Reportaje · 1 de 10

El primer campamento, contado desde dentro

La familia lo vive desde la acera: una mochila nueva, un beso rápido y cinco horas mirando el móvil. Dentro, ese mismo lunes tiene otro guion. Este es.

9 min de lecturaPor el equipo de AZ Futura

Niños con mochilas chocan las manos

El lunes en que nadie conoce a nadie

El primer día de un campamento tiene algo que desde fuera se olvida, y es que casi todos se estrenan a la vez. Para el niño que no ha ido nunca, para el que repite pero este año cambia de grupo, para la monitora que todavía tiene que aprenderse diez nombres y para la persona de la puerta, que hoy no reconoce ninguna cara.

Por eso un primer lunes bien montado se parece poco al resto de la semana. Va más despacio. Hay más adultos colocados en los sitios de paso, más juegos pensados para aprenderse los nombres y menos prisa por empezar «la actividad». Lo que buscamos ese día cabe en una frase: que a la salida cada niño sepa cómo se llama su monitor, dónde está el baño y con quién ha jugado.

Si tu hijo se estrena, esta guía recorre lo que pasa antes, durante y después de ese lunes. Cada tramo tiene su artículo, por si te interesa el detalle.

El mismo día, visto por tres personas

Muchos malentendidos del primer día salen de aquí. Cada uno está pendiente de una cosa distinta.

En qué está pensando cada uno
La familiaEl niñoEl monitor
La noche antesSi ha metido todo en la mochila y si dormirá.Quién va a estar y si tendrá que hablar delante de todos.Repasa la lista de su grupo: nombres, cursos, alergias y observaciones.
En la puertaSi se queda llorando y a quién se lo ha dejado.Dónde se pone la mochila y qué hacen los demás.Que cada niño que entra quede anotado y llegue acompañado hasta su grupo.
A media mañanaQué estará haciendo. Si habrá almorzado.El juego que tiene delante. Lo de la puerta suele quedar lejos.Quién se queda siempre al margen y quién no ha abierto el almuerzo.
A la salidaQue cuente algo. Lo que sea.Hambre, calor y pocas ganas de entrevistas.Entregar a cada uno en mano, a quien figura autorizado.

La columna del monitor describe cómo trabajamos en nuestros campamentos. Las otras dos, lo que vemos cada verano en la puerta.

Lo que se decide antes de la mochila

Mucho antes que «qué campamento», la primera duda suele ser «¿no será muy pequeño?». Un campamento urbano, de día y en su propio municipio, se parece mucho a una mañana de colegio con más patio, y por eso se puede empezar pronto: en los nuestros, desde 1.º de Educación Infantil. Dormir fuera ya es otra cosa y pide más recorrido. Lo contamos en a qué edad puede ir, con lo que cambia de una etapa a otra.

Las semanas de antes

Un niño lleva mejor lo que puede imaginar. Saber dónde es, a qué hora entra, quién le recoge y qué se come allí le quita más nervios que cualquier «te lo vas a pasar genial». También ayuda ensayar en casa lo que allí tendrá que hacer sin ti: abrir su almuerzo, cerrar la botella, ponerse la crema. El plan, por semanas, está en cómo prepararle.

Y si dice que no quiere

Pasa mucho y casi nunca tiene nada de raro. Va a un sitio que no ha visto, con gente que no conoce. Sirve averiguar a qué le tiene miedo exactamente, porque «no quiero ir» puede querer decir «no conozco a nadie», «no sé si me dejarán ir al baño» o «la otra vez me aburrí». Cada una se contesta de una manera. Lo vemos en si no quiere ir o tiene miedo.

Una monitora, de espaldas, levanta las manos frente a un grupo de niños que la imitan

En la puerta

Una despedida de medio minuto

La escena más temida del primer día dura poco y ocurre en un metro cuadrado. Un beso, un «a las dos estoy aquí» y media vuelta. Las despedidas largas, con negociación y tres abrazos de propina, le dicen al niño justo lo contrario de lo que queremos, que hay motivos para preocuparse.

Del otro lado hay alguien esperando. En nuestros campamentos la puerta la atiende la coordinación, que no tiene grupo a su cargo, y los monitores se reparten por el centro para acompañar a cada niño hasta el suyo. Nadie cruza solo un edificio que no conoce.

Hay niños que lloran en la puerta y a los diez minutos están jugando, y hay niños que entran muy serios y lo echan de menos a media mañana. Qué hace el equipo y qué puede hacer la familia lo contamos en echar de menos.

Qué tiene el primer día que no tienen los demás

El horario es el de cualquier jornada: acogida para los que madrugan, llegada, asamblea, actividad, recreo, un juego grande y cierre. Lo que cambia es para qué se usa cada rato.

La llegada se hace con rincones abiertos: una mesa para dibujar, juegos de mesa, lectura, juego simbólico y, fuera, algo con balón. Sirven para que el que entra pueda ponerse a hacer algo sin tener que presentarse a nadie. Sentarse al lado de otro niño a pintar es la forma más barata de conocerle.

La asamblea de ese día va de nombres. Canciones y juegos de presentación, las normas contadas en corto y la temática de la semana. Cada participante lleva su tarjeta de identificación con su nombre y su grupo, así que cualquier adulto del equipo puede llamarle por su nombre desde el primer minuto. Para un niño nuevo eso ya es media bienvenida.

