Segunda semana de julio, once y cuarto de la mañana. Lleva diez días de vacaciones, tiene una habitación llena de cosas y acaba de anunciar desde el pasillo que no hay nada que hacer. La tentación es contestar con un plan o con una pantalla. Hay una tercera respuesta, más barata, que es la que usamos nosotras cuando un grupo entero nos mira con esa cara.
6 min de lecturaPor el equipo de AZ Futura
Los pediatras lo ponen en la lista de lo necesario
La Asociación Española de Pediatría menciona el aburrimiento en un sitio inesperado: su página sobre tiempo de ocio y actividades extraescolares. Cuando explica qué no hay que olvidar al organizar el cuidado de los niños fuera de la escuela o en vacaciones, la primera condición es que tengan tiempo para jugar y que la supervisión de los cuidadores no se convierta en una planificación continua. Y la última, que tengan tiempo para descansar, «lo que puede implicar no hacer nada, o “aburrirse”, que puede ser una actividad muy necesaria»1.
El mismo texto dice otra cosa que merece leerse despacio. Un niño con la agenda llena apenas tiene rato para jugar con sus cosas o con sus amigos, y se queda sin la posibilidad de organizar él mismo sus propias actividades, «algo que puede ser tan educativo como una actividad programada decidida por los padres».
En otra página, la dedicada al juego, la AEP afirma que los niños que cuentan con suficientes momentos para jugar libremente crecen más saludables y desarrollan más sus capacidades, y describe el papel del adulto con una frase precisa: proporciona las oportunidades apropiadas para que el niño pueda jugar en situaciones seguras y estimulantes, con otros niños, con materiales interesantes, en los parques2. Proporciona oportunidades. No dice que dirija el juego.
Una frase, cuatro significados
Esto ya es oficio. Quien lleva grupos aprende pronto que «me aburro» casi nunca quiere decir lo mismo dos veces, y que antes de responder hay que saber cuál de estas cuatro cosas tiene delante.
A veces es otra necesidad con ese nombre. Hambre a media mañana, sueño después de una noche corta, calor. Un vaso de agua y una fruta arreglan más aburrimientos de los que parece.
A veces es soledad. Lleva tres días sin ver a nadie de su edad. Tiene qué hacer, lo que le falta es con quién. Eso no lo arregla ningún juguete, y sí una llamada a otra familia.
A veces es una petición de compañía. Quiere que estés tú. Diez minutos de atención entera, sentados en el suelo, suelen bastar para que después siga solo.
Y a veces es exactamente lo que dice: no se le ocurre nada. Ese es el aburrimiento del que hablan los pediatras, y el único que es mejor no resolverle.
Antes de contestar, cuatro comprobaciones
En este orden. Las tres primeras se resuelven en un minuto; la cuarta pide paciencia.
Del «me aburro» al juego
1
¿Tiene hambre, sueño o calor?Mira el reloj antes que la estantería de los juguetes.
Arregla eso primero. Lo demás se suele ir solo.Sigue.
2
¿Ha jugado con otro niño estos días?En agosto, con el barrio vacío, pueden pasar muchos sin que nadie se dé cuenta.
Sigue.Busca compañía: un vecino, un primo, una tarde de parque a la hora en que hay gente.
3
¿Te necesita a ti un rato?Si lleva la mañana viéndote trabajar, puede que sí.
Diez minutos con él, sin móvil. Luego te vas.Sigue.
4
¿Hay algo a mano con lo que empezar?Material, no un plan. Unas cajas, cuerda, tizas, una mesa despejada.
Di «seguro que se te ocurre algo» y espera.Saca dos o tres cosas, déjalas a la vista y retírate.
Criterio de oficio, sin más respaldo que el de haberlo probado con muchos grupos. No sustituye a ninguna valoración profesional.
El rato malo dura menos de lo que parece
Lo difícil del último paso es el tramo de después. Protesta, se tira en el sofá, te sigue por la casa, vuelve a decirlo. Es incómodo y dan ganas de arreglarlo. En un campamento lo conocemos bien: es el silencio raro que hay justo después de decir «tenéis un rato libre», cuando un grupo todavía no sabe qué hacer con él.
