Familias · 7 de 8

El verano con los abuelos: cómo se prepara el relevo

Cuando un niño llega a un campamento, la monitora que lo recibe lleva una hoja con su nombre, sus alergias, tres teléfonos y quién puede venir a buscarlo. Cuando ese mismo niño se va quince días al pueblo, lo normal es que viaje con una maleta y un «pórtate bien». Los abuelos saben criar de sobra. Lo que les falta casi siempre es esa hoja.

7 min de lecturaPor el equipo de AZ Futura

Niños y adultos hacen ejercicio sobre esterillas en el césped de un parque

Es un relevo, y los relevos se preparan

En muchas casas las abuelas y los abuelos cubren las semanas de verano que no cubre nadie más. Suele organizarse con una llamada y una fecha, porque hay confianza y porque siempre se ha hecho así. Y casi siempre sale bien.

Aun así, piénsalo desde su lado. Van a tener a su cargo, durante días, a un niño que ha cambiado desde la última vez: come otras cosas, duerme a otra hora, tiene una alergia nueva o un miedo nuevo, sabe nadar o cree que sabe. Nadie les ha dado el parte. En nuestro trabajo cuidamos mucho los cambios de manos, y por eso no empezamos un turno sin la lista delante.

Preparar el relevo es darles la misma información que le darías a cualquier persona que fuera a cuidar de tu hijo. Estos, además, le quieren.

La hoja que se queda en la nevera

Es la que lleva cada monitor de nuestros campamentos, adaptada a una casa. Un folio, escrito a mano o impreso, a la vista de todos.

  • Alergias e intoleranciasCon nombre y apellidos: a qué, qué le pasa y qué no puede comer ni tocar. «Ya lo sabe la abuela» no vale: lo tiene que saber también el tío que viene el domingo.
  • MedicaciónQué toma, cuánto y a qué hora, tal como lo ha indicado su pediatra, y dónde está guardada. Si puede necesitar algo de urgencia, que sepan usarlo antes de que te vayas.
  • TeléfonosLos vuestros, el de otra persona de confianza por si no contestáis, y el centro de salud del sitio donde van a estar. Para una urgencia, el 112.
  • DocumentosSu tarjeta sanitaria y, si viajan, su documento de identidad. En el mismo sobre que la hoja.
  • Quién más puede llevárseloSi un vecino lo va a recoger de la piscina o una tía lo va a llevar al pueblo de al lado, que los abuelos lo sepan por vosotros.
  • Qué sabe hacer soloSi nada de verdad o solo donde hace pie, si cruza solo, si se ducha solo. De un verano a otro esto cambia más que la talla.
  • Sueño y comidaA qué hora suele dormirse, si lleva algo a la cama, qué no le sienta bien por la noche.
  • Lo que le calmaEl cuento, la canción, la frase que funciona cuando echa de menos su casa. Sobre todo la primera noche.

Pocas normas en la maleta, y esas, firmes

La Asociación Española de Pediatría, en su página sobre normas y límites, da dos pistas que vienen a medida. La primera: pocas normas, pero claras; mejor cuatro o cinco importantes que veinte imposibles de cumplir. La segunda está en su lista de errores frecuentes, donde aparece la falta de coordinación entre cuidadores1.

De las dos sale la receta para el verano con los abuelos. No hace falta que su casa funcione como la tuya, y sería raro que lo hiciera: parte de lo que tu hijo se lleva del pueblo es descubrir que hay otra manera de hacer las cosas. Basta con elegir las tres o cuatro cosas que para vosotros no se mueven, contárselas bien claras y soltar el resto.

Y contárselas a ellos, no al niño delante de ellos. Un «en casa de los abuelos se hace lo que digan los abuelos, menos estas tres cosas» dicho por los padres antes de salir evita la mitad de las discusiones de agosto.

Lo que viaja con el niño y lo que decide la casa

Un reparto de ejemplo. La columna de la izquierda es corta a propósito.

Qué se mantiene igual y qué deciden los abuelos
Se mantiene igual que en casaLo decide quien cuida
SaludAlergias, medicación, crema y gorra, la silla del coche.Si hoy se baña por la mañana o por la tarde.
AguaUn adulto mirando siempre que haya piscina, río o playa.A qué piscina se va y cuánto rato.
SueñoUna hora de acostarse aproximada los días normales.La noche de la verbena, la siesta, el desayuno tardío.
PantallasLas dos o tres reglas que hayáis pactado: por ejemplo, ninguna en la mesa.La película de después de comer, si entra en el tiempo acordado.
ComidaLo que no puede comer.Todo lo demás, incluidos los helados.

