No hay un número correcto, pero sí cuatro cosas que ponen el techo: el sitio, los adultos que van a estar, la edad y cómo es el niño que cumple. Con las cuatro delante, la cifra sale casi sola.
5 min de lecturaPor el equipo de AZ Futura
La regla de «los años que cumple, más uno»
Es la que más se repite: cuatro años, cinco invitados; siete años, ocho. No sale de ningún estudio; es una regla de andar por casa. Ha sobrevivido porque en algo acierta: cuanto más pequeños son, menos compañía aguantan.
Para los tres, cuatro y cinco años es un buen punto de partida. A partir de los siete se queda corta, porque a esa edad un grupo de quince niños juega mejor por equipos que uno de seis. Y a los once vuelve a acertar por otro motivo: son ellos los que prefieren ser pocos.
Tómala como lo que es, una primera cifra para empezar a hablar. Lo que la corrige son las cuatro cosas que vienen ahora.
Cuatro cosas que ponen el techo
El número que sale de aquí es un máximo. Por debajo, cualquiera vale.
El sitioEn un salón caben los que pueden sentarse en corro en el suelo despejado, que suelen ser entre seis y diez. Un parque admite muchos más. Un local te dice su aforo, y a veces también un mínimo.
Los adultosCuenta los que van a estar pendientes de los niños de verdad, sin otra tarea. Una persona sola puede llevar un juego con diez o doce niños de Primaria; con niños de tres y cuatro años hacen falta muchas más manos, y por eso se quedan los padres.
La edadCuanto más pequeños, menos y más conocidos. A partir de los siete, el grupo grande deja de dar problemas y empieza a ser parte de la diversión.
El cumpleañeroHay niños que disfrutan con veinte invitados y otros a los que seis ya les parecen muchos. Él no lo va a decir así, pero sus padres lo saben. Su fiesta tiene que ser de su talla.
Una orientación por edades
Las franjas en las que un cumpleaños suele ir cómodo. Fuera de ellas también hay fiestas estupendas; solo piden más sitio y más adultos.
Invitados con los que suele funcionar, según los años que cumple
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3 y 4 años
cada uno con un adulto
5 y 6 años
ya se quedan solos
7 a 9 años
por equipos
10 a 12 años
los eligen con lupa
Criterio de oficio, no un dato científico. El cumpleañero no cuenta como invitado, y los hermanos que vienen, sí.
La cuenta que casi nadie hace bien
Invitados no es lo mismo que asistentes. De los que invitas, alguno no podrá venir, y eso solo se sabe si la invitación pide confirmar con una fecha. Si reservas el local o compras la merienda con la lista de invitados y no con la de confirmados, o tiras el dinero o te quedas corto. Si a dos días de la fecha falta alguien por contestar, se le pregunta sin apuro.
Los hermanos. Pregunta si vienen. Un hermano pequeño que acompaña es un invitado más en la mesa y un adulto menos disponible; un hermano mayor puede ser una ayuda si se le da un papel.
Los adultos también ocupan. Con niños de tres y cuatro años, seis invitados son doce o trece personas en la casa. El salón que servía para diez niños ya no sirve.
El número impar. Para jugar por equipos o por parejas da igual: quien lleva el juego se apunta o hace un equipo de tres. Por cuadrar la cifra no merece la pena invitar ni dejar de invitar a nadie.
Pocos o muchos: dos fiestas distintas
El número cambia el tipo de fiesta más que cualquier temática.
Lo que cambia entre un grupo pequeño y uno grande
Hasta ocho
De quince en adelante
A qué se juega
Todos juntos. Caben un taller, un juego de mesa gigante o una búsqueda del tesoro en un solo grupo.
Por equipos. Hacen falta juegos que funcionen con mucha gente y alguien con voz y oficio para llevarlos.
El cumpleañero
Está con todos sus invitados y juega con cada uno.
Es fácil que pase la tarde con sus tres amigos de siempre y casi no vea al resto.
Los adultos
Bastan dos, con el trabajo repartido.
Tres o cuatro, y uno de ellos pendiente solo de la puerta o del límite del parque.
La merienda
En una mesa, todos sentados a la vez.
Varias mesas o un mantel largo en el suelo, y más tiempo para servir.
El sitio
Una casa.
Un parque o un local.
Criterio de oficio. Entre ocho y quince se está en tierra de nadie: demasiados para un salón y pocos para llenar un parque. Suele decidir el sitio.
Cómo se recorta una lista sin hacer daño
Cuando la lista del cumpleañero no cabe, el recorte se hace con él y con un criterio que se pueda decir en voz alta. «Los ocho con los que más juegas» es un criterio. «Todos menos tres» no lo es, y los tres que se quedan fuera lo van a saber.
Ayuda preguntarle con quién juega en el recreo, que es más fiable que preguntarle quién es su amigo: la segunda respuesta cambia cada semana. Y ayuda proponerle un plan distinto en vez de una fiesta más pequeña: «este año invitas a cinco y hacemos una noche de pizzas y película» se acepta mejor que «solo pueden venir cinco».
Si el grupo natural es su clase casi entera, la decisión ya es otra, y tiene página propia: invitar a toda la clase.
Y si lo que limita es el salón, quizá la respuesta sea cambiar de sitio y dejar la lista como está. En Un cumpleaños que funciona comparamos casa, parque y local.
Preguntas frecuentes
¿Cuántos niños se invitan a un cumpleaños de 5 años?
Entre cinco y diez suele ir bien: ya juegan juntos y la mayoría se queda sin sus padres. Si es en casa, manda el salón.
¿Es obligatorio invitar a los hermanos de los invitados?
No, pero conviene preguntar si van a venir, porque muchas familias no tienen con quién dejarlos. Si vienen, cuentan para la merienda y para el espacio.
¿Qué hago si confirman muy pocos?
Seguir adelante. Un cumpleaños con cuatro invitados puede ser el mejor si el plan está pensado para cuatro: un taller, una búsqueda del tesoro, una merienda larga. Lo que falla es mantener un plan de veinte con cinco.
¿Y si mi hijo quiere invitar a más niños de los que podemos?
Decirle el número antes de que empiece a nombrar, y que elija él dentro de ese tope. Elegir le cuesta menos que ver cómo le tachan nombres.