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El que revienta el juego: en el momento y después

Coge el balón y se lo lleva. Hace trampas mirándote. Se tira al suelo cuando explicas. Lo que hagas en los siguientes diez segundos lo está viendo el grupo entero.

6 min de lecturaPor el equipo de AZ Futura

Una niña ríe tumbada en el suelo de un gimnasio entre aros de colores, con otros niños jugando detrás

Antes de mirarle a él, mira el juego

Si es uno, mira al niño. Si son tres o cuatro, mira lo que has propuesto. Un juego con mucha espera, una explicación que va por el minuto cuatro o una manualidad demasiado difícil fabrican «niños que molestan» en cualquier grupo, y cada día son otros.

Se comprueba rápido. Cuenta cuántos están haciendo algo ahora mismo y cuántos miran. Si mira más de la mitad, lo que hay que arreglar es la actividad. Encoger el campo, hacer más equipos o empezar ya suele bastar. Cómo se retoca un juego en marcha está en la guía de juegos.

Aquí hablamos del otro caso: el juego funciona, el grupo está dentro y hay un niño que lo rompe una vez y otra.

Lo que suele estar buscando

Esto no pretende clasificar a nadie, y un niño puede estar en dos a la vez. Lo sacamos de dejar de preguntarnos «por qué me lo hace» y mirar qué consigue.

  • Que le miresCada interrupción le trae al monitor, aunque sea para regañar. Si solo recibe atención cuando la lía, la liará.
  • Un sitio en el grupoHace reír a los demás. Ser el gracioso le da un lugar, y no lo va a soltar mientras no tenga otro.
  • Salir de algo que no le saleMolesta justo en lo que le cuesta: leer en alto, el balón, recortar. Es más llevadero ser «el malo» que «el torpe».
  • Saber quién mandaPrueba al adulto nuevo, sobre todo los primeros días. Quiere comprobar si lo que dijiste el lunes sigue valiendo.
  • MoverseLleva mucho rato sentado o esperando turno y el cuerpo ya no puede más.
  • Algo que viene de fueraHa dormido mal, ha discutido en casa o en el recreo. Hoy no tiene nada que ver con tu juego.

En el momento: de menos a más

Se empieza por lo más pequeño que pueda funcionar. Cada paso que te ahorras es atención que no le das por la vía mala.

Cinco pasos antes de parar el juego
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    ¿Hay riesgo para él o para otros?Empuja, lanza material, se sube a un sitio alto, sale del recinto.

    Paras el juego, alejas al grupo y avisas a coordinación. No le sujetas.Sigue con los pasos siguientes.

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    Lo que se puede dejar pasar, déjaloUna mueca, un comentario por lo bajo, un ruido. Si no molesta al juego, sigues como si nada. Muchas cosas se apagan solas cuando no tienen respuesta.
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    Acércate sin dejar de dirigirTe colocas a su lado y sigues llevando el juego desde ahí. Sin mirarle y sin decirle nada.
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    Su nombre y una instrucciónEn voz baja y solo para él: «Leo, el balón al suelo». Una vez. Y le das unos segundos sin mirarle.
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    Dos opciones«Puedes jugar con las reglas o ayudarme con el marcador. Elige tú».

    Elige: gracias, y a seguir.Sigue igual: lo habláis aparte.

  6. 6
    Aparte y breveFuera del corro, agachado, con el grupo a la vista: «Así no puedo seguir el juego. ¿Qué necesitas para volver?». Vuelve en cuanto está listo. Mientras, se queda a tu lado, nunca solo.

Si otro adulto puede quedarse con el grupo, mejor. En nuestros campamentos hay una persona de coordinación sin grupo toda la jornada.

La misma escena, con otra frase

Las de la izquierda salen cuando estás cansado. Todas tienen público y casi todas piden una respuesta, que es justo lo que no quieres.

Lo que echa leña y lo que baja el tono
Echa leñaBaja el tono
Delante de todos«¡Siempre eres tú!»Vas hasta él y se lo dices solo a él.
La pregunta«¿A ti te parece normal?»«¿Qué necesitas para seguir jugando?»
La orden«¡Que pares ya!»«Las manos, quietas. Gracias.»
La amenaza«A la próxima llamo a tu madre.»«Si el balón vuelve a salir del campo, lo guardo y seguimos con el otro.»
El historial«Ayer igual, y el lunes también.»«Hoy empezamos de cero.»
El pulsoDiscutir quién tiene razón con el grupo mirando.«Lo hablamos tú y yo cuando acabe la ronda.»

