Campamentos · 2 de 10

Si no quiere ir, o le da miedo

«No quiero ir» es una frase muy corta para todo lo que puede llevar dentro. Antes de convencerle hay que enterarse de qué está diciendo.

6 min de lecturaPor el equipo de AZ Futura

Una monitora y un niño, de rodillas uno frente a otro, juegan con una pelota amarilla

Lo raro sería que no dijera nada

Le estás proponiendo pasar la mañana en un sitio que no ha visto, con adultos que no conoce y niños que no ha elegido. Un adulto en esa situación también pondría pegas, solo que las llamaría de otra manera.

La Asociación Española de Pediatría explica que el miedo, la intranquilidad o incluso el dolor de barriga ante una situación nueva o estresante son una respuesta normal1. Que tu hijo proteste la semana antes no anuncia que el campamento vaya a ir mal. En la puerta vemos cada verano a niños que el domingo no querían venir y el viernes no quieren irse.

Aun así, un «no quiero» merece una conversación. Convencerle es lo de menos. Lo que sirve es averiguar qué le preocupa, porque casi siempre es algo pequeño y concreto que tiene respuesta.

Seis miedos distintos con la misma frase

Pregúntale qué es lo peor que cree que puede pasar. La respuesta suele estar en esta tabla.

Lo que dice, lo que quizá le pasa y qué contestar
Lo que puede haber detrásQué ayuda
«No conozco a nadie»Le asusta el momento de entrar: un grupo ya formado y él en la puerta.Contarle que el primer día nadie se conoce y que la mañana empieza con rincones de juego y juegos de nombres.
«¿Y si no vienes?»Miedo a que nadie le recoja o a no saber cuándo se acaba.Una hora exacta y una persona concreta. Y cumplirlo al minuto la primera semana.
«No me gusta»No sabe qué se hace allí y rellena el hueco con lo peor.Enseñarle la programación o las fotos del sitio. Lo que se puede imaginar asusta menos.
«Me voy a aburrir»Frecuente en los mayores: teme que sea «de pequeños».Explicarle que los grupos van por curso y que los mayores hacen otras cosas.
«Me duele la tripa»Nervios que salen por el cuerpo, sobre todo la víspera.Tomárselo en serio sin convertirlo en motivo para no ir. Si se repite muchos días, a su pediatra.
No dice nada, pero se le notaVergüenza, o algo que pasó en otro sitio: una burla, un monitor que le riñó.Preguntar sin prisa, en un rato tranquilo. Y, si aparece algo, contárselo a la coordinación antes del primer día.

Darle la razón sin darle la baja

Hay dos respuestas que salen solas y no funcionan. Una es quitarle importancia: «pero si te va a encantar». La otra es negociar: «si no te gusta, te saco». Con la primera se queda solo con su miedo, y con la segunda entiende que quizá haya motivos.

La AEP propone otra cosa para las emociones intensas de los niños: entender su punto de vista aunque no se comparta, aceptar lo que siente y ayudarle a ponerle nombre, porque sentirse comprendido por alguien querido es el principio de calmarse2. Traducido a la cocina de casa: «Te da cosa porque no conoces a nadie. Es normal, a mí también me pasa cuando voy a un sitio nuevo».

Y después, sin cambiar de tono, la parte que no se discute: vas a ir, yo te llevo y yo te recojo. Se puede aceptar el miedo y mantener el plan a la vez. La misma asociación recuerda que los niños aprenden a manejar sus emociones mirando a quienes les cuidan2; si te ve con la decisión tomada y sin titubeos, tiene medio camino hecho.

Cinco cosas que le quitan hierro

  • Ver el sitio antesPasar por la puerta, asomarse al patio desde la verja. Si es su propio colegio, mejor todavía: ya sabe dónde está el baño.
  • Saber el orden del díaEntrar, jugar, almorzar, otro juego, y vienes tú. Cuatro pasos que pueda repetir.
  • Tener una tarea suyaPreparar la mochila, elegir el almuerzo, llevar su botella. Así tiene algo que es cosa suya.
  • Conocer un nombreEl de su monitor o el de la persona de la puerta, en cuanto lo sepáis. Entrar buscando a alguien es más fácil que entrar sin más.
  • Un plazo cortoUna semana es abarcable. «Todo el verano» da vértigo a cualquiera.

El niño tímido no necesita que le empujen

El niño tímido que vemos en los campamentos rara vez está asustado. Tarda más en entrar, nada más. Necesita mirar primero, entender cómo funciona el juego y sumarse cuando ya sabe las reglas. Lo que peor le sienta es justo lo que más se hace con él: presentarle a voces, obligarle a decir su nombre delante de todos o anunciar «es que es muy tímido» con él delante.

En un campamento hay varias cosas que le vienen bien. La llegada con rincones le permite sentarse a dibujar al lado de otros sin tener que hablar todavía. Los grupos de diez son lo bastante pequeños para que no se pierda. Y los juegos del primer día están pensados para que nadie tenga que salir solo al centro.

Lo que sí puedes hacer es contarlo. Una línea en las observaciones de la inscripción, o treinta segundos con la coordinación el primer día: «le cuesta arrancar, pero si le dais un encargo se suelta». Con esa pista, un monitor sabe qué hacer. Si la timidez te preocupa también durante el curso, tenemos un artículo aparte sobre extraescolares para niños tímidos.

Y si el lunes se planta

Puede pasar aunque lleve una semana ilusionado. Esa mañana ya no toca volver a discutirlo: desayuno, mochila y a la calle, con el mismo tono que un día de colegio.

En la puerta, entrégaselo a un adulto. Dile a la coordinación que viene nervioso y ya está, no hace falta explicar más. En nuestros campamentos esa persona no tiene grupo y puede quedarse con él el rato que haga falta o acompañarle hasta su monitor. Luego, despídete y vete. Cómo hacerlo, y qué pasa dentro después, está en echar de menos.

Si a mitad de semana sigue igual, el siguiente paso es ¿y si no se adapta?.

Dudas sobre el miedo a ir

¿Le obligo a ir si no quiere?

Si es la pega habitual ante un sitio nuevo, lo que vemos es que mantener el plan con cariño funciona: la mayoría entra el martes mejor que el lunes. Si hay mucho sufrimiento o el rechazo dura semanas, habla antes con su pediatra.

¿Le digo que si no le gusta le saco?

Mejor no prometerlo. Le das una salida que va a querer usar el martes. Puedes decirle que al final de la semana lo habláis y que su opinión contará.

¿Aviso al campamento de que tiene miedo?

Sí, y cuanto más concreto, mejor: qué le preocupa y qué le calma. Un monitor lo agradece, y cambia cómo le recibe.

¿Ayuda apuntarle con un amigo?

Ayuda a entrar por la puerta. Ten en cuenta que, si son de cursos distintos, no estarán en el mismo grupo.

Es muy tímido, ¿le harán hablar delante de todos?

Un buen equipo no fuerza eso el primer día. Los juegos de presentación se hacen en grupo, y un niño que prefiere mirar al principio puede mirar.

De dónde salen los datos

  1. 1 Asociación Española de Pediatría, En Familia. «Trastornos de ansiedad» (Sociedad de Psiquiatría Infantil de la AEP). Ver la fuente
  2. 2 Asociación Española de Pediatría, En Familia. «Acompañar la gestión emocional de la infancia». Ver la fuente

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