El mismo esqueleto colgado de la puerta hace reír a una niña de nueve años y llorar a su primo de tres. En Halloween casi todo lo decide la edad, desde qué se cuelga hasta cuánta luz se apaga y quién entra en cada habitación.
7 min de lecturaPor el equipo de AZ Futura
Lo que se sabe del miedo, y de dónde lo sacamos
Nosotras montamos fiestas, y del desarrollo infantil quienes saben son los pediatras. Por eso esta página separa lo que afirma la Asociación Española de Pediatría, que va con su referencia, de lo que hemos aprendido organizando Halloween para grupos, que es criterio de oficio y como tal lo contamos.
De la primera parte nos quedamos con cuatro ideas. Los miedos son muy comunes a lo largo del desarrollo, aparecen coincidiendo con edades determinadas y, en general, son pasajeros y de poca intensidad, y remiten solos a medida que el niño madura1. El miedo a la oscuridad aparece en uno de cada tres niños hacia los dos años y disminuye a los ocho o nueve, y puede mezclarse con el temor a seres imaginarios y a los ruidos1. Las pesadillas suelen empezar entre los tres y los seis años y son más frecuentes entre los seis y los diez2. Y una de las maneras de adquirir un miedo es presenciar experiencias atemorizantes, por lo que piden seleccionar películas, relatos y espectáculos apropiados para la edad1.
O sea, que en Infantil y en los primeros cursos de Primaria es justo cuando más pesan la oscuridad, los monstruos y los ruidos. Y Halloween trabaja con esas tres cosas.
De la calabaza que sonríe al pasaje del terror
Los tramos en los que solemos proponer cada nivel. Sirven de orientación, y manda quien conoce a esos niños.
Qué Halloween para qué edad
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Ambiente con luz
Disfraces, calabazas, cuento y taller. Sin oscuridad ni personajes que aparecen.
Penumbra y linternas
Media luz en una sala conocida, con adultos a la vista.
Misterio
Una historia que hay que resolver: pistas, cajas, candados, una gincana con personajes.
Susto avisado
Un recorrido o una sala donde se sabe que algo va a aparecer. Se entra porque se quiere.
Terror
Pasaje sin rebajar, a oscuras y con persecución. Para adolescentes y adultos.
Criterio de oficio. En nuestros pasajes del terror y escape rooms la edad mínima es de ocho años.
De tres a cinco: naranja, con luz y de la mano
A esta edad lo que se celebra es disfrazarse. La fiesta que funciona tiene todas las luces encendidas, música, un cuento contado con voces y un taller sencillo. Los personajes son calabazas, gatos, fantasmas con cara de despiste y brujas que pierden la escoba.
Lo que vemos fallar una y otra vez es la careta. Un adulto conocido con la cara tapada deja de ser conocido. Si alguien va a hacer de bruja, se disfraza delante de ellos o lleva la cara descubierta y pintada. Nadie aparece de golpe. Los personajes llegan andando, saludan y piden ayuda.
La oscuridad, ni para un juego. Si se quiere un rato de linternas, se hace con la persiana a medio bajar y sentados en corro.
De seis a ocho: la edad del misterio
En este tramo vemos que con la luz encendida todo es un juego, y que cuando se apaga ya no lo tienen tan claro. Piden miedo y presumen de no tenerlo, que son dos cosas distintas. Es la edad en la que más cuidado ponemos, porque piden más de lo que luego llevan bien.
Aquí funciona el misterio. Un mensaje que descifrar, una caja en la que se mete la mano sin mirar, una búsqueda con linternas en una sala en penumbra, una gincana en la que los personajes dan las pruebas. La emoción la pone la historia.
Lo que suele fallar es dejarles entrar en lo de los mayores «porque van con su hermano». En la puerta todos son valientes. Dentro, el hermano mayor tiene nueve años y está pendiente de sí mismo.
De nueve a doce: el susto, pero con reglas
A partir de los ocho o nueve años muchos piden que les asusten de verdad. Aquí entran el escape room de ambientación tenebrosa y el pasaje del terror en su versión suave, en la que se sabe que algo va a salir, se entra en grupo pequeño, nadie toca a nadie y hay una palabra para parar.
Dentro de un mismo curso hay diferencias enormes. Por eso lo que decide es que el niño quiera entrar, y la edad solo marca a partir de cuándo se le pregunta. A quien no quiere se le busca algo mejor que esperar en un banco, como llevar el cronómetro, repartir linternas o hacer de ayudante en la puerta.