Ejemplo de organización familiar, no una pauta. Cada casa elige qué va en la primera columna; cuanto más corta, mejor se cumple.

Las tres cosas que sí hay que hablar despacio

El pueblo y la playa tienen lo mejor del verano y también sus tres riesgos serios. Aquí ya no hablamos de estilos de crianza, y los pediatras son muy concretos.

El agua

La AEP explica que el mayor número de ahogamientos infantiles ocurre en los meses de verano y que la medida más eficaz es la supervisión constante de un adulto, sin distracciones como el móvil o una conversación. Añade que saber nadar o llevar flotador no elimina el riesgo, que no deben ser otros menores quienes vigilen y que los niños pequeños pueden ahogarse en muy poca agua, por lo que cubos y piscinas hinchables se vacían después de usarlos2. Con los más pequeños, los pediatras piden tenerlos siempre al alcance del brazo3. Si en la casa hay piscina, alberca o un río cerca, esta es la conversación más importante de todas.

El calor

Beber a menudo, estar en sitios frescos y no hacer deporte al sol en las horas centrales del día, de 12 a 16 horas. Sombrero, sombra y crema de factor 50 media hora antes de salir. Y no dejar a un niño esperando dentro del coche ni unos minutos4. En muchos pueblos la costumbre de la siesta ya resuelve la mitad.

El coche

La AEP lo recuerda cada verano: al desplazarse con un niño, siempre correctamente sujeto con su dispositivo de seguridad3. Si los abuelos van a conducir con él, la silla viaja con el niño y se deja instalada y probada antes de irse, aunque sea para ir a la panadería.

Mientras está allí

Acordad cuándo se llama. Una llamada corta a una hora fija va mejor que cinco repartidas por el día, que interrumpen al niño y ponen a los abuelos en examen. Nuestro criterio: mejor a media tarde, cuando está entretenido, que a la hora de acostarse, que es cuando más se acuerda de casa.

Que eche de menos su casa los primeros días es lo esperable en un niño que duerme fuera. Ayuda, y mucho, que los abuelos lo sepan de antemano y tengan a mano lo que le calma, que para eso está en la hoja.

Y a la vuelta, da las gracias con detalle. A él pregúntale qué ha aprendido a hacer: muchas veces vuelve sabiendo algo que en casa no le dejabais intentar.

Preguntas frecuentes

¿Qué tengo que dejarles a los abuelos cuando se quedan con los niños?

Una hoja con alergias, medicación y su pauta, teléfonos de contacto, quién más puede recogerle y lo que sabe hacer solo. Además, la tarjeta sanitaria y la silla del coche instalada.

¿Tienen que seguir las mismas normas que en casa?

No todas. La Asociación Española de Pediatría recomienda pocas normas y claras, y señala la falta de coordinación entre cuidadores como un error frecuente. Elegid tres o cuatro que no se mueven y dejad el resto a su criterio.

¿Cuántos días seguidos pueden quedarse con los abuelos?

No hay una cifra. Depende de la edad del niño, de la salud y las ganas de los abuelos y de si hay más adultos cerca. Preguntádselo a ellos y, si es mucho tiempo, partidlo en tramos.

¿Qué es lo más importante si hay piscina?

Que un adulto vigile siempre, sin móvil y sin distracciones, y que a los pequeños se les tenga al alcance del brazo. Los pediatras recuerdan que saber nadar o llevar flotador no elimina el riesgo.

De dónde salen los datos

  1. 1 Asociación Española de Pediatría, En Familia: «Normas y límites en la infancia actual». Ver la fuente
  2. 2 Asociación Española de Pediatría, En Familia: «Ahogamientos en la infancia: un riesgo silencioso y prevenible». Ver la fuente
  3. 3 Asociación Española de Pediatría, En Familia: «Las vacaciones han llegado». Ver la fuente
  4. 4 Asociación Española de Pediatría, En Familia: «Olas de calor: consejos». Ver la fuente

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