Hay objetos que en casa son un tesoro y dentro de un campamento son un problema con patas: se pierden, se rompen, se cambian por algo peor o acaban en una discusión. Casi todos se parecen, y hay una pregunta que los caza.
6 min de lecturaPor el equipo de AZ Futura
Una pregunta que lo resuelve casi todo
Antes de dejar que algo entre en la mochila, hazte esta pregunta: si no vuelve, ¿habrá un disgusto en casa? Si la respuesta es sí, se queda.
El motivo es de pura aritmética, y nada tiene que ver con desconfiar del campamento: un grupo de diez niños, varios grupos, un patio, una piscina, tres cambios de sitio en una mañana. Las cosas se sueltan para jugar y nadie las vigila, porque los adultos están mirando a los niños. Lo que tiene nombre suele volver. Lo que es pequeño, valioso o muy deseado por los demás tiene peor pronóstico.
Hay otro motivo que se ve menos. En nuestros campamentos el material de las actividades lo ponemos nosotras, y es para todos. En cuanto aparece un objeto que solo tiene uno, el grupo deja de mirar el juego y empieza a mirar el objeto.
Lo que suele pasar con cada cosa
Es lo que vemos verano tras verano. Ninguna de estas historias acaba mal; todas dan trabajo y algún llanto.
Qué ocurre dentro y qué hacer en su lugar
Qué pasa dentro
Mejor así
El juguete favorito
Se lo piden todos, se presta a regañadientes y vuelve roto o no vuelve.
En casa, esperándole. Si necesita algo suyo, que sea pequeño y sustituible.
Cromos y cartas
Cambios que a la salida uno de los dos lamenta. Y el adulto no estaba delante.
En casa. Para cambiar, el parque y una tarde con vosotros.
Dinero
No hay dónde gastarlo, y un billete en un bolsillo dura poco.
Nada, salvo que el organizador lo pida para algo concreto y diga cómo entregarlo.
Móvil o reloj con llamadas
Se moja, se cae o se queda en un banco. Y quien lo lleva está pendiente de él.
Consulta las normas del campamento antes. Para hablar con él, el teléfono es el del equipo.
Joyas y relojes
Se enganchan jugando y se pierden en el agua.
En casa. Los pendientes, pequeños y de cierre seguro.
Chucherías y chicles
Hay que repartir o esconderse, y en el grupo puede haber alergias.
Su almuerzo, y solo el suyo.
Balón o juegos propios
El dueño decide quién juega, y ya hay conflicto.
El material común. Si quiere aportar algo, que lo hable con su monitor.
Criterio de oficio. Qué está permitido y qué no lo decide cada organizador: léelo en su información o pregúntalo.
El móvil merece párrafo aparte
Es el objeto que más dudas trae a partir de cuarto o quinto de Primaria y, sobre todo, en los campamentos de adolescentes. Cada organizador tiene su norma: hay quien no los admite, quien los recoge al entrar y quien los deja para un rato concreto. Antes de decidir en casa, entérate de cuál es la del tuyo.
Como objeto, el móvil reúne todo lo que hemos dicho: es caro, es frágil, no se lleva bien con el agua ni con las carreras, y deja a su dueño pendiente de dónde lo ha puesto. A eso se añade lo que hace con el grupo, que es sacar a un niño del juego aunque esté sentado en medio.
Si lo que te preocupa es poder localizarle, eso ya está resuelto: el campamento tiene tus teléfonos y tú tienes el suyo. Si pasa algo, llaman ellos. Los relojes con llamadas y localización plantean lo mismo y conviene consultarlos igual.
Lo que no va por seguridad
Aquí no hay excepciones ni «depende». Si aparece en una mochila, lo habitual es que el equipo lo retire y lo devuelva a la familia.
Medicamentos sueltosNi «por si acaso». Si necesita uno, se entrega en mano a un adulto: lo explicamos en cómo entregar una medicación.
Objetos que cortan o pinchanNavajas, tijeras de casa, herramientas. Si una actividad necesita alguna herramienta, la pone y la maneja el equipo.
Mecheros, cerillas y petardosAparecen sobre todo en campamentos de mayores y en pernoctas.
Envases de cristalBotellas y tarros se rompen en un patio. Para el agua y el almuerzo, materiales que aguanten una caída.
Comida para compartir, sin avisarPor las alergias. Si quiere celebrar su cumpleaños allí, pregunta antes cómo se hace.
Y lo que, sin ser un problema, solo pesa
Queda un tercer grupo, el de las cosas inofensivas que no se van a usar. El estuche completo, cuando las pinturas ya están allí. Tres mudas para una mañana. Un paraguas en julio. La toalla de playa los días sin agua. Un libro gordo en una jornada sin un rato para leer.
Ninguna hace daño, pero todas van a la espalda de un niño durante cinco horas, y todas hay que apartarlas para llegar a la botella. Se detectan vaciando la mochila con él el lunes por la tarde: lo que vuelve sin tocar, el martes no va. La lista de lo que sí se usa cada día está en la lista, según el campamento.
Las excepciones que tienen sentido
El objeto que le da seguridad
Un niño pequeño que se estrena puede necesitar algo suyo: un muñeco pequeño, un pañuelo. Suele bastar con que esté en la mochila; rara vez sale. Avisa a su monitor de que lo lleva y de para qué, y elige uno que no sea el único e irremplazable. Con los días deja de pedirlo. Lo que ayuda a un niño que lo pasa mal al separarse está en echar de menos.
Lo que necesita por una razón médica o de apoyo
Gafas, audífonos, un comunicador, unos auriculares que le aíslan del ruido. No son «cosas de casa»: son parte de él. Cuéntalo en la inscripción, marca lo que se pueda marcar y explica al equipo cómo se cuida.
Lo que pide el propio campamento
A veces la actividad pide traer algo: una camiseta vieja para pintar, una linterna para la velada, un disfraz el día temático. Eso sí va, y conviene que vaya con nombre.
Si, aun así, aparece en la mochila
Pasa. Los niños son buenos metiendo cosas a última hora. Cuando un monitor encuentra algo que no debería estar, lo habitual es guardarlo y devolverlo a la salida, con dos frases a quien recoge. Sin drama y sin reprimenda delante de los demás.
Si el objeto ha dado lugar a una discusión, se trata como cualquier otro conflicto entre niños. En nuestros campamentos eso significa hablarlo en un sitio tranquilo y en privado, con los implicados. Cómo trabajamos esa parte está en peleas, burlas y acoso.
Y si algo se ha perdido o se ha roto, dilo cuanto antes. Lo que más ayuda a que vuelva es que llevara nombre: cómo marcar la ropa y las cosas.
Dudas sobre lo que se queda en casa
¿Puede llevar el móvil al campamento?
Depende de las normas de cada organizador: consúltalas antes. Como objeto es caro, frágil y fácil de perder, y para cualquier aviso el campamento ya tiene los teléfonos de la familia.
¿Y un peluche, si es pequeño y es su primera vez?
Tiene sentido si le da seguridad. Que sea pequeño, que no sea irremplazable, y avisa a su monitor de que lo lleva.
¿Tiene que llevar dinero?
En un campamento urbano, no. Si alguna actividad lo requiere, el organizador lo avisará y dirá cómo entregarlo.
¿Puede llevar algo para invitar por su cumpleaños?
Pregunta antes. Por las alergias, muchos campamentos tienen una manera concreta de celebrarlos, y es mejor seguirla que presentarse con una bolsa de chucherías.
¿Qué pasa si lleva algo que no está permitido?
Lo habitual es que el equipo lo guarde y lo devuelva a la familia a la salida, explicando el motivo.