Si quiere volver a casa: llamar, esperar o ir a buscarle
Son las doce y media, suena tu teléfono y es el campamento. O no suena, y tú llevas una hora mirándolo. Las dos escenas tienen guion, y es mejor haberlo leído antes de esa noche.
6 min de lecturaPor el equipo de AZ Futura
«Quiero irme a mi casa» quiere decir varias cosas
Dicha a las doce de la noche, esa frase puede ser cansancio, frío, una discusión por el sitio, ganas de hacer pis que no se atreve a decir, un dolor de tripa o añoranza de verdad. Solo la última tiene que ver con tu casa. Las demás se arreglan allí. Lo primero que hace un adulto con oficio es averiguar cuál de todas es.
La hora también cuenta, y mucho. A las diez, con el juego a punto de empezar, suele ser un nervio que se va corriendo. A las doce, al meterse en el saco, es el momento clásico de la pena. A las tres de la madrugada, un niño que lleva dos horas despierto y pidiendo irse está diciendo algo más serio.
De lo que le pasa a un niño al acostarse y de cómo se le acompaña hablamos en morriña, oscuridad y malos sueños. Esta guía empieza donde acaba aquella, cuando después de todo eso sigue queriendo irse.
De «quiero irme» a una decisión
Este es un recorrido razonable. El de tu campamento puede cambiar en los detalles, así que pídeselo antes.
Qué suele pasar cuando un niño pide volver
1
Se le escucha aparteFuera del dormitorio, sentados, sin prisa. Se busca la causa: frío, pis, un conflicto, dolor, pena.
Tiene arreglo allí: se arregla y vuelve al saco.Es añoranza: se le acompaña.
2
Se le da tiempoUn adulto se queda con él. Un vaso de agua, una manta, hablar del desayuno. Muchos se duermen aquí.
Se duerme: por la mañana se cuenta a la familia.Pasa el rato y no remonta: se avisa a la coordinación.
3
La coordinación llama a casaHabla un adulto con otro adulto. Cuenta qué ha pasado, qué se ha probado y cómo está el niño ahora.
4
Se decide entre los dosCon lo que ve el equipo y lo que tú conoces de tu hijo.
Un intento más, con una hora límite acordada.Se le recoge, con calma y sin reproches.
Esquema de oficio. Si hay fiebre, dolor o cualquier sospecha de enfermedad, el camino es otro: está en la guía «Si se pone malo o se hace daño».
Cuándo merece la pena un intento más
Cuando lleva poco rato, cuando el motivo acaba de aparecer y cuando el equipo te dice que entre llanto y llanto se distrae. Un niño que se duerme después de haber querido irse se levanta por la mañana con algo ganado: sabe que la pena se pasa. Si le recoges al primer puchero aprende otra cosa, que la pena solo se pasa en casa.
La Asociación Española de Pediatría, al hablar de los trastornos de ansiedad, señala entre sus peligros las conductas de evitación: el niño deja de ir a cumpleaños, actividades o campamentos con el único fin de esquivar lo que le da miedo1. Para el miedo a la separación propone justo lo contrario: separaciones cada vez más largas, felicitando al niño por lo que consigue2. Aguantar un rato más, acompañado, ya es uno de esos logros.
Viene bien poner una hora. «Lo intentamos hasta la una; si a la una sigue así, voy». El equipo trabaja mejor con un límite claro y tú dejas de decidir cada cinco minutos.
Y cuándo hay que ir
Cuando lleva mucho rato y va a peor. Cuando el malestar ya es físico: vomita de la angustia, no hay forma de que respire tranquilo. Cuando hay algo detrás que no es pena, como un conflicto serio con otro niño. O cuando el equipo, que ha visto muchas noches, te dice que esta no la saca.
Ir a buscarle no es rendirse ni malcriarle. En una sola noche hay poco margen, y si a las dos no se ha dormido lo que queda es pasarlo mal y perder sueño. Recogerle bien le deja la puerta abierta para otra vez. Obligarle a quedarse hasta la mañana puede cerrársela.
Si vas, cuida la escena. Entra sin ruido, que no se despierten los demás. Nada de «ya sabía yo» ni de «con lo que ha costado». En el coche, una frase y basta: «Lo has intentado, que ya es mucho. Otro día probamos». Lo demás, si hace falta hablarlo, al día siguiente y con el desayuno delante.
El teléfono, de noche
Cada campamento tiene su norma sobre llamadas y móviles. Esto es lo que te conviene saber y preguntar.
Llamarle tú para ver cómo estáCon el niño al teléfono, casi nunca ayuda. Estaba aguantando y tu voz le devuelve a casa de golpe. Si necesitas saber, pregunta por él a un adulto.
Que llame él cuando está malAlgunos campamentos lo permiten y otros no. Si llama, que sea con un adulto al lado y sabiendo tú de antemano qué decir.
Qué decirle si se ponePoco y firme: que le has oído, que le entiendes, que hay un adulto con él y que mañana vas. No negocies por teléfono con un niño llorando.
El móvil propio en el sacoA medianoche es una línea directa con la pena, y con una pantalla encendida que no deja dormir. Qué hacer con él está en qué no llevar.
Tu teléfono, encendidoParece evidente y luego falla. Con sonido, con batería y en la mesilla. Y un segundo número en la inscripción.
El silencio es buena señalSi nadie llama, es que duerme o que lo que pasa se está resolviendo allí. Cuesta, pero es así.
Si volvió, no se ha roto nada
Al día siguiente estará avergonzado, aliviado o las dos cosas. Que tenga un día normal. Cuando salga el tema, pregúntale qué fue lo peor: a veces era algo tan concreto como el suelo duro o un compañero que no le dejaba dormir, y eso tiene arreglo la próxima vez.
Después, vuelve un escalón atrás. Una noche con los abuelos, otra en casa de un amigo, como contamos en cómo ensayar la primera noche. Y si la dificultad para separarse aparece también en el colegio, en los cumpleaños o en cualquier plan sin vosotros, antes de probar más campamentos háblalo con su pediatra.
Dudas cuando pide volver
¿Le prometo que iré a buscarle si me lo pide?
Mejor no. Le deja toda la noche pendiente de esa salida. Dile qué harán allí si lo pasa mal y que, si hace falta, los adultos hablaréis.
¿Cuánto hay que esperar antes de recogerle?
No hay un tiempo fijo. Acuerda una hora límite con la coordinación según cómo esté y a qué distancia vivas.
¿Me llamarán aunque se le pase?
Pregúntalo antes. Hay quien avisa siempre por la mañana y quien solo llama de noche si no remonta. Lo que te interesa es saber a qué atenerte.
¿Y si le recojo y luego se arrepiente?
Pasa: al llegar a casa ya no era para tanto. Tómalo como una buena noticia para la próxima vez y ahórrate el reproche.
¿Puedo llamar yo de madrugada para preguntar?
Usa el número y el horario que te hayan dado. Si no te han dicho nada, pregunta antes de la noche a qué teléfono atienden.
De dónde salen los datos
1 Asociación Española de Pediatría, En Familia. «Trastornos de ansiedad» (Sociedad de Psiquiatría Infantil de la AEP). Ver la fuente
2 Asociación Española de Pediatría, En Familia. «Miedos y fobias en la infancia» (miedo a la separación). Ver la fuente