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Lo que no te enseñan en el curso de monitor

El temario habla de etapas evolutivas, de proyectos y de técnicas de animación, y hace bien. Hay otra parte del oficio que solo se aprende con el grupo delante, a las dos de la tarde de un jueves de julio.

7 min de lecturaPor el equipo de AZ Futura

Una monitora y un niño juegan con una pelota amarilla

El curso enseña a preparar. El resto llega después

Hay que ser justo con el curso. El programa oficial incluye legislación, desarrollo infantil y juvenil, dinámica de grupos, trabajo con personas con discapacidad, gestión de conflictos y un buen fichero de técnicas2. Quien lo aprovecha sale sabiendo por qué hace lo que hace.

Lo que no puede dar un aula es repetición. Un juego explicado veinte veces a veinte grupos distintos, cien entradas y cien salidas, cuatro semanas seguidas de calor. Ahí aparecen cosas que no vienen en ningún módulo. Saberlas de antemano no las evita, pero al menos no te pillan por sorpresa.

La voz se acaba el miércoles

Nadie te avisa de que este es un trabajo físico. Hablas al aire libre, por encima de un patio, durante horas. Si lo haces a gritos, a mitad de semana estás ronco y el grupo ha aprendido que solo hay que escucharte cuando gritas.

Los monitores que conservan la voz en agosto hacen todos más o menos lo mismo. Se acercan en vez de llamar desde lejos. Reúnen al grupo antes de hablar y no hablan hasta que hay silencio. Usan señales: una palmada con ritmo, la mano levantada, una canción para recoger. Beben agua toda la mañana. Y si la ronquera no se va con el fin de semana, van al médico, que para eso está.

El resto del cuerpo también cuenta. Te agachas cien veces al día, cargas cajas de material, corres detrás de un balón con treinta grados. Gorra, crema, calzado que sujete y comer algo a media mañana, aunque el almuerzo de los niños sea tu rato de más trabajo. Un monitor que se marea deja a su grupo sin adulto.

Las familias en la puerta

En el curso las familias son un apartado. En el campamento son treinta personas con prisa a las nueve y otras treinta a las dos, y cada una quiere saber una cosa: cómo ha estado el suyo.

Ten preparada una frase verdadera y concreta de cada niño. «Hoy ha sido portero toda la mañana» vale más que «muy bien, todo genial», que es lo que se dice cuando no te has fijado. Si no te acuerdas de nada de un niño, tómalo como aviso y mañana fíjate más en él.

Lo que no se resuelve en la puerta, con otras familias delante, es lo delicado. Una queja, un conflicto con otro niño, una duda sobre un golpe. Escucha, apunta, di «se lo cuento ahora mismo a la coordinadora» y hazlo. No des la razón ni la quites, no hables de los hijos de otros y no improvises explicaciones. En nuestros campamentos es la persona de coordinación quien llama a casa cuando hace falta, y cada niño se entrega solo a quien figura autorizado en la inscripción.

Te dirán cosas útiles a las nueve menos cinco: «ha dormido mal», «hoy le recoge su abuelo», «está triste porque se ha muerto el perro». Apúntalas y pásalas. Lo del abuelo, además, tiene que constar donde debe: una frase en la puerta no convierte a nadie en persona autorizada.

Qué resuelves tú y qué no

El primer año la duda de siempre es si molestar o no al coordinador. Esta tabla es orientativa: cada campamento tiene su protocolo y manda sobre ella.

Quién se ocupa de cada cosa
Lo resuelves túLo cuentas ese díaAvisas en el momento
Dos discuten por un balón
Un niño no quiere jugar
Una actividad no te ha salido
Un mismo niño acaba solo varios días
Un golpe o una caída
Una agresión entre niños
Una familia se queja en la puerta
Viene a recogerle alguien que no está en la lista
Al contar, te falta uno
Un niño te cuenta algo que te preocupa
Te encuentras mal

En una agresión intervienes tú en el instante y avisas después. En nuestros campamentos hay una persona de coordinación sin grupo durante toda la jornada.

