El primer campamento empieza bastante antes del lunes. Lo que hagas en casa las tres semanas previas pesa más que la mochila que le compres.
6 min de lecturaPor el equipo de AZ Futura
Preparar es quitar sorpresas
Un niño que va por primera vez a un campamento se enfrenta a una lista de cosas pequeñas que nadie le ha explicado: dónde se deja la mochila, cuándo se come, a quién se le pide ir al baño, qué pasa si se le cae la botella. Ninguna es grave. Juntas, y a la vez, hacen que el primer día canse el doble.
Prepararle es adelantarle las que se puedan. No hace falta un programa, basta con que el lunes haya menos cosas nuevas. El trabajo se reparte en tres frentes: lo que sabe (qué va a pasar), lo que hace (apañarse solo con sus cosas) y lo que tú dejas resuelto en los papeles.
Tres semanas, sin agobios
Se puede hacer en menos tiempo. Lo que no hay que hacer es dejarlo todo para el domingo por la noche.
Qué hacer y cuándo
Tres semanas antes
Los papelesRellena la inscripción con calma: alergias, observaciones, teléfonos que alguien coja y todas las personas que podrían recogerle. Es el momento de contar lo que el equipo debe saber.
Dos semanas antes
La noticiaCuéntaselo como un plan, con fechas y sin vender demasiado. Mirad juntos el sitio, aunque sea desde la verja.
La semana antes
Los ensayosQue abra su fiambrera, cierre la botella, se eche la crema y se ponga la gorra. Y que se acueste a la hora que tocará.
El fin de semana
La mochilaLa prepara él, contigo al lado. Marcad la ropa. Elegid el almuerzo del lunes.
La víspera
El orden del díaRepasad la mañana de principio a fin: quién le lleva, qué pasa dentro, quién le recoge y a qué hora. Y a dormir pronto.
Contárselo sin hacerle un anuncio
La tentación es vendérselo: «va a ser el mejor verano de tu vida». Sale mal por los dos lados. Si el niño tiene dudas, tanto entusiasmo le hace sospechar. Y si no las tiene, le estás poniendo el listón en un sitio al que ningún lunes de julio llega.
Funciona mejor darle información. Dónde es. A qué hora entra y a qué hora sale. Que habrá un monitor para su grupo y que los grupos son de niños de su curso. Que se almuerza a media mañana, con lo que él lleve. Que hay piscina o no la hay. Que el primer día nadie se conoce.
Deja hueco para sus preguntas, que suelen ser más prácticas que las nuestras: si puede llevar su peluche, si hay que saber nadar, si le dejarán beber agua. Las que no sepas contestar, apúntalas y pregúntalas tú al organizador. A un niño le tranquiliza mucho ver que su pregunta ha merecido una llamada.
Lo que tendrá que hacer sin ti
Un monitor con diez niños ayuda con todo, pero no puede abrir diez fiambreras a la vez. Lo que tu hijo sepa hacer solo le da tiempo de juego.
Su almuerzoAbrir y cerrar el envase, pelar la fruta, desenvolver el bocadillo. Si no puede con el cierre, cambia de fiambrera, no de niño.
Su botellaAbrirla, beber sin tirársela encima y cerrarla bien antes de meterla en la mochila.
La crema y la gorraA partir de Primaria, que aprenda a echarse la crema en cara, brazos y nuca. La primera capa, en casa antes de salir.
El calzadoSi no sabe atarse los cordones, velcro. Y que se ponga y se quite solo las chanclas o las zapatillas de agua.
El bañoPedir permiso, ir, limpiarse, lavarse las manos y volver. Si necesita ayuda con algo, dilo en la inscripción.
Reconocer lo suyoQue sepa cuál es su mochila, su toalla y su sudadera entre treinta parecidas. Marcarlo ayuda al adulto; reconocerlo es cosa suya.
El despertador también se ensaya
El campamento suele empezar justo cuando en casa se han relajado los horarios. Acostarse a las once durante dos semanas y levantarse el lunes a las siete y media es la receta de un primer día torcido, y la culpa se la lleva el campamento.
La Asociación Española de Pediatría recomienda que la hora de acostarse y la de levantarse sean aproximadamente las mismas todos los días, y que lo de antes de dormir sea tranquilo y sin pantallas que le activen1. Así que la semana previa es buen momento para ir acercando el horario al que tendrá. La víspera no arregla nada: un niño no se duerme antes porque se lo mandes.
El mismo artículo desaconseja dejar para la hora de acostarse los problemas y los planes1. El repaso del día siguiente, mejor en la cena que con la luz apagada.
Lo que dejas resuelto en la inscripción
Buena parte de la preparación se hace sin tu hijo, delante del formulario. Lo que escribas ahí es lo que tendrá delante su monitor el primer día. En nuestros campamentos cada monitor lleva la lista de su grupo con nombre, curso, alergias, observaciones, teléfonos y personas autorizadas.
El campo de observaciones es el más desaprovechado. Sirve para lo médico y también para lo que hace más fácil la mañana: «es su primer campamento», «le cuesta separarse», «no dice que tiene sed», «se orina si aguanta mucho». Con una línea así le reciben de otra manera.
Estrenarlo todo el lunes. Las zapatillas nuevas rozan y la mochila nueva no sabe abrirla. Lo que vaya a llevar, que lo haya usado antes.
Prometer premios por ir. Si hay que pagarle para que vaya, le estás diciendo que aquello es un mal trago. Otra cosa es celebrar el viernes que ha terminado su primera semana.
Hacer planes B delante de él. «Si lloras, llamo a la abuela» es una puerta abierta, y la va a empujar. Si tienes un plan B, que lo sepan los adultos.
A los pequeños, con una o dos semanas basta: más tiempo es más espera. A partir de Primaria se puede hablar antes y contar con su opinión para elegir semanas.
¿Puedo ir a ver el sitio antes?
Por fuera, siempre. Por dentro depende del organizador y del centro; si hay reunión informativa para familias, es la mejor ocasión para ver las instalaciones y poner cara al equipo.
¿Le dejo llevar un peluche o un juguete?
Pregunta primero: muchos campamentos piden que no se lleven juguetes de casa porque se pierden o se rompen. Si necesita algo suyo, que sea pequeño, que quepa en la mochila y que no sea irremplazable.
¿Qué pongo en observaciones si no tiene nada médico?
Lo que ayudaría a un adulto que no le conoce: que es su primera vez, qué le calma, qué le cuesta pedir. Rellenarlo por rellenar no sirve, pero una línea útil vale mucho.
¿Tiene que saber nadar?
Depende de si hay piscina y de cómo se organice el baño. Indica en la inscripción si sabe o no, y pregunta qué hacen los que no se bañan.
De dónde salen los datos
1 Asociación Española de Pediatría, En Familia. Artículo sobre el sueño entre los 2 y los 5 años (rutinas y horarios de sueño). Ver la fuente