El resto de la mañana se elige con cuidado, con juegos en los que nadie queda eliminado ni tiene que salir solo al centro. El paso a paso, con lo que conviene saber en cada momento, está en el primer día, paso a paso. Cómo se guarda la puerta y quién lleva qué lista es asunto de otra guía: cómo se cuida a un niño en un campamento.

Un grupo de niños choca las manos en alto

Con quién

Ir con un amigo ayuda a entrar, y poco más

Apuntarle con un amigo facilita la puerta: entran dos, y dos se atreven a más que uno. Eso sí, puede que no acaben juntos, y es mejor saberlo antes. En nuestros campamentos los grupos se hacen por curso escolar, así que el vecino que va un curso por delante estará en otro grupo, y lo mismo pasa con los hermanos.

Ir solo tiene peor prensa de la que merece. El niño que llega sin pareja mira alrededor antes, y el equipo le mira antes a él. Las dos opciones, con sus pegas, están comparadas en ¿mejor con un amigo o solo?.

La primera semana, día a día

Adaptarse le lleva a un niño la semana entera, bastante más que el lunes, y cada día pide mirar una cosa.

En qué se fija el equipo y en qué puedes fijarte tú
  1. Lunes
    Todo es nuevoEl equipo: nombres, grupos y que nadie se quede sin sitio en los juegos. Tú: que sepa quién le recoge y a qué hora.
  2. Martes
    Ya sabe lo que esSe acabó la novedad y aún no hay costumbre. Si va a protestar por la mañana, suele ser hoy. Y no es mala señal.
  3. Miércoles
    Aparecen los nombresEn casa empieza a hablar de alguien: un niño, una monitora, un juego. Es la mejor señal de la semana.
  4. Jueves
    El grupo ya funcionaConoce las rutinas y se adelanta a ellas. El equipo mira ahora a quien sigue al margen.
  5. Viernes
    BalanceBuen día para dos frases con la coordinación en la puerta: cómo le han visto y qué convendría cambiar la semana siguiente.

Es un recorrido frecuente, no una norma. Hay niños que el lunes ya mandan y otros que necesitan dos semanas.

Cuando la semana no acaba de arrancar

A veces llega el jueves y el niño sigue entrando a disgusto. Antes de sacar conclusiones toca separar tres cosas que desde casa se confunden: que le cueste despedirse, que se aburra y que lo esté pasando mal con alguien. La primera se arregla con tiempo, la segunda con la programación y la tercera hay que contarla ese mismo día.

La persona con la que hablar es la coordinación. Está en la puerta por la mañana y a la salida, no tiene un grupo esperándole detrás y ve a tu hijo en los ratos en que tú no le ves. Pregúntale por lo concreto: con quién juega en el recreo, si participa, si come.

La Asociación Española de Pediatría recuerda que los nervios ante una situación nueva, incluidos el dolor de barriga o el mal dormir, son una reacción normal, y que el asunto cambia cuando esos síntomas interfieren en la vida diaria del niño1. Si es vuestro caso, la consulta es con su pediatra. Lo que corresponde al campamento, y cuándo tiene sentido dejarlo para otro año, está en ¿y si no se adapta?.

«¿Qué has hecho hoy?» «Nada»

El primer día termina con una entrevista fallida en el coche. Sale cansado, con hambre y con la cabeza llena, y la pregunta más lógica del mundo recibe un monosílabo. Lo normal es que lo cuente más tarde, a trozos y sin que nadie se lo pida: en la bañera, cenando, a punto de dormirse.

Mientras tanto hay otras maneras de saber cómo ha ido: lo que canta, a quién nombra, si mañana quiere llevar algo. También lo que te diga la persona que te lo entrega, que en dos frases suele dar más información que el interesado.

Las preguntas que funcionan y las que no están reunidas en la vuelta a casa: qué cuentan y qué no.

Lo que más nos preguntan

¿Es mejor empezar por una semana o por varias?

Para estrenarse, una semana entera es buena medida: da tiempo a pasar el lunes y el martes, que son los días raros, y a llegar a los buenos. Si va bien, en un campamento urbano se pueden añadir semanas.

¿Puedo entrar con él el primer día?

Lo normal es despedirse en la puerta. Dentro solo están los niños inscritos y el equipo, y un adulto que se queda alarga la despedida de su hijo y la de los demás. Lo que sí puedes es hablar con la coordinación al dejarle y al recogerle.

¿Qué le digo si me pregunta si voy a estar cerca?

La verdad, y en concreto: dónde vas a estar y a qué hora vuelves. «A las dos, cuando acabéis el último juego» le sirve más que «enseguida».

¿Y si el primer día va mal?

Un mal lunes dice poco. Cuéntaselo a la coordinación el martes por la mañana y espera a ver el miércoles y el jueves antes de decidir nada.

¿Tiene que saber ya a qué grupo va?

No hace falta. En nuestros campamentos los grupos se forman por curso escolar y cada niño recibe una tarjeta con su nombre y su grupo; al entrar, un monitor le acompaña hasta el suyo.

De dónde salen los datos

  1. 1 Asociación Española de Pediatría, En Familia. «Trastornos de ansiedad» (artículo elaborado por la Sociedad de Psiquiatría Infantil de la AEP). Ver la fuente

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