Los errores del monitor novato (y qué hacer en su lugar)
Ninguno de estos fallos es de mala persona. Son los que salen solos cuando tienes ganas, pocos años más que el grupo y nadie te ha visto trabajar todavía. Se corrigen rápido si alguien te los nombra.
6 min de lecturaPor el equipo de AZ Futura
Diez tropiezos con su arreglo
Léela ahora y vuelve a leerla el miércoles de tu primera semana. Te vas a reconocer en tres o cuatro.
Lo que sale solo y lo que funciona
Lo que sale solo
Lo que funciona
Explicar
Cinco minutos de reglas con el grupo de pie y al sol.
Un minuto, una ronda de prueba y las reglas que falten, sobre la marcha.
Pedir silencio
Gritar «¡silencio!» cada vez más fuerte.
La señal acordada, esperar callado y empezar a hablar bajo.
Caer bien
Ser el colega: reír todas las gracias y dejar pasar la primera norma rota.
Ser claro y justo desde el lunes. La simpatía llega sola el miércoles.
Contar
Dar por hecho que están todos porque «se les ve».
Contar al salir, al llegar y cada vez que el grupo se mezcla con otro.
Material
Buscar las tijeras con los niños ya sentados.
Contado y a mano antes de empezar. Si falta, se cambia la actividad.
Colocarse
En medio del corro, de espaldas a medio grupo.
En el borde, donde los ves a todos y ves la puerta.
Los huecos
Diez minutos «a ver qué hacemos» entre dos actividades.
Un juego corto de reserva para cada espera.
Castigar
Dejar a todos sin juego por lo que ha hecho uno.
Hablar aparte con quien ha sido, sin público.
Repartir la atención
Jugar con los cuatro que siempre quieren.
Buscar con la mirada al que no ha dicho nada en toda la mañana.
Pedir ayuda
Aguantar para que no piensen que no sabes.
Avisar pronto. Un problema contado a las diez es pequeño; a la una, ya no.
El error más repetido: hablar demasiado
Has preparado el juego con cariño y quieres que salga perfecto, así que lo explicas entero: el objetivo, las reglas, las excepciones y lo que pasa si empatan. A los cuarenta segundos has perdido a la mitad; a los dos minutos, dos se están empujando y tú subes la voz para acabar la explicación.
Un grupo de niños aprende un juego jugándolo. Di cómo se llama, qué hay que conseguir y lo único que no se puede hacer. Haz una ronda de prueba con tres voluntarios mientras los demás miran. Arranca. Las reglas que faltan se añaden cuando hacen falta, y entonces sí las escuchan, porque ya saben para qué sirven.
Lo mismo vale para las normas. Tres, dichas en positivo y repetidas todos los días, se recuerdan. Una lista de quince prohibiciones el lunes a las nueve no la recuerda nadie, tú tampoco.
Querer caer bien el primer día
Es el que mejor se entiende. Hace poco estabas tú en el otro lado y recuerdas al monitor enrollado con cariño. Lo que no recuerdas es que aquel monitor era simpático y, además, cuando decía «nos vamos», el grupo se iba.
Los niños no necesitan otro amigo en el campamento: ya vienen con los suyos o los hacen allí. Necesitan a un adulto que sea el mismo el lunes y el jueves, que trate igual al gracioso y al tímido y que cumpla lo que dice. Eso da tranquilidad. Y un grupo tranquilo es el que luego se ríe contigo.
Dos señales de que te has pasado de colega: negocias cada instrucción y hay un par de niños que te hablan como a un igual delante de los demás. Tiene arreglo. Al día siguiente, en la asamblea, se recuerdan las normas con calma y se cumplen a la primera. Sin sermón.
Gritar, ridiculizar y otras maneras de perder al grupo
El grito funciona una vez. A la segunda el grupo ya sabe cuánto ruido puede hacer antes de que grites, y a la tercera te has quedado sin voz y sin recurso. Consigues más, y te cansas menos, acercándote al que habla, poniéndole una mano en el hombro o quedándote callado mirando el reloj.
