Es la pregunta que más se hace en el grupo de padres de la clase en mayo. Siendo honrados, las dos opciones funcionan y cada una tiene su pega. Mejor conocerla antes de decidir.
5 min de lecturaPor el equipo de AZ Futura
Un amigo resuelve los primeros diez minutos
Ir con alguien conocido arregla el momento más difícil del primer día, que es cruzar la puerta. Dos niños que entran juntos se sientan juntos, buscan juntos el baño y se ríen de lo mismo. A un niño al que le cuesta arrancar le quita mucho peso.
Lo que un amigo no garantiza es el resto de la semana. Hacia el miércoles, lo que decide si un niño está a gusto es el grupo entero: si le pasan el balón, si tiene sitio en el corro, si su monitor le conoce. Y ahí el amigo de casa puede ayudar o puede estorbar.
Las dos opciones, con sus pegas
Ninguna es mejor en general. Depende de cómo sea tu hijo y de cómo sea la pareja.
Qué pasa en cada caso
Va con un amigo
Va solo
La puerta
Fácil. Entran hablando.
Es el rato que más cuesta. Dura poco si hay un adulto que le recibe.
El primer recreo
Tiene con quién almorzar desde el minuto uno.
Mira alrededor y se suma a un juego ya empezado, o espera a que le inviten.
A mitad de semana
Riesgo de que la pareja se cierre y no juegue con nadie más.
Suele tener dos o tres nombres nuevos.
Si se enfadan
El enfado de casa se viene al campamento, y al revés.
Un mal rato con un niño no le estropea el grupo.
Si el amigo falta
El día que el otro no va, vuelve a ser el primer día.
No le afecta.
Lo que se lleva
Un verano compartido con alguien de su vida diaria.
Amigos que no son del colegio, y saber que es capaz.
Es lo que vemos en los grupos, no una regla: hay parejas que abren el juego a todos y niños que solos lo pasan mal toda la semana.
Antes de apuntarles juntos, mira en qué curso están
Muchas familias coordinan semanas con otra familia dando por hecho que los niños estarán juntos toda la mañana. No siempre es así, y mejor enterarse antes de contárselo a ellos.
En nuestros campamentos los grupos se forman por curso escolar, de diez niños por monitor. Dos amigos del mismo curso tienen muchas papeletas para coincidir. Dos amigos de cursos distintos estarán en grupos distintos: el vecino de tercero y la vecina de primero se verán en la acogida, en el patio y en los juegos grandes, pero harán sus actividades por separado.
Si a tu hijo le importa mucho coincidir con alguien de su curso, dilo al inscribirle o pregúntaselo a la coordinación antes de empezar. No siempre se puede atender, porque los grupos tienen que salir equilibrados, pero es mejor pedirlo a tiempo que descubrirlo el lunes en la puerta. Y a los niños no se lo prometas hasta saberlo.
Hermanos: juntos en la puerta, separados dentro
Con los hermanos pasa lo mismo, y suele ser una buena noticia. Entran y salen juntos, lo que al pequeño le da seguridad, y dentro cada uno tiene su grupo, su monitor y sus amigos. El mayor descansa de hacer de mayor y el pequeño deja de ir a remolque.
Eso sí, mejor no encargarle al mayor que «cuide» del pequeño, que para eso está el equipo. Un niño de nueve años que pasa el recreo vigilando a su hermana no está en su campamento.
Con gemelos y mellizos, que van al mismo curso, lo de juntarlos o no ya lo habréis hablado en el colegio: contad en la inscripción qué preferís y por qué.
Qué se encuentra el que llega solo
El miedo de las familias es la imagen del niño plantado en una esquina del patio. Un campamento organizado tiene varias piezas pensadas justo para que eso no ocurra.
La mañana empieza con rincones: una mesa con pinturas, juegos de mesa, libros, juego simbólico y algo de deporte fuera. El que llega solo no tiene que «entrar en un grupo». Se sienta a hacer algo y al lado hay otro haciendo lo mismo. La asamblea sigue con juegos de presentación, que existen para aprenderse los nombres. Y en los juegos de la primera mañana nadie tiene que buscar pareja por su cuenta, porque los equipos los hace el monitor.
Además, el primer día casi nadie conoce a casi nadie. En un campamento coinciden niños de varias clases y, muchas veces, de varios colegios. Tu hijo es un nuevo más entre muchos nuevos.
Cuatro preguntas para decidirlo
¿Cómo entra en los sitios nuevos?Si se bloquea en la puerta, un amigo la primera semana es una buena ayuda. Si entra bien, no lo necesita.
¿Cómo es esa amistad?Dos que se llevan bien y juegan con otros, adelante. Si uno manda siempre y el otro obedece, quizá le venga mejor un verano por su cuenta.
¿Coinciden de verdad?Mismo curso, mismas semanas y mismo horario. Si falla alguna de las tres, lo de «ir juntos» se queda en la puerta.
¿Lo decide él?A partir de cierta edad, pregúntaselo. Hay niños que prefieren ir solos y no se atreven a decirlo para no quedar mal con el amigo.
Una salida intermedia
Si no os decidís, hay un arreglo que suele ir bien, que es coincidir con el amigo la primera semana y dejar las siguientes abiertas. El amigo le ayuda a entrar y del resto del verano ya se encarga el grupo que conoce.
Puedes pedirlo, y cuanto antes mejor. Si son del mismo curso hay margen; si son de cursos distintos, no, porque los grupos se forman por curso. Pregunta antes de prometérselo.
¿Los hermanos van en el mismo grupo?
Si son de cursos distintos, cada uno va al suyo. Entran y salen juntos y coinciden en los momentos comunes.
Va solo y es tímido, ¿se quedará apartado?
La mañana está montada para que no pase: rincones a la llegada, juegos de nombres y equipos hechos por el monitor. Avisa a la coordinación de que le cuesta arrancar, para que estén atentos los primeros recreos.
¿Y si su amigo se da de baja a última hora?
Díselo con naturalidad antes del lunes, no en la puerta. Recuérdale que el primer día casi todos llegan sin conocerse.
¿Hará amigos en una sola semana?
Cinco mañanas dan para bastante, y hacia el miércoles lo normal es que ya nombre a alguien en casa. Que esas amistades sigan después depende de si vuelven a coincidir.