El mejor disfraz de la fiesta es el que a las siete de la tarde sigue puesto. Los demás acaban amontonados encima de una silla, empezando por la careta que da calor, la capa que se pisa y las alas que no caben por la puerta.
7 min de lecturaPor el equipo de AZ Futura
La prueba del pasillo: seis cosas antes de salir
Se hace en casa, con el disfraz completo, la víspera. Son tres minutos y te ahorran la mitad de los disgustos de la tarde.
Se ve los piesCon la careta, la capucha o el sombrero puestos, el niño mira hacia abajo y hacia los lados. Si no se ve los zapatos, no ve el bordillo.
Sube y baja escalerasEl bajo del disfraz queda por encima del tobillo. Una túnica que se pisa se corta con tijeras y listo, que en una tarde no se deshilacha.
Va solo al bañoLos monos enteros con cierre a la espalda necesitan un adulto cada vez. Con cinco años y una fiesta de dos horas, eso acaba en problema.
Se sienta en el sueloY se levanta. Las colas rígidas, los armazones y las alas grandes se van a quitar y poner varias veces, así que mejor con velcro.
Cabe la ropa de abrigo debajoA finales de octubre refresca al caer la tarde. El disfraz se elige una talla holgada y se lleva encima de un pantalón y una camiseta térmica, no debajo de un anorak que lo tapa.
Lleva zapatos de verdadLos cubrezapatos y las zapatillas de tela del disfraz resbalan. Deportivas, y si hace falta, forradas por encima.
Lo que dice la etiqueta
Detrás de un disfraz comprado hay más normas de las que parece. Las autoridades de consumo recuerdan que los disfraces y las caretas para menores de catorce años se consideran juguetes: les aplica la normativa de seguridad de los juguetes y deben llevar el marcado CE1. Además, como prendas de vestir, en su etiqueta tiene que figurar el nombre y el domicilio del fabricante, comerciante o importador, y la composición1.
La misma fuente pide prestar especial atención a cinco cosas1:
La inflamación de tejidos y pelucas. Es el motivo por el que en una fiesta con disfraces no debería haber velas ni bengalas.
Las piezas pequeñas que pueden desprenderse y acabar en la boca de un niño pequeño: botones, ojos pegados, lentejuelas.
Los cordeles y cordones en la zona del cuello y de la capucha, por el riesgo de asfixia. Una capa atada con un cordón al cuello se cambia por un velcro o un corchete que se suelte de un tirón.
Las puntas y los bordes cortantes en accesorios como tridentes, coronas o espadas.
Las pilas de los complementos con luz, que deben ir en un compartimento seguro, sin acceso fácil para los niños.
El disfraz hecho en casa no lleva etiqueta. Las cinco cosas se le miran igual.
Careta, media careta o cara pintada
Tres maneras de cambiar de cara, vistas desde quien tiene que jugar con ella puesta.
Qué deja hacer cada una
Careta entera
Media careta o antifaz
Cara pintada
Ver
Solo hacia delante. Tapa los lados y el suelo.
Bien, si los ojos están bien abiertos.
Como sin nada.
Respirar y hablar
Da calor y apaga la voz.
Sin problema.
Sin problema.
Merendar
Hay que quitársela.
Se puede dejar puesta.
Se puede, aunque se borra alrededor de la boca.
Que le reconozcan
No. A los pequeños les inquieta no saber quién es.
Sí, por la boca y la voz.
Sí.
Lo que pide
Poder quitarla y ponerla solo, y un sitio donde dejarla.
Una goma a su medida.
Diez minutos sentado y desmaquillarse al llegar a casa.
Criterio de oficio. Para jugar, la careta entera es la peor opción; para la foto de llegada, la mejor. Puede servir para las dos cosas si se quita después.
Si lleva careta: que entre el aire
Las autoridades de consumo indican que las máscaras deben disponer de una ventilación adecuada, con orificios de tamaño suficiente para que entre el aire1. En la práctica eso son agujeros en la nariz y en la boca, y que el niño pueda quitársela él solo, sin hebillas ni nudos.
En una fiesta con juegos, la careta se usa para llegar, para la foto y para el desfile, y luego se guarda en una bolsa con su nombre. Nadie corre, salta ni cruza una calle con ella puesta. Para hacer una de cartulina a medida, con los ojos bien abiertos, está el taller de la careta de Halloween.
