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Las normas del grupo: pocas, en positivo y el primer día

El lunes a las nueve y media tienes delante a diez niños que no saben qué se puede hacer aquí. Si no se lo dices tú, lo averiguarán probando.

7 min de lecturaPor el equipo de AZ Futura

Un grupo de niños sentados en una alfombra atiende a una adulta que les enseña un libro

Una norma le dice al niño qué va a pasar

Solemos pensar en las normas como en un freno. A un niño que llega a un sitio nuevo, con adultos que no conoce, le sirven más bien de mapa: le dicen hasta dónde puede ir, qué ocurre cuando suena un silbato y a quién acudir si algo va mal.

La Asociación Española de Pediatría lo explica a las familias con cuatro palabras: los límites dan seguridad, estructura, protección y aprendizaje social. Y añade un consejo práctico que vale tal cual para un patio: pocas normas y claras, mejor cuatro o cinco importantes que veinte imposibles de cumplir1.

Para quedarse en pocas hay además un motivo de oficio. Una norma solo existe si la sostienes siempre, y quince no las sostiene nadie. La que dejas pasar el martes les enseña que las demás también se pueden negociar.

Cuatro normas que cubren casi todo

Cada grupo las dirá con sus palabras, pero detrás suelen estar estas cuatro. Llevan su motivo, que también se cuenta.

  • Nos movemos juntosNadie sale del espacio del grupo sin decírselo a su monitor: ni al baño, ni a por agua, ni a por el balón que se ha ido. El motivo es que te tengo que poder contar.
  • Cuando suena la señal, paramos y miramosSe para el balón, se callan las manos y los ojos van al monitor. El motivo es que así tardamos menos en volver a jugar.
  • Nos tratamos bienLas manos, quietas. Sin motes y sin reírse de nadie. Si algo te molesta, se dice con palabras o se le cuenta al monitor. El motivo es que aquí todo el mundo tiene que estar a gusto.
  • Cuidamos el material y el sitioLo que sale de la caja vuelve a la caja, y lo que se ensucia se limpia entre todos. El motivo es que mañana lo usa otro grupo.

La misma norma, dicha de dos maneras

Una prohibición dice lo que no hay que hacer y deja al niño adivinando el resto. Una norma que se puede cumplir dice qué hacer, dónde y cómo.

De la prohibición a la norma
Como prohibiciónComo norma que se puede cumplir
Moverse«No os vayáis por ahí.»«Jugamos dentro de la valla. Para salir, me lo dices a mí.»
Escuchar«No habléis mientras hablo.»«Cuando levanto la mano, paramos y me miráis.»
El trato«No os peguéis ni os insultéis.»«Las manos, quietas. Lo que molesta se dice con palabras.»
El material«No rompáis nada.»«Cada cosa vuelve a su caja antes de sacar la siguiente.»
El agua«No juguéis con la fuente.»«A la fuente se va a beber, de dos en dos, y se vuelve.»

La versión en positivo tiene otra ventaja: se puede felicitar a quien la cumple. Con una prohibición solo puedes regañar a quien no.

Cómo se ponen en la primera asamblea

Diez minutos del primer día, sentados en corro, antes de la primera actividad. Con Primaria se construyen con ellos; con Infantil las traes tú.

  1. Uno

    Haz la pregunta

    «¿Qué tiene que pasar para que esta semana estemos todos a gusto?». Con los mayores salen solas: que no se cuelen, que no se rían, que se pueda elegir juego.

  2. Dos

    Recoge y junta

    Apunta lo que digan y agrúpalo. «Que no empujen» y «que no insulten» son la misma norma. Lo que falte, lo propones tú.

  3. Tres

    Dales la vuelta

    Casi todo sale en negativo. Entre todos se convierte: de «no pegar» a «las manos, quietas». Si la frase es suya, la defienden ellos.

  4. Cuatro

    Que se vean

    Escritas en una cartulina, con un dibujo cada una si hay niños que no leen, y colgadas donde se hace la asamblea.

  5. Cinco

    Ensaya la señal

    La norma de parar y mirar se practica en el momento, como un juego. Es la que vas a usar más veces.