El niño con el que no conectas

Pasa, aunque casi nadie lo dice en voz alta. Hay un niño que te cae peor. Interrumpe, se ríe cuando explicas, contesta. Y hay otro que te cae especialmente bien, que ayuda y se ríe de tus bromas. Los dos lo notan, y el resto del grupo también.

No se te pide que te gusten todos igual. Se te pide que los trates igual. Para el primero, lo que suele funcionar es buscarle a propósito fuera del conflicto: darle un encargo que se le dé bien, preguntarle por algo suyo, decirle delante de los demás lo que ha hecho bien el día que lo hace. Para el segundo, repartir los encargos buenos, que no le toquen siempre a él.

Si con un niño no encuentras la manera, coméntalo con coordinación antes de que se enquiste. A veces hay información que no tienes: un apoyo que necesita, algo que la familia contó en la inscripción, una forma de anticiparle los cambios que a otros monitores les ha servido.

Ocho cosas que se aprenden tarde

  • Los traslados son actividadIr del patio al comedor es donde más se pierde el grupo. Se prepara: fila, canción y uno que cierra.
  • El baño es un problema de logísticaDecide el primer día cómo se va, con quién y cuándo, y díselo al grupo.
  • Sobra más tiempo del que faltaUna actividad pensada para cuarenta minutos dura veinte. Lleva siempre algo detrás.
  • El material vuelve si lo cuentasDiez tijeras salen y diez tijeras entran. Si lo haces con ellos, es un juego más.
  • El viernes no es el lunesEl grupo llega cansado y tú también. Las actividades tranquilas van al final de la semana.
  • Recoger es parte del trabajoEl compañero que se va sin recoger se queda sin compañeros. Los equipos se hacen ahí.
  • Se echa de menosEl viernes se van y el lunes hay otros diez. La primera vez sorprende lo que cuesta.
  • Te van a imitarCómo hablas a tus compañeros, cómo pierdes, si pides las cosas por favor. Miran todo.

Y una que sí depende de ti

Ningún curso te dice que busques a alguien de quien aprender. En todos los equipos hay un monitor al que los niños siguen sin que levante la voz. Colócate cerca, mira cómo lo hace y pregúntale. Es la formación más barata y la mejor que vas a recibir.

Si todavía no has empezado, tu primer campamento te prepara la semana anterior. Y si ya has tenido el primer tropiezo, en los errores del monitor novato verás que lo hemos cometido todos.

Dudas que no salen en el temario

¿Cómo cuido la voz si trabajo de monitor?

Acercándote al grupo antes de hablar, usando señales para pedir silencio y bebiendo agua. Si la ronquera dura más que un fin de semana, consulta con tu médico.

¿Qué le digo a una familia que se queja en la puerta?

Que la has escuchado y que se lo trasladas ahora mismo a coordinación. Apunta lo que te dice y no entres a discutir ni a dar explicaciones delante de otras familias.

¿Qué hago si un niño me cuenta que le pasa algo en casa?

Escucharle sin interrogar, no prometer secreto y comunicarlo de inmediato a tu coordinador o a la persona delegada de protección. La ley obliga a comunicar los indicios de violencia.

¿Es normal acabar agotado la primera semana?

Sí. Es un trabajo físico y no dejas de estar atento ni un rato. Mejora cuando aprendes a dosificar la voz, a preparar los traslados y a no cargar con todo tú solo.

¿Qué hago si un niño me cae mal?

Tratarle igual que al resto y buscar ocasiones para verle fuera del conflicto: un encargo, una pregunta, un reconocimiento. Si no encuentras la manera, coméntalo con coordinación.

De dónde salen los datos

  1. 1 Ley Orgánica 8/2021, de 4 de junio, de protección integral a la infancia y la adolescencia frente a la violencia, artículos 16 y 48. Boletín Oficial del Estado. Ver la fuente
  2. 2 Real Decreto 1537/2011, de 31 de octubre, anexo I: contenidos de los módulos formativos MF1866_2, MF1867_2 y MF1868_2. Boletín Oficial del Estado. Ver la fuente

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