Has conseguido que te miren. Tienes unos segundos antes de que vuelvan a lo suyo. De lo que digas en ese rato depende que el grupo se mueva contigo o en diez direcciones.
6 min de lecturaPor el equipo de AZ Futura
Casi nunca desobedecen: no saben qué has pedido
Dices «venga, recoged» y no se mueve nadie. Lo repites más alto. Tres se ponen a recoger, cuatro siguen jugando y los demás te miran. Parece desobediencia. Lo que pasa es que «recoged» no dice quién, qué, dónde ni cuándo se ha terminado.
A un niño solo se le puede hablar así, porque le miras, le señalas y le esperas. A diez a la vez, cada palabra vaga la entiende cada uno a su manera. Por eso un monitor con oficio suena un poco raro desde fuera: corto, concreto, con números y con sitios.
Aquí va cómo se arma una instrucción que un grupo pueda cumplir. Damos por hecho que ya te escuchan; si todavía no, empieza por cómo conseguir que te escuchen.
Ocho frases que no funcionan y la que sí
Las de la izquierda las hemos dicho todos. Las de la derecha no son mágicas; tienen la ventaja de que se pueden cumplir.
Lo que sale solo y lo que mueve al grupo
No funciona
Sí funciona
La prohibición
«No corráis.»
«Por el pasillo, andando.»
La orden vaga
«Venga, recoged ya.»
«Cada uno guarda tres cosas y se sienta en la línea.»
La pregunta que no lo es
«¿Nos sentamos?»
«Nos sentamos en el corro.»
Cuatro a la vez
«Recoged, la mochila, a la fila y a la puerta.»
«Todo a la caja.» Y cuando está, la siguiente.
El «portaos bien»
«A ver cómo os portáis en el comedor.»
«En el comedor, sentados y con voz de mesa.»
La amenaza
«Como sigáis así, no hay juego.»
«Cuando estemos todos en la sombra, empieza el juego.»
La llamada al aire
«¡Chicos! ¡Chicos! ¡Escuchadme!»
La señal, esperar y, entonces, hablar.
La etiqueta
«Eres un pesado, Hugo.»
«Hugo, el balón quieto mientras hablo.»
Seis reglas de una buena consigna
Dice qué hacerEl «no» obliga al niño a imaginar lo contrario y elegir entre varias opciones. «Los pies en el suelo» no deja dudas; «no os subáis» deja muchas.
Pide una sola cosaLa siguiente se da cuando la primera está hecha. Tres encargos encadenados son para un grupo de mayores que ya te conoce, y aun así conviene que los repita alguien.
Lleva un número o un sitio«Tres cosas», «de dos en dos», «hasta la línea amarilla», «detrás del banco». Lo que se puede contar o señalar se cumple; «un poco más allá» no.
Primero el cuándo, luego el qué«Cuando diga ya, cada equipo va a su cono». Si empiezas por «id a vuestro cono», salen disparados con la primera palabra y el resto de la frase se pierde.
Se enseña con el cuerpoSeñalas adónde, haces tú el gesto, colocas a uno de ejemplo. Con los pequeños es la mitad del mensaje, y fuera, con ruido, también lo es para los mayores.
Se comprueba«¿Quién me dice qué hacemos ahora?». Contesta uno y lo oyen todos por segunda vez, con voz de niño, que es la que más se escucha.
Dar a elegir entre dos cosas que te valen
A muchos niños lo que les cuesta es que se les mande. A esos, y a casi todos a partir de cierta edad, poder elegir les desatasca: «¿recoges los conos o los petos?», «¿te sientas a este lado o a ese?». Las dos opciones te sirven, y él ha decidido algo.
Con un grupo entero funciona igual: «¿empezamos por el juego de pillar o por el de puntería?». Se vota a mano alzada, rápido, y lo que no ha salido se juega después.
El fallo es dar a elegir cuando no hay elección. «¿Te pones la gorra?» admite un «no» que no puedes aceptar. Si algo no es opcional, se dice tal cual, con amabilidad y sin interrogaciones: «la gorra, puesta. ¿Te la pones tú o te ayudo?».
