe la informaciónSu monitor y el coordinador, y lo imprescindible el resto. Se repasa la programación y se preparan las alternativas.
5
Un primer día con menos sorpresasSi se puede, ver el sitio antes o entrar unos minutos antes que el grupo, y conocer ya a su monitor por el nombre.
6
A los pocos días, se vuelve a hablarQué está funcionando y qué hay que cambiar. Lo que se decidió sobre el papel se corrige con lo que se ve.
Siete preguntas para una familia
Valen para un campamento, una extraescolar o un taller, sea de quien sea. Una respuesta concreta dice más que cualquier folleto.
¿Con quién va a estar?En qué grupo, con cuántos niños y si será siempre el mismo monitor.
¿Qué formación tiene esa persona?Y si ha trabajado antes con niños que necesitan apoyo.
¿Cómo le llega mi información al equipo?Quién la lee, dónde se guarda y quién más la conoce.
¿Qué pasa cuando no puede hacer una actividad?Si hay alternativa preparada y si la hace con el grupo o aparte.
¿Puedo ver el sitio y la programación antes?Para contárselo en casa con tiempo.
¿Usáis apoyos visuales?Horario del día, normas, carteles en los espacios.
¿Con quién hablo si algo no va bien?Un nombre y una manera de localizarle, mejor que un correo general.
Para quien organiza
Se decide al diseñar el programa
Buena parte de lo que una familia encuentra al llegar se ha decidido meses antes, cuando un ayuntamiento, un colegio o un AMPA define el servicio: cuántos niños por monitor se piden, si se prevé apoyo, qué formación se exige al equipo y si el formulario de inscripción deja un sitio para contar lo que el niño necesita.
Si eso está escrito desde el principio, la inclusión ya no depende de quién atienda ese verano. En AZ Futura trabajamos con ayuntamientos en programas de ocio inclusivo.
En la Comunidad de Madrid, la norma que regula las prácticas de los futuros monitores admite que se hagan con grupos más reducidos cuando los participantes son personas con discapacidad5. La norma viene a reconocer lo que el oficio ya sabía, que con menos niños se atiende mejor.
Lo que más nos preguntan
¿Qué diferencia hay entre ocio inclusivo y ocio adaptado?
En el adaptado se cambia la actividad para un niño, que a menudo acaba haciendo algo paralelo. En el inclusivo la actividad se piensa desde el principio para que todo el grupo participe junto, cada uno a su manera.
¿Tengo que avisar de que mi hijo necesita apoyo?
Nadie puede obligarte a dar más datos de los que quieras, pero cuanto antes lo sepa el equipo, mejor podrá organizarse. Lo que más sirve es contar qué le ayuda y qué le cuesta en el día a día.
¿Pueden decirme que no le admiten?
La Convención de la ONU reconoce a los niños con discapacidad igual acceso a las actividades de ocio y obliga a hacer ajustes razonables. Si te encuentras con una negativa, pide que te expliquen qué ajuste haría falta y por qué no es posible; los servicios sociales de tu ayuntamiento o una asociación de familias pueden orientarte.
¿Necesita siempre un monitor solo para él?
No siempre. A muchos niños les basta con un grupo más pequeño, que les anticipen lo que va a pasar y que haya una alternativa preparada. Otros necesitan a una persona de apoyo. Se decide hablando con la familia, caso por caso.
¿Qué son los pictogramas y dónde se consiguen?
Dibujos sencillos que representan una palabra o una acción, útiles para explicar horarios y normas. ARASAAC, del Gobierno de Aragón, ofrece miles para descargar y usar sin pagar en materiales no comerciales.
¿Y los demás niños, cómo lo viven?
Con bastante más naturalidad que los adultos. Suelen necesitar una explicación corta y sincera cuando preguntan, y un monitor que trate la diferencia sin dramatismo.
De dónde salen los datos
1 Instrumento de Ratificación de la Convención sobre los derechos de las personas con discapacidad, hecha en Nueva York el 13 de diciembre de 2006: artículos 2 (ajustes razonables y discriminación) y 30.5 (participación en actividades lúdicas, recreativas y deportivas). Boletín Oficial del Estado, 21 de abril de 2008. Ver la fuente
2 Instrumento de Ratificación de la Convención sobre los Derechos del Niño, adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 20 de noviembre de 1989: artículos 23 y 31. Boletín Oficial del Estado. Ver la fuente
3 Real Decreto Legislativo 1/2013, de 29 de noviembre, por el que se aprueba el Texto Refundido de la Ley General de derechos de las personas con discapacidad y de su inclusión social: artículos 2, 3 y 7. Boletín Oficial del Estado. Ver la fuente
4 Constitución Española, artículo 49, en la redacción dada por la reforma de 15 de febrero de 2024. Boletín Oficial del Estado. Ver la fuente
5 Orden 2560/2024, de 4 de septiembre, por la que se regulan los cursos con diploma oficial a impartir por las escuelas de tiempo libre en la Comunidad de Madrid: artículos 10, 22 y 27. Boletín Oficial de la Comunidad de Madrid, 17 de septiembre de 2024. Ver la fuente
6 ARASAAC, Centro Aragonés para la Comunicación Aumentativa y Alternativa. Gobierno de Aragón. Ver la fuente
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