Si se aguanta, suele pasar algo. Alguien coge una cuerda, otro apila unas cajas, dos empiezan a discutir las reglas de un juego que no existía un minuto antes. No ocurre siempre ni con todos los niños, y no vamos a ponerle una cifra de minutos que nos estaríamos inventando. Lo que sí hemos visto es que no ocurre nunca si un adulto llena antes el hueco.
Aguantar no quiere decir desentenderse. Estás cerca, a lo tuyo, disponible si te enseña algo y sin proponer nada. La frase que mejor funciona es corta y se dice con tranquilidad: «no pasa nada por aburrirse un rato».
Lo que tenemos siempre en el almacén
Son cosas que no hacen nada por sí solas, y por eso sirven: el juego lo tiene que poner el niño. Casi todas están ya en tu casa.
Cuerda y pinzasCon una cuerda se salta, se ata, se tiende una sábana y se monta una cabaña. Las pinzas hacen el resto.
Cajas de cartónUna grande es una casa, un barco o un coche durante días. Varias pequeñas son una ciudad.
TizasPara la acera, el patio o la terraza: una rayuela, una carretera, un circuito. Se borra con agua.
Papel, lápices, tijeras y cinta adhesivaEn una caja propia y siempre en el mismo sitio, para que no tenga que pedirlos.
Una pelota y un cuboEn verano, además, agua. Con un cubo, una esponja y un vaso hay para una tarde.
Una baraja y un juego de mesaPara cuando sí hay alguien con quien jugar. La baraja cabe en cualquier maleta.
Ropa vieja para disfrazarseUna bolsa con sombreros, pañuelos y camisas grandes. No hace falta que sean disfraces.
Libros y cómics a la vistaEn el salón, no en una estantería alta. Se lee lo que se tiene delante.
Cuándo deja de ser aburrimiento
Un niño que se aburre a ratos en vacaciones está pasando un verano normal. Otra cosa es que lleve semanas apagado, que haya dejado de interesarle lo que antes le gustaba o que no quiera ver a sus amigos. Eso ya no es asunto de cuerdas y cajas, y no nos corresponde a nosotras interpretarlo: es para contárselo a su pediatra.
Y si lo que pasa es que el verano se le está haciendo largo porque en casa no hay nadie de su edad, puede que le falte grupo. Ideas para llenar el día están en Qué hacer con los niños en verano, y lo que organizamos nosotras, en la página de campamentos.
Preguntas frecuentes
¿Es bueno que los niños se aburran?
La Asociación Española de Pediatría incluye entre lo que necesitan los niños tener tiempo para descansar, «lo que puede implicar no hacer nada, o “aburrirse”, que puede ser una actividad muy necesaria», y tiempo de juego sin organizar.
¿Qué le contesto cuando dice «me aburro»?
Comprueba primero si tiene hambre, sueño o calor, si lleva días sin ver a otros niños o si necesita un rato contigo. Si no es nada de eso, deja material a la vista, dile que seguro que se le ocurre algo y espera.
¿Tengo que jugar yo con él todo el tiempo?
No. La AEP describe el papel del adulto como el de quien proporciona oportunidades para jugar en situaciones seguras y estimulantes. En nuestra experiencia, un rato de atención entera y después dejarle a lo suyo funciona mejor que estar siempre a medias.
¿Y si solo quiere la tableta?
Que la pantalla tenga un rato pactado en el día y no sea la respuesta al aburrimiento. Los pediatras recomiendan evitar usarla como entretenimiento de recurso y planificar actividades sin pantallas a diario.
De dónde salen los datos
1 Asociación Española de Pediatría, En Familia: «Tiempo de ocio y actividades extraescolares». Ver la fuente
2 Asociación Española de Pediatría, En Familia: «El juego y los juguetes». Ver la fuente
3 Asociación Española de Pediatría, Comité de Promoción de la Salud: Plan Digital Familiar (recomendaciones generales para la familia y de 0 a 6 años). Ver la fuente