Desde los doce
Los adolescentes quieren el pasaje sin rebajar y, a menudo, estar al otro lado: hacer de personaje. Es un buen encargo, porque se lo toman en serio, les enseña a medir hasta dónde se asusta a un niño más pequeño y resuelve qué hacer con ellos en una fiesta familiar.
En la puerta de lo que asusta: ¿entra o no entra?
Las tres preguntas que hace quien está en la puerta de un pasaje, por orden.
Cómo se decide en la puerta
1
¿Tiene la edad mínima?La edad se anuncia en el cartel y no se negocia en la cola.
Pasa a la siguiente pregunta.No entra, aunque venga con un adulto. Hay otra actividad para su edad a la vista.
2
¿Lo ha pedido él?Se le pregunta al niño, no a quien le acompaña, y con la respuesta «no» igual de fácil que el «sí».
Se le explica qué va a encontrar y cómo se sale.Se queda fuera sin comentarios. Puede cambiar de idea más tarde.
3
¿Sabe cómo parar?La palabra para salir se ensaya en voz alta antes de cruzar la puerta.
Entra con su grupo.Se repite hasta que la diga sin vergüenza.
Criterio de oficio. El recorrido completo está en la página del pasaje del terror.
Si alguien se asusta de verdad
Pasa en las mejores fiestas. Lo primero es sacarle de allí hacia la luz, con un adulto que conozca, sin público. Los pediatras señalan que la sensación de seguridad que da la compañía de los padres contrarresta el miedo, y aconsejan a los adultos conservar la calma, porque de lo contrario el niño se altera más1. En una fiesta eso quiere decir ni drama ni broma.
Lo segundo es desmontar el truco si él quiere: que vea al personaje sin careta, que toque la telaraña, que encienda él la luz de la sala. La misma fuente recomienda animar al niño a enfrentarse poco a poco a lo que teme y celebrar cada paso1. Poco a poco quiere decir que esa tarde puede no volver a entrar, y no pasa nada.
Lo que no se hace nunca es usar el miedo para que obedezca. «Si no te portas bien viene el monstruo» encaja mal en una fiesta y peor fuera de ella: la Asociación Española de Pediatría califica el recurso al miedo para controlar el comportamiento como una práctica educativa inadecuada1.
Esa noche
Si hay pesadilla, lo que recomiendan los pediatras es tranquilizarle recalcando que ha sido solo una pesadilla, quedarse a su lado y transmitirle calma; se le puede dejar un objeto que le dé seguridad o una pequeña luz encendida2. Y si un miedo es intenso, persiste y le afecta en su vida diaria, lo indicado, según la misma fuente, es buscar ayuda profesional1.
Preguntas frecuentes
¿A partir de qué edad puede entrar un niño en un pasaje del terror?
En los que montamos nosotras, desde los ocho años y solo si lo pide él. Es criterio nuestro y no una norma general. Cada organizador fija su edad mínima y debe anunciarla en la entrada.
¿Puede entrar un niño pequeño si va con su padre o su madre?
Nuestro criterio es que no. Ir acompañado no cambia lo que ve ni lo que oye, y en la cola es difícil decir que no delante de todos. Sale mejor tenerle otra actividad a esa misma hora.
¿Es malo que un niño pase un poco de miedo en Halloween?
Los pediatras describen los miedos de la infancia como comunes y, en general, pasajeros. Nosotras lo planteamos así: un rato de misterio que el niño ha elegido, con adultos de confianza cerca y con salida. El susto impuesto no entra en ninguna de nuestras fiestas.
¿Qué hago si mi hijo no quiere ir a la fiesta porque le da miedo?
Contarle antes qué va a haber y qué no, enseñarle el sitio con luz y dejar que decida. Puede ir un rato, quedarse en la zona iluminada o no ir. En nuestras fiestas nadie entra obligado en ningún sitio.
¿Cómo sé si una película o un cuento de miedo es adecuado para su edad?
Los pediatras piden elegir películas, relatos y espectáculos apropiados para la edad, y evitar los de terror antes de dormir. Ante la duda, lo más seguro es verlo o leerlo tú antes.
De dónde salen los datos
1 Asociación Española de Pediatría, En Familia: «Miedos y fobias en la infancia». Ver la fuente
2 Asociación Española de Pediatría, En Familia: «Pesadillas y terrores nocturnos». Ver la fuente
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