Extraescolares · 9 de 10

Cambiar o dejarlo a mitad de curso

Febrero. La actividad que en septiembre era «la que más quiero del mundo» ahora es un suplicio, y en casa hay dos bandos: «que aprenda a terminar lo que empieza» y «no vamos a tenerle sufriendo hasta junio». Los dos tienen parte de razón, y hay una tercera salida de la que casi nadie se acuerda.

6 min de lecturaPor el equipo de AZ Futura

Un grupo de niños con casco y protecciones patina en una plaza junto a sus monitores

Dos comprobaciones que ahorran la decisión

La primera: que sepas por qué. «No me gusta» es una conclusión. A ti te hace falta la causa. Puede ser que su amigo se haya borrado, que vaya por detrás del grupo o que le agobie el festival, y cada una de esas cosas tiene un arreglo distinto que no pasa por dejarlo. Cómo averiguarlo, y qué preguntar a quien lleva el grupo, está en «No quiero ir»: qué hay detrás.

La segunda: que no estés decidiendo en la peor semana. Hay momentos del curso en que casi todos los niños flojean a la vez: las últimas semanas antes de Navidad, la cuesta de febrero, los días de exámenes en los mayores. Mejor decidir un lunes tranquilo que un jueves de lluvia.

Seguir, cambiar o dejarlo

Ninguna es la buena en general. Cada una vale para una situación distinta, y la decisión se lía cuando se mezclan.

Tres salidas y cuándo tiene sentido cada una
Seguir hasta una fechaCambiar de actividadDejarlo
Tiene sentido cuandoLa causa tiene arreglo y está en marcha, o queda poco para un final natural: las vacaciones, la muestra.Le gusta ir a extraescolares y lo que falla es esta: el tipo de actividad, el nivel o el grupo.La semana está demasiado llena o, sencillamente, este curso no quiere ninguna.
Qué ganaLlega a un cierre, se despide del grupo y comprueba que lo difícil tenía final.Empieza de cero en algo que quizá sí es lo suyo, con lo aprendido de la primera elección.Una o dos tardes libres, que es justo lo que le faltaba.
Qué cuestaUnas semanas más de pocas ganas. Solo compensa si la fecha es cercana y la ha aceptado.Entrar en un grupo que lleva meses rodando. Se puede, y abajo contamos cómo.Poco, si se cierra bien. A muchas familias les preocupa que entienda que basta con protestar; por eso importa el cómo.
Cómo se le dice«Vamos hasta el festival y después decides tú si sigues.»«Esta no ha salido. Vamos a ver cuál te apetece probar.»«Este curso lo dejamos aquí. En septiembre volvemos a mirar la hoja.»

Criterio de oficio. Antes de decidir, pregunta en tu centro cómo se tramitan las bajas y los cambios, con qué antelación hay que avisar y si hay plaza en la actividad a la que quiere pasar.

«Tiene que aprender a terminar lo que empieza»

Es la frase que más se oye en esta conversación, y la preocupación que hay detrás es razonable. No vamos a decirte qué efecto tiene en un niño dejar o no dejar una actividad. No somos quiénes, y desconfiaríamos de quien lo afirme muy seguro. Sí podemos contar lo que se ve desde la clase.

Lo primero, que hay dos maneras muy distintas de quedarse. El niño que sigue porque le han explicado hasta cuándo y para qué suele acabar bien el tramo, y a veces se reengancha por el camino. El que sigue «porque se aguanta», sin fecha, viene cada tarde un poco más apagado.

Además, el compromiso funciona mejor pactado al principio que exigido en mitad del curso. Una frase dicha en septiembre, con la hoja delante, cambia la conversación de febrero: «si te apunto, vamos por lo menos hasta Navidad, y en Navidad lo hablamos». Llegado febrero nadie discute si se rinde, porque lo que toca es revisar un acuerdo que los dos conocíais.

Queda lo que dicen los pediatras. La Asociación Española de Pediatría resume en una frase para qué sirven estas actividades: conviene que sean apropiadas para cada edad, que el niño disfrute en ellas, que no le impidan tener tiempo de descanso y de juego sin organizar, «y que no se conviertan en una obligación más del día a día»1. Terminar lo que se empieza es un buen aprendizaje. Una extraescolar es un sitio raro para darlo si es lo único que ya se aprende en ella.