Si va pintado: primero, leer el envase
El maquillaje infantil es un cosmético, y como tal su etiqueta tiene que mostrar, entre otras cosas, la fecha de duración mínima o el plazo de uso una vez abierto, la lista de ingredientes, la función del producto y las advertencias necesarias para un uso seguro1. Las autoridades de consumo aconsejan revisar el listado de ingredientes y evitar los productos sin etiquetado completo o de procedencia dudosa1.
Quien pinta caras a menudo acaba con tres costumbres. Se usa pintura hecha para la cara, con su envase y sus instrucciones, y no témperas, rotuladores ni pintura de manualidades. Se mira que no esté caducada ni lleve abierta desde el Halloween de hace tres años. Y se pregunta antes de pintar: si el niño tiene la piel delicada, una herida o una alergia conocida, no se pinta, y la duda se la resuelve su pediatra o su farmacéutico. Quien lleva el pincel, no.
Lo práctico
Se pinta lejos de los ojos y sin tapar los labios en los pequeños, que se chupan. Un diseño pequeño, en una mejilla o en la frente, aguanta la merienda. Una cara entera de calavera no llega. El pelo se recoge antes. Y al llegar a casa se quita siguiendo las instrucciones del propio envase, antes de dormir.
El látex, las heridas falsas y la sangre de bote son cosa de los mayores, de talleres con monitor y de leer aún más despacio la etiqueta.
Escobas, tridentes y lo que pide el colegio
Los accesorios son lo primero que se pierde, y también con lo que alguien se lleva el primer golpe. En casa se dejan en la entrada mientras se juega. Para la calle, uno por niño, blando y con su nombre.
En el colegio, cada centro pone sus normas, y lo normal es que las mande por escrito unos días antes. Las más habituales, por lo que vemos: disfraz que el niño se ponga y se quite solo, sin careta que tape la cara entera, sin armas de juguete y sin maquillaje hecho en casa si luego hay clase. Si el colegio no ha dicho nada, pregunta antes de comprar. Cómo se organiza ese día está en la fiesta de Halloween en el cole.
Cuánto miedo da el disfraz
Un disfraz muy logrado de un niño de once años puede asustar de verdad a uno de cuatro que se lo cruza en el pasillo. En fiestas con edades mezcladas ayuda una norma sencilla, que en la zona de los pequeños las caretas vayan en la mano. Lo que encaja en cada tramo está en cuánto miedo cabe a cada edad.
Y si va a salir a la calle de noche, al disfraz oscuro hay que ponerle algo que se vea. Lo contamos en truco o trato.
Preguntas frecuentes
¿Qué tiene que llevar la etiqueta de un disfraz infantil?
Si es para menores de catorce años, el marcado CE, porque se considera un juguete. Y como prenda, el nombre y el domicilio del fabricante, comerciante o importador, y la composición del tejido.
¿Es mejor careta o maquillaje?
Para jugar, la cara pintada o una media careta, porque dejan ver y respirar. La careta entera sirve para la llegada y la foto, y luego se guarda.
¿Qué pongo debajo del disfraz si hace frío?
Camiseta térmica y mallas o pantalón fino, y el disfraz una talla holgada. El abrigo, encima y abierto solo para la calle; dentro de la fiesta sobra.
¿Con qué se le puede pintar la cara a un niño?
Con maquillaje hecho para la piel, con su etiqueta completa: ingredientes, plazo de uso y advertencias. Si tiene la piel delicada o alguna alergia, consulta antes con su pediatra o su farmacéutico.
¿Puede llevar un niño lentillas de colores para el disfraz?
No es algo que recomendemos. Están reguladas junto a los productos sanitarios por su parecido en riesgo, y cualquier decisión sobre ellas corresponde a un profesional de la visión.
De dónde salen los datos
1 Comunidad de Madrid, Portal del Consumidor: «Disfraces de Carnaval: precaución en las compras» (etiquetado, marcado CE, riesgos, máscaras y maquillaje infantil). Actualizado el 9 de febrero de 2026. Ver la fuente
2 Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios: «Productos sin finalidad médica (anexo XVI)» del Reglamento (UE) 2017/745, sobre los productos sanitarios. Ver la fuente