Después: darle por las buenas lo que buscaba por las malas

Con lo del momento apagas el fuego. La semana cambia con lo que haces en frío, cuando no ha pasado nada.

Un encargo antes de empezar. Repartir los petos, llevar la lista, ser quien enseña el juego contigo. Si buscaba que le miraras, ya lo tiene, y encima por algo útil.

Verle cuando lo hace bien. Una frase concreta, sin teatro: «has esperado tu turno las tres veces». Si solo oye su nombre cuando molesta, su nombre acaba significando eso.

Cerca de ti al explicar. Antes de que se siente, y sin anunciarlo como castigo: «Leo, ponte aquí, que luego me ayudas con la demostración».

La pareja que se enciende, repartida. Si son dos los que se alimentan, los equipos los haces tú y caen en lados distintos, sin comentarlo. Cómo hacerlo sin que se note está en cómo hacer los equipos.

Una conversación corta. A solas, en un rato tranquilo: «en los juegos de balón te cuesta. ¿Qué te ayudaría?». Suelen saberlo mejor de lo que esperas. Uno pide jugar de portero, otro que le avises antes de cambiar de juego.

Cada día empieza de cero. El martes no se le recibe con lo del lunes. Si entra por la puerta con la etiqueta ya puesta, lo más cómodo para él es cumplirla.

Cuándo se lleva a coordinación

Pronto. En cuanto veas que se repite, que hay empujones o golpes, o que has probado dos cosas y ninguna sirve. Avisar el martes es trabajar en equipo. Si aguantas hasta el viernes, llegas con un problema grande y un monitor quemado.

Lleva hechos apuntados: en qué actividad, a qué hora, qué hizo, qué hiciste tú y cómo acabó. «Se porta fatal» no le sirve a nadie; «el lunes y el martes, en los dos juegos de balón, se llevó la pelota y empujó a dos» sí.

Puede que coordinación sepa cosas que tú no sabes, que hable con la familia o que proponga un ajuste. A veces basta con anticiparle los cambios o acortarle las esperas. Ponerle nombre a lo que le pasa no te toca a ti, ni comentarlo con otros monitores como si lo tuviera. Qué ajustes existen está en qué son los apoyos.

Si lo que hay es una pelea entre dos, un insulto o algo que va siempre contra el mismo compañero, el camino es otro: peleas, burlas y acoso. Y si el que ha perdido los papeles has sido tú, que también pasa, en los errores del monitor novato hay un apartado sobre qué hacer después.

Dudas sobre el que lo revienta

¿Qué hago con un niño que interrumpe todo el rato?

Empieza por lo mínimo: acercarte, decir su nombre con una instrucción corta en voz baja y darle a elegir entre jugar con las reglas o un papel de ayuda. Y, en frío, darle un encargo antes de que empiece la actividad.

¿Se le puede echar del juego?

Puede salir un momento contigo, cerca y a la vista, hasta que esté listo para volver. Mandarle solo a otro sitio o dejarle sin actividad el resto de la mañana, eso no.

¿Es mejor ignorarle?

Solo lo que no molesta al juego ni supone riesgo: una mueca, un comentario. Lo que afecta a los demás se atiende, con pocas palabras y sin público.

¿Y si el grupo se ríe de lo que hace?

Mientras se rían, tiene motivo para seguir. No regañes al grupo: cambia de ronda o de juego para cortar la escena y dale a él, en otro momento, una forma de destacar que no rompa nada.

¿Cuándo hay que avisar a la familia?

Eso lo decide y lo hace coordinación, en privado. A ti te toca contarle a coordinación lo que has visto, con hechos y el mismo día.

De dónde salen los datos

  1. 1 Ley Orgánica 8/2021, de 4 de junio, de protección integral a la infancia y la adolescencia frente a la violencia, artículo 1.2. Boletín Oficial del Estado. Ver la fuente

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