Por qué merece la pena hacerlas con ellos

Se tarda más que leyendo una lista y compensa. Una norma que el grupo ha dicho con sus palabras ya no es «la del monitor». Cuando el miércoles alguien se cuela, el que protesta es el de detrás, y tú solo tienes que señalar la cartulina.

Es, además, lo que la ley pide a las entidades de ocio: fomentar la participación activa de niñas, niños y adolescentes en lo que tiene que ver con su formación2. Y decidir cómo se convive en su propio grupo es una manera bien directa de participar.

Con los de tres a cinco años se hace de otra manera. Las normas las llevas tú, son dos o tres, van con dibujo y se ensayan con el cuerpo: «¿cómo se camina por el pasillo? A ver esos pies de gato». Lo contamos en llevar un grupo de pequeños.

Cuando alguien la rompe

Va a pasar el mismo lunes y es normal, porque están comprobando si la cartulina va en serio. De lo que hagas las tres primeras veces depende el resto de la semana.

La primera vez, se recuerda

Sin enfado y sin discurso. Mejor con una pregunta que con una orden: «¿cuál era la norma de la fuente?». El niño la dice, tú asientes y se sigue. Casi siempre se acaba ahí.

La segunda, aparte y con arreglo

Te acercas, te agachas y hablas solo con él. Lo que venga después tiene que guardar relación con lo que ha pasado: quien ha tirado los rotuladores los recoge, quien ha estropeado el dibujo de otro le ayuda a rehacerlo, quien no puede parar con el balón lo deja a tu lado esta ronda y lo recupera en la siguiente. Primero se repara y después se vuelve al juego.

Si se repite, se cuenta

Cuando la misma norma se rompe cada día con el mismo niño, ya no es un asunto de normas. Se habla con coordinación, con hechos: qué pasó, cuándo y qué hiciste. Las técnicas para ese caso están en el que revienta el juego.

Las normas también son tuyas

Si en el grupo no se grita, tú no gritas. Si lo que sale vuelve a su caja, la tuya también. Si dijiste que después del almuerzo se elegía juego, se elige. La AEP lo dice con una frase que cualquier monitor ha comprobado: los niños aprenden más de lo que ven que de lo que oyen1.

A las normas les basta un minuto al día para seguir vivas. En la asamblea de cada mañana se repasan, se pregunta cuál costó más ayer y, si ha aparecido un problema nuevo, se añade una o se cambia otra. Con los mayores, el jueves se puede preguntar cuál sobra. La norma que ya nadie necesita se quita, y de eso también aprenden.

Puestas las normas, falta que te oigan cuando las recuerdas: cómo conseguir que te escuchen.

Dudas sobre las normas

¿Cuántas normas se le ponen a un grupo de niños?

Tres o cuatro. Moverse juntos, parar con la señal, tratarse bien y cuidar el material cubren casi todo. Con más, ni ellos las recuerdan ni tú puedes sostenerlas todas.

¿Las normas las pone el monitor o los niños?

Con Primaria y con adolescentes funciona mejor construirlas con ellos en la primera asamblea, completando tú lo que falte. Con Infantil las lleva el monitor, pocas y con dibujo. Las de seguridad de cada actividad no se negocian.

¿Qué hago si un niño no cumple las normas?

La primera vez, recordársela con una pregunta. La segunda, hablar aparte y que repare lo que haya hecho antes de volver al juego. Si se repite cada día, contarlo a coordinación con hechos.

¿Sirve quitar la piscina o el recreo?

No. Deja al niño sin actividad, no tiene relación con lo que ha hecho y muchas veces ni siquiera depende del monitor. Funciona mejor una reparación ligada a lo ocurrido y la vuelta al grupo.

¿Hay que repetir las normas todos los días?

Un minuto en la asamblea de la mañana basta: se leen, se pregunta cuál costó más ayer y se ajusta alguna si hace falta. Se cumplen mejor si las recuerdas en frío que si las recuerdas en medio de un lío.

De dónde salen los datos

  1. 1 Asociación Española de Pediatría, En Familia: «Normas y límites en la infancia actual: educar sin gritar, pero sin renunciar a guiar». Texto dirigido a familias. Ver la fuente
  2. 2 Ley Orgánica 8/2021, de 4 