Es jueves, sigue entrando a disgusto y en casa ya se discute si merece la pena. Antes de decidir, hay que saber cuál de tres cosas distintas está pasando.
6 min de lecturaPor el equipo de AZ Futura
Un mal lunes no es una semana
Los dos primeros días de un campamento son los menos representativos. El lunes todo es nuevo y el martes se ha gastado la novedad sin que haya llegado la costumbre. Juzgar la experiencia por esas dos mañanas es como valorar un libro por el índice.
Nuestra regla de oficio: salvo que haya pasado algo concreto, se espera a ver el miércoles y el jueves. Hacia mitad de semana un niño suele tener ya un par de nombres, conoce las rutinas y sabe qué viene después de cada cosa. Si para entonces la queja ha bajado, va por buen camino aunque el lunes siguiente vuelva a costar.
La excepción son las quejas con nombre y apellido. «Un niño me pega», «se ríen de mí», «la monitora me grita» no esperan al jueves: se cuentan a la coordinación a la mañana siguiente.
Tres motivos que desde casa parecen el mismo
Los tres se presentan igual: «no quiero ir». Se distinguen por cuándo se queja y de qué.
Cómo reconocerlos y qué pide cada uno
Le cuesta separarse
Se aburre o no encaja
Lo pasa mal con alguien
Cuándo se queja
Por la mañana y en la puerta. A la salida viene bien.
A la salida: «ha sido un rollo».
La noche antes, o no dice nada y cambia de humor.
Qué cuenta
Poco del campamento. Mucho de vosotros.
Actividades que no le gustan, que es «de pequeños», que hace calor.
Un nombre que se repite, o evita hablar de los recreos.
Qué suele ayudar
Tiempo y la misma despedida corta cada día.
Hablar de la programación y de su grupo con la coordinación.
Contarlo ese mismo día para que el equipo observe y actúe.
Qué no ayuda
Recogerle antes «por si acaso».
Esperar a que se le pase sin decir nada.
Decirle que no haga caso o que se defienda.
Son los tres motivos que más vemos. Pueden darse dos a la vez.
La conversación que hay que tener es con la coordinación
El monitor de tu hijo tiene diez niños delante a la hora de entrada y a la de salida. La persona con la que hablar es quien coordina. En nuestros campamentos no tiene grupo a su cargo, está en la puerta toda la jornada y es quien puede ir a mirar al patio a las once y media con tu pregunta en la cabeza.
Llévale datos y pídele datos. Tú sabes lo que dice en casa: cuándo se queja, de qué, qué nombres salen. La coordinación sabe lo que tú no ves: con quién juega en el recreo, si participa o se queda al margen, si almuerza, si llora dentro o solo en la puerta. Muchas veces las dos mitades no coinciden, y eso ya dice algo, porque hay niños que protestan en casa y dentro están encantados.
Pide que le observen un par de días y quedad en volver a hablar. Un «le miramos mañana y pasado y el jueves te cuento» es lo que cabe esperar que te conteste un equipo serio.
Lo que se puede tocar sin sacarle
Entre «aguantar» y «borrarle» hay varios ajustes. Unos dependen de ti y otros hay que pedirlos, y no todos se pueden en todos los campamentos.
El horarioSi hace jornada larga, prueba unos días solo la mañana. Para un niño pequeño, quitar la acogida temprana o la tarde cambia la semana.
La entradaLlegar de los primeros, o que le lleve otra persona de la familia. Y avisar a la puerta de que viene tocado.
Un encargoHay niños que entran mejor con un papel: repartir el material, llevar la lista. Sugiérelo si en casa le funciona.
La actividad que le agobiaSi lo que teme es algo concreto (el agua, un juego de contacto), dilo. En nuestros campamentos hay actividad alternativa para quien no puede hacer la programada.
Con quién estáPregunta si hay alguien de su clase en otro grupo, o con quién le han visto jugar. Si pides un cambio de grupo, hazlo pronto y entiende que no siempre es posible.
Cuando el problema tiene nombre
Si lo que cuenta es que alguien le pega, le insulta o le deja fuera, no esperes al viernes ni lo resuelvas por tu cuenta con la otra familia en la puerta. Cuéntaselo a la coordinación con los detalles que tengas: qué, cuándo, quién.
En nuestros campamentos se hace siempre igual. Ante un desacuerdo normal, se observa si los niños lo arreglan solos. Si no pueden, se media en un sitio tranquilo y en privado. Y ante una agresión se interviene en el momento. Cuándo una riña es una riña y cuándo es otra cosa lo contamos en peleas, burlas y acoso.
Dejarlo también es una decisión válida
Hay veranos en que no toca. Un niño muy pequeño al que la jornada le viene grande, un cambio reciente en casa, un grupo en el que no ha cuajado pese a los ajustes. Sacarle no es un fracaso suyo ni vuestro, y mejor que él tampoco lo viva así.
Si decidís dejarlo, cuidad tres cosas. Que la decisión la tomen los adultos y con un día de margen, no en la puerta en mitad de un llanto: si llorar a las nueve sirve para volver a casa, aprende que la puerta se negocia. Que el motivo se le explique sin culpas: «es mucho rato para ti todavía; lo probamos el año que viene». Y avisar al campamento, por cortesía y porque, en los nuestros, cuando un niño falta más de dos días seguidos se llama a casa para saber qué ha pasado.
Y el año que viene
Un primer intento corto no cierra la puerta. De un verano a otro un niño cambia mucho, y lo que a los cuatro años era demasiado, a los cinco se queda pequeño. La segunda vez ayuda empezar por menos (una semana, solo mañanas), elegir fechas en que coincida con alguien de su clase y prepararlo con más calma: tienes el plan en cómo prepararle las semanas de antes.
Y si lo que falló fue la edad, repasa a qué edad puede ir: las señales de que está listo pesan más que los años.
Dudas cuando no se adapta
¿Cuántos días le doy antes de sacarle?
Salvo que haya ocurrido algo concreto, deja pasar al menos hasta el jueves de la primera semana y habla antes con la coordinación. Si cada día cuesta un poco menos, merece la pena seguir.
¿Pueden cambiarle de grupo?
Depende de cómo estén formados los grupos, que en los nuestros van por curso. Pídelo pronto y explica el motivo; a veces lo que resuelve el problema es otro ajuste más sencillo.
En casa dice que lo pasa fatal y allí me dicen que está bien. ¿A quién creo?
A los dos. Pasa mucho que un niño está a gusto dentro y descarga en casa el cansancio y lo que le ha costado. Pide detalles concretos de lo que ven y compáralos con lo que él cuenta.
¿Le estoy haciendo daño si le obligo a terminar la semana?
Si es la protesta habitual de los primeros días y dentro le ven jugar, lo que vemos es que terminar la semana le deja mejor recuerdo que irse a medias. Si hay sufrimiento que no cede, consulta con su pediatra antes de insistir.
¿Qué pasa con las semanas contratadas si le saco?
Depende de las condiciones de cada campamento. Léelas antes de inscribirle y, si es su primera vez, empieza contratando pocas semanas.
De dónde salen los datos
1 Asociación Española de Pediatría, En Familia. «Trastornos de ansiedad» (Sociedad de Psiquiatría Infantil de la AEP). Ver la fuente