Peor que el grito es la gracia a costa de un niño: el mote, la imitación, el «a ver si hoy Fulanito se entera». El grupo se ríe, y el niño aprende que el adulto también puede ser de los que se meten con él. La ley de protección de la infancia pide a las entidades de ocio que trabajen con niños, familias y profesionales en el rechazo de los insultos y las expresiones degradantes1. En la práctica, eso empieza por cómo habla el monitor.
Cuando dos se pelean, el novato suele entrar a juzgar quién empezó. En nuestros campamentos el orden es otro: primero se observa si lo resuelven ellos; si no, se habla en un sitio tranquilo y aparte; y si hay una agresión, se interviene en el momento. Está contado en peleas, burlas y acoso.
Los que no se ven porque no pasan jugando
Son menos vistosos y traen más disgustos.
Opinar en la puertaDecirle a una familia «hoy se ha portado fatal» delante de otras. Lo que haya que contar lo cuenta coordinación, o tú con ella, y en privado.
Prometer lo que no depende de ti«Mañana vamos a la piscina», «te pongo con tu amiga». Si luego no ocurre, quien ha mentido eres tú.
El móvil en la manoPara la hora, para una foto, para un mensaje. Diez niños tardan menos que eso en dispersarse.
Fotos por tu cuentaNi en tus redes ni en un grupo de mensajería. La imagen de los niños tiene sus normas y su responsable.
Saltarte la listaEntregar a un niño a «su tía de toda la vida» sin mirar si está autorizada.
Callarte un golpeParecía poca cosa y no dijiste nada. La familia lo ve por la tarde y nadie sabe explicárselo.
Te has equivocado. ¿Y ahora?
Va a pasar. A un buen monitor se le reconoce por lo que hace en la hora siguiente.
Qué hacer después de un error
1
¿Hay algún niño afectado?Un golpe, un susto, uno que se ha quedado atrás o al que has hablado mal.
Primero él: atiéndele o avisa para que le atiendan.Sigue con el grupo y pasa al siguiente punto.
2
Cuéntalo hoyAl coordinador, con hechos y sin adornos: qué pasó, cuándo y qué hiciste. Es él quien valora si hay que llamar a la familia.
3
Si te equivocaste con un niño, díselo«Antes te he hablado mal y lo siento». Corto, aparte y sin excusas. Un adulto que pide perdón enseña más que una asamblea entera.
4
Cambia una cosaUna sola, concreta, para mañana: contar al salir del comedor, sacar el material antes, explicar en un minuto.
5
ApúntaloEn tu libreta. El año que viene te acordarás de los juegos; de esto, solo si lo has escrito.
Un error que no es de novato
Hay uno que cometen los veteranos más que los nuevos: dejar de preparar. El que lleva cinco veranos tira de repertorio, llega justo y resuelve con oficio. El nuevo, que no tiene repertorio, prepara. Mientras conserves esa costumbre, los otros diez errores se te irán quitando solos.
Explicar demasiado. Un juego se presenta en un minuto, se prueba con una ronda y se completa sobre la marcha. De las explicaciones largas salen casi todos los líos.
¿Es malo ser un monitor simpático?
No. Lo que falla es intentar caer bien a costa de las normas. Si eres claro y justo desde el primer día, la confianza llega sola y dura más.
¿Qué hago si he gritado a un niño?
Hablar con él aparte, reconocerlo sin excusas y contárselo a tu coordinador. Y pensar qué señal o qué cambio te habría evitado llegar ahí.
¿Se puede castigar a un niño en un campamento?
Lo que funciona es hablar aparte con quien ha roto la norma y que repare lo que pueda repararse. Los castigos colectivos y dejar a alguien en evidencia delante del grupo empeoran las cosas. Ante la duda, consulta con coordinación.
¿Cuánto se tarda en dejar de ser novato?
No hay una cifra. Se nota cuando, mientras llevas el juego, ves también al grupo entero: quién se ha quedado fuera, quién se aburre, quién falta. A muchos les ocurre a mitad del primer verano.
De dónde salen los datos
1 Ley Orgánica 8/2021, de 4 de junio, de protección integral a la infancia y la adolescencia frente a la violencia, artículo 48.1.d). Boletín Oficial del Estado. Ver la fuente