El «cuando… entonces» en lugar de la amenaza
«Como no recojáis, no bajamos al patio» y «cuando esté recogido, bajamos al patio» anuncian lo mismo. La primera suena a castigo y pone al grupo a medir si vas en serio. La segunda solo cuenta en qué orden van las cosas, y la prisa pasa a ser de ellos.
Eso sí, el «entonces» tiene que ser verdad. Lo que anuncias tiene que depender de ti y ocurrir en cuanto se cumpla lo primero. Prometer la piscina, un premio o un cambio de equipo que luego decide otro te deja sin palabra a mitad de semana.
Sirve para ordenar la mañana. Para negociar lo que no se negocia, no. La crema, el agua, quedarse con el grupo o no pegar no llevan «cuando».
Has dado la instrucción y no pasa nada
Antes de repetirla más alto, tres preguntas. Casi siempre la respuesta está en la primera o en la segunda.
Qué revisar, en orden
1
¿La han oído?Si la dijiste con medio grupo de espaldas o con ruido, no existe.
Te miraban todos: pasa a la siguiente pregunta.Señal, esperar y decirla otra vez, igual de corta.
2
¿La han entendido?Pregunta a uno qué hay que hacer.
Lo explica bien: pasa a la siguiente.No la cambies por una más larga. Enséñala: hazlo tú o coloca a dos de ejemplo.
3
¿Pueden hacerla?Tres cajas para veinte niños, una fila donde no cabe una fila, un nudo que no saben deshacer.
Pueden: sigue.El fallo es de la consigna. Cámbiala o reparte la tarea.
4
La cumplen casi todosEmpieza con los que están y agradece en concreto: «los petos ya están, gracias». Los rezagados suelen sumarse al ver que la cosa avanza.
5
Queda unoVas hasta él. Su nombre, la instrucción en voz baja y te apartas para darle tiempo. Sin público y sin repetirlo tres veces.
A un niño concreto: nombre, cerca y bajo
Lo que se le dice a un niño concreto se le dice a él. Gritar «¡Leo, baja de ahí!» de punta a punta del patio informa a todo el grupo de que Leo está subido a algo, y a Leo le obliga a elegir entre obedecer delante de todos o quedar bien.
Lo que funciona es acercarte, agacharte a su altura, decir primero su nombre y después una frase: «Leo, los pies al suelo». Y ahora lo difícil, que es retirarte dos pasos y mirar a otro lado. Con ese margen puede hacerlo sin que parezca que ha perdido.
Cuando lo hace, basta un gesto o un «gracias». Las felicitaciones largas por haber bajado de un banco le vuelven a poner en el escaparate.
Dudas sobre las consignas
¿Por qué no funciona decir «no corráis»?
Porque dice lo que no hay que hacer y se calla qué hacer en su lugar. «Por el pasillo, andando» da la misma norma y además la conducta que esperas.
¿Cuántas instrucciones se pueden dar de una vez?
Una. La siguiente se da cuando la primera está hecha. A un grupo de mayores que ya te conoce se le pueden encadenar dos o tres, y conviene que alguien las repita antes de empezar.
¿Qué diferencia hay entre «cuando… entonces» y una amenaza?
El «cuando… entonces» cuenta el orden de lo que va a pasar y deja la decisión en el grupo. La amenaza anuncia una pérdida y suele prometer algo que luego no se cumple. Pueden decir lo mismo y sentar de manera muy distinta.
¿Es bueno dar a elegir a los niños?
Entre dos opciones que te valen, sí: les da margen y evita muchos pulsos. No sirve preguntar cuando la respuesta solo puede ser una; entonces se dice claro y se ofrece elegir el cómo.
¿Qué hago si un niño no cumple una instrucción directa?
Acercarte, decir su nombre y repetirla una vez en voz baja, y darle unos segundos sin mirarle. Si se trata de algo de seguridad y no responde, avisas a coordinación; no se le sujeta para obligarle.