La carrera de sacos vale para los siete años y para los once. Lo que cambia de una edad a otra es todo lo que la rodea: cuánto dura, cuántos van en el equipo, quién gana y dónde está el adulto.
6 min de lecturaPor el equipo de AZ Futura
Cinco mandos que se mueven con la edad
Para adaptar una gincana no hace falta buscar «pruebas para niños de cinco años». Casi todas las clásicas sirven para un rango amplio si se ajusta la distancia, el peso o el número de piezas. Lo que hay que cambiar de verdad son cinco cosas.
El tiempo total y el de cada prueba. El tamaño del equipo, que crece con la edad. Las reglas: una sola a los cuatro años, tres a los diez. La competición, que pasa de no existir a ser el motor. Y el adulto, que empieza dentro del equipo y acaba mirando desde lejos.
En nuestros campamentos las actividades tienen una versión por etapa, y en Primaria separamos a los de 1.º a 3.º de los de 4.º a 6.º. Con una gincana pasa igual. La temática puede ser la misma para todos; la manera de jugarla, no.
Qué gincana entra a cada edad
Las franjas se pisan a propósito: un grupo de seis años recién cumplidos se parece más a Infantil que a tercero.
De la aventura sin marcador a los retos
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Aventura sin marcador
todos consiguen lo mismo
Equipos y puntos sencillos
un adulto por prueba
Pistas, estrategia y marcador
se organizan solos
Retos
piden decidir ellos
Criterio de oficio, no un dato científico: es lo que vemos funcionar con grupos. Cada grupo tiene su ritmo.
De 3 a 5 años: una aventura sin ganadores
A esta edad, perder no se entiende y esperar turno cuesta un mundo. La gincana que funciona es un recorrido en el que el grupo ayuda a alguien: un pirata que ha perdido su tesoro, un duende sin regalos. Cada prueba superada da una pegatina o una pieza, y todos los grupos consiguen todas.
Cuánto: tres o cuatro pruebas de unos cinco minutos; media hora en total, contando el cuento del principio y el final. Equipos: de cuatro o cinco, cada uno con un adulto que va con ellos de prueba en prueba. Reglas: una por prueba, enseñada con el cuerpo y no con palabras.
Pruebas que entran bien: buscar objetos medio escondidos, un circuito de aros y conos, llevar agua con una esponja, tirar pelotas a una torre de latas, montar un puzle de pocas piezas. Todas, haciéndolas a la vez o de dos en dos, sin filas largas.
Qué suele fallar: los relevos con siete esperando, cualquier prueba que haya que leer y los personajes que asustan. Un adulto disfrazado que aparece de golpe puede acabar con medio grupo llorando. Mejor que se presente sin máscara y se disfrace delante de ellos.
De 6 a 8 años: el equipo y la justicia
Entre primero y tercero se encuentran con el equipo y se lo toman muy en serio. Les gusta tener nombre, color y grito, y vigilan las reglas con una severidad que ya querría un árbitro: «eso no vale» es la frase de la edad. Antes que nada, la gincana tiene que parecerles justa.
Cuánto: cuatro o cinco pruebas de ocho a diez minutos; entre cuarenta y cinco minutos y una hora. Equipos: de cinco o seis. Formato: el circuito, con un adulto en cada estación que explica, arbitra y apunta. Reglas: dos por prueba, y las mismas para todos los equipos, dichas con las mismas palabras.
Pruebas que entran bien: todas las clásicas. Sacos, cuchara y pelota, pasar el aro, latas, mímica con palabras fáciles, búsquedas con adivinanzas cortas.
Qué suele fallar: las discusiones por el resultado y el disgusto de quien pierde. Ayuda que los puntos se apunten a la vista, que cuenten más cosas que la velocidad y que el final sea común. Y ojo con el pequeño del equipo, que en las pruebas de fuerza o de altura no llega: se le busca la prueba en la que sí.