Si lo deja, que lo deje bien

La diferencia entre abandonar y terminar está en los últimos quince días. Con estos cuatro gestos, la baja pasa a ser un final.

  1. Uno

    Ponle fecha

    El último día se sabe con antelación y coincide, si se puede, con un corte natural: el viernes antes de vacaciones, el día de la muestra.

  2. Dos

    Que lo diga él

    Según la edad, que sea tu hijo quien se lo cuente al monitor: «el mes que viene ya no vengo». Cuesta más que protestar en casa.

  3. Tres

    Que se despida

    Del grupo y de quien lo lleva. Un niño que desaparece de la lista sin decir adiós deja una pregunta en los demás.

  4. Cuatro

    Nombrad lo que se lleva

    Algo ha aprendido aunque no quiera seguir: frena, ha subido a un escenario, sabe hacer masa. Decirlo en voz alta evita que el recuerdo sea «aquello que dejé».

Si cambia: cómo es llegar en enero

El miedo habitual es que el grupo nuevo ya esté hecho y él sea «el nuevo». Es verdad a medias. Un grupo de extraescolar que lleva tres meses tiene sus normas, sus parejas y sus bromas. También tiene una ventaja que en octubre no existía: el monitor ya no está pendiente de aprenderse quince nombres y puede dedicarle al recién llegado una atención que en la primera semana no tuvo nadie.

Lo que suele hacerse es sencillo. Se le presenta, se le pone los primeros días con un compañero que lleve tiempo y se le explican aparte las tres o cuatro normas que los demás ya conocen. En las actividades con niveles, como el patinaje, empezará por debajo del grupo, y conviene avisarle antes para que no se lleve el susto en la pista.

Dos cosas ayudan desde casa. Contarle al monitor nuevo por qué viene, sin adornos: «en teatro lo pasaba mal cuando tocaba salir». Y elegir bien el día de entrada. La vuelta de Navidad o de Semana Santa es mejor que un martes cualquiera, porque después de unas vacaciones todo el grupo vuelve a arrancar un poco.

Un límite sensato: un cambio por curso. Si pide un segundo, mira antes si lo que falla es que la semana no da más de sí. Para esa cuenta está ¿Cuántas extraescolares a la semana?.

Preguntas frecuentes

¿Cuál es el mejor momento para dejar una extraescolar?

Un corte natural del calendario: el final de un trimestre, la vuelta de unas vacaciones o el día después de la muestra. Permite despedirse, y quien entra en otra actividad lo hace cuando todo el grupo está volviendo a arrancar.

¿Si le dejo dejarlo aprenderá a rendirse?

Nadie puede asegurarte eso ni lo contrario. Lo que se ve en clase es que importa mucho cómo se hace: con una fecha, una despedida y una conversación es un final; de un día para otro y tras una rabieta, es otra cosa.

¿Puede entrar en otra actividad con el curso empezado?

Normalmente sí, si hay plaza y grupo de su etapa. El monitor le presenta, le pone unos días con un compañero veterano y le explica las normas del grupo. Pregunta si puede probar una sesión antes.

¿Y si quiere volver a la que dejó?

Pasa más de lo que parece, sobre todo cuando la causa era el cansancio o un mal mes. Si hay plaza no suele haber inconveniente; acordad esta vez hasta cuándo va, para que no se convierta en una puerta giratoria.

Lo quiere dejar porque no le sale. ¿Insisto?

Antes habla con quien lleva el grupo: a menudo se puede ajustar lo que se le pide. Ir por detrás al principio es habitual y tiene arreglo dentro de la propia actividad si el monitor lo sabe.

De dónde salen los datos

  1. 1 Asociación Española de Pediatría, En Familia. «Tiempo de ocio y actividades extraescolares» (Mª Paz González Rodríguez). Ver la fuente

Y si quieres que lo hagamos nosotras

Nuestras extraescolares

Quince actividades para Infantil, Primaria y Secundaria, en el propio colegio.

Ver las quince actividadesEscríbenos

Dos niñas con patines y protecciones

Antes de irte

¿Te avisamos de lo próximo?

Campamentos, talleres y planes con peques, antes que nadie. Solo de lo que te interese, y te das de baja con un clic.