Es jueves, son las ocho menos cuarto y desde el pasillo llega la frase. Antes de contestar «pues vas» o «pues te borro», conviene saber que «no quiero ir» casi nunca habla de la actividad entera. Habla de un trozo, y encontrarlo suele costar una pregunta bien hecha.
6 min de lecturaPor el equipo de AZ Futura
Primero, el calendario: ¿octubre o febrero?
La misma frase significa cosas distintas según el mes. En las primeras semanas del curso es casi un trámite: el grupo no se conoce, la actividad todavía no se parece a lo que será y volver a entrar en un aula después de siete horas de colegio cuesta a cualquiera. Ese «no quiero ir» suele deshacerse solo antes de noviembre, y lo más útil que puede hacer una familia es no darle demasiada importancia.
El que merece atención es otro: el que aparece en enero en un niño que iba contento, o el que se repite cada semana el mismo día. Ese tiene una causa, que casi siempre es más pequeña y más concreta de lo que parece desde casa.
Fíjate también en cuándo lo dice. Si protesta por la mañana y sale encantado por la tarde, lo que le cuesta es la idea de un día largo. Si sale callado o enfadado, el problema está dentro de la hora.
Lo que suele haber detrás, visto desde la clase
No pretende clasificar nada. Es lo que un monitor acaba encontrando cuando un niño que venía bien empieza a quedarse en la puerta.
Está cansado a esa horaDel día, más que de la actividad. Pasa sobre todo con los pequeños y en los meses de menos luz. En cuanto empieza la sesión se le olvida, pero la queja de la mañana es real.
Su amigo lo ha dejadoSe apuntó por él y ahora se ve solo. A veces basta con que el monitor le empareje dos tardes con otro compañero.
Va por detrás del grupoLos demás frenan y él todavía se agarra a la valla. Lo vive como que es el único, aunque no lo sea. Es de las causas que mejor arreglo tienen si quien lleva el grupo lo sabe.
Va por delanteLleva tres cursos, este año han entrado muchos nuevos y se aburre repitiendo lo que ya sabe. Necesita un reto o un papel: ayudar, demostrar, dirigir un juego.
Ha pasado algo con un compañeroUna burla, un empujón, un «contigo no». En un grupo que mezcla aulas no siempre llega a oídos de la tutora. Hay que contárselo al monitor ese mismo día.
Se pierde otra cosaA esa hora sus amigos del barrio están en el parque, o es la tarde en que viene la abuela. Más que rechazar la actividad, echa de menos lo que hay enfrente.
Se acerca la muestraEl festival, la obra, la exhibición. Hay niños que disfrutan el curso entero y sufren las tres semanas de antes. Pregunta si salir es obligatorio.
Cuando se les pregunta a ellos, esto es lo que contestan
El Consejo Superior de Deportes preguntó en 2011 a escolares españoles de 6 a 18 años que no hacían deporte por qué no lo hacían. Habla de actividad física, no de todas las extraescolares, pero las razones suenan conocidas.
Motivos para no practicar actividad físico-deportiva (% de respuestas)
Porque no tengo tiempo
25 %
Porque no me gusta
20 %
Porque no se me da bien
11 %
Porque me canso o fatigo
9 %
Porque cuesta dinero
9 %
Porque está lejos
5 %
Porque mis padres no me dejan
4 %
Porque no lo hacen mis amigos
3 %
Por una enfermedad o lesión
3 %
Fuente: Consejo Superior de Deportes, Fundación Alimentum y Fundación Deporte Joven, «Los hábitos deportivos de la población escolar en España» (2011), figura 491. Un 12 % adicional corresponde a otros motivos sin especificar. Dos lecturas útiles: «no se me da bien» pesa más que «no lo hacen mis amigos», y «no tengo tiempo» encabeza la lista.
Cuatro pasos, y ninguno es decidir todavía
El orden importa. Lo habitual es empezar por el último.
De la queja a la decisión
1
Pregunta por un trozo, no por el todo«¿Qué parte es la que menos te gusta?» «¿Qué harías tú distinto?» «¿Con quién te pones?» Mejor en el coche o cocinando que sentados frente a frente.
Te da una pista: ya sabes qué contarle al monitor.Solo dice «todo» o «es un rollo»: pasa igualmente al paso 2.
2
Habla con quien lleva el grupoEs la única persona adulta que le ve durante esa hora. Pregúntale cómo entra, con quién se junta y en qué momento se descuelga.
Lo ha notado y tiene una idea: dale dos o tres sesiones para probarla.No ha notado nada: pídele que se fije esta semana y volved a hablar.
3
Pacta un plazo con tu hijo«Vamos hasta Navidad y entonces decides tú.» Un final a la vista hace llevadera casi cualquier cosa, y le devuelve la decisión.
Acepta y la queja baja: a menudo ya no hay nada que decidir.Sigue igual o va a peor: toca decidir.
4
Decide con la información en la manoSeguir, cambiar de actividad o dejarlo. Las tres son salidas legítimas.
Muchas bajas llegan sin que nadie haya hablado antes. Es una pena, porque buena parte de las causas de la lista se arreglan desde dentro y en un par de tardes: cambiar una pareja, darle una tarea, bajarle un escalón el ejercicio o subírselo, dejarle mirar un día sin participar.
No hace falta pedir una reunión, vale con un mensaje a la coordinación. Cuenta lo que dice en casa tal cual lo dice, aunque suene injusto: «dice que siempre le toca con los pequeños», «dice que no le sale nada». A quien lleva el grupo le sirve más la frase literal que un resumen educado.
Y en lugar de «¿se porta bien?», prueba con «¿en qué momento de la hora está más a gusto?». La respuesta dice qué le gusta de la actividad, y de ahí se puede tirar.
¿Y obligarle? Lo que dicen los pediatras
La Asociación Española de Pediatría, cuando enumera qué hay que tener en cuenta al organizar las extraescolares, incluye entre las condiciones «que el niño quiera ir», y resume que conviene que disfrute en ellas y que no se conviertan «en una obligación más del día a día»2. Eso no quiere decir que haya que borrarle a la primera protesta. Sí deja claro para qué está la actividad.
Entre «vas porque lo digo yo» y «te borro mañana» hay sitio para todo lo anterior: averiguar, hablar, dar un plazo.
Preguntas frecuentes
¿Es normal que no quiera ir las primeras semanas?
Sí. En octubre el grupo se está formando y la actividad aún no se parece a lo que será. La mayoría de esas quejas desaparecen sin hacer nada. Si en noviembre continúa, pregunta a tu hijo por algo concreto y habla con el monitor.
¿Le obligo a terminar el curso?
Antes de decidirlo, averigua la causa: muchas se resuelven desde dentro del grupo. Un plazo corto y pactado, como «hasta Navidad y decides tú», suele funcionar mejor que un «hasta junio» impuesto.
¿Qué le pregunto al monitor?
Cómo entra en la sesión, con quién se junta y en qué momento se descuelga o está más a gusto. Y cuéntale lo que tu hijo dice en casa con sus mismas palabras: es la información que más le ayuda.
Solo protesta un día de los dos. ¿Por qué?
Suele tener que ver con lo que rodea a la actividad: ese día tiene educación física y llega cansado, o es la tarde en que sus amigos quedan. Mirar qué más pasa ese día da la pista casi siempre.
¿Y si dice que un compañero se mete con él?
Cuéntaselo ese mismo día a quien lleva el grupo y a la coordinación de la actividad. Ante un conflicto se observa, se habla con los implicados en privado y, si hay una agresión, se interviene en el momento.
De dónde salen los datos
1 Consejo Superior de Deportes, Fundación Alimentum y Fundación Deporte Joven (2011). «Estudio Los hábitos deportivos de la población escolar en España», apartado 6, figura 49. Muestra de 17.632 escolares de 6 a 18 años. Ver la fuente
2 Asociación Española de Pediatría, En Familia. «Tiempo de ocio y actividades extraescolares» (Mª Paz González Rodríguez). Ver la fuente