De 9 a 12 años: dejarles el mando
De cuarto a sexto, lo que piden es decidir. Una gincana en la que solo hay que obedecer se les queda corta; una en la que eligen el orden, reparten papeles y se juegan un comodín los tiene enganchados hora y media.
Cuánto: cinco o seis pruebas; de una hora a hora y media. Equipos: de seis a ocho, con un portavoz que cambia en cada prueba. Formato: en estrella o con pistas, que les dejan moverse solos dentro de unos límites claros. Reglas: las que hagan falta, por escrito en la tarjeta de la prueba, para que las lean ellos.
Pruebas que entran bien: las de siempre con una vuelta más (dos aros a la vez, puzle sin modelo, mensajes en clave) y las que obligan a ponerse de acuerdo antes de empezar.
Qué suele fallar: que dos se hagan con el equipo y el resto acompañe, y la vergüenza. A los once años, hacer mímica delante de otros equipos puede ser un mal trago: se hace de cara al propio equipo, o por parejas.
Las tres, lado a lado
Para tenerlo delante mientras se prepara.
Qué se ajusta en cada tramo
3 a 5 años
6 a 8 años
9 a 12 años
Duración
Media hora.
45 minutos a una hora.
Una hora a hora y media.
Pruebas
3 o 4, de cinco minutos.
4 o 5, de ocho a diez.
5 o 6, de diez.
Equipo
4 o 5.
5 o 6.
6 a 8.
El adulto
Dentro del equipo.
En cada prueba.
En la base y en los límites.
Puntuación
Ninguna: todos reúnen las mismas piezas.
Puntos sencillos y a la vista.
Marcador, comodines y tiempos.
Formato
Recorrido acompañado.
Circuito.
Estrella o pistas.
Criterio de oficio. Un grupo que ya ha jugado muchas gincanas admite el tramo siguiente antes.
Cuando hay de todas las edades
Es el caso de las fiestas del pueblo, de las urbanizaciones y de cualquier cumpleaños con primos. Hay dos soluciones buenas y una mala.
La mala es hacer equipos por edad y que compitan entre sí: los mayores ganan todo y los pequeños se van al tobogán.
La primera buena es el equipo vertical: en cada equipo, un par de mayores, un par de medianos y un par de pequeños, y pruebas con un papel para cada uno. En la búsqueda, el pequeño es quien entra a por el objeto; en la pista en clave, el mayor descifra y el mediano escribe. En puntería, cada edad tira desde su raya.
La segunda es montar dos gincanas con la misma historia, una para pequeños y otra para mayores, que acaban juntas: cada una trae la mitad de lo que hace falta para abrir el cofre. Da más trabajo, pero así nadie juega a algo que no es para él.
A partir de los trece, la palabra «gincana» ya suena a cosa de niños y conviene llamarla de otra manera y darles la organización: retos, estrategia, humor. Para todo lo demás, el esqueleto completo está en cómo se monta una gincana, y las fichas, en las pruebas.
Dudas sobre edades
¿Se puede hacer una gincana con niños de 3 años?
Sí, si es un recorrido acompañado y sin ganadores, con tres pruebas muy cortas, un adulto con cada grupo pequeño y una historia sencilla. Todos consiguen lo mismo al final.
¿A qué edad empiezan a competir por equipos?
Hacia los seis o siete años. Antes compiten sin entender del todo qué es perder; a partir de ahí, el equipo y el marcador les motivan, siempre que las reglas sean claras e iguales para todos.
¿Cuánto debe durar una gincana de Primaria?
Entre cuarenta y cinco minutos y una hora con los de 1.º a 3.º, y hasta hora y media con los de 4.º a 6.º, contando la explicación y el final.
¿Cómo junto en una misma gincana a niños de 5 y de 11 años?
Con equipos que mezclen edades y pruebas en las que cada uno tenga un papel: el pequeño busca, el mayor lee o descifra. En las de puntería, cada edad tira desde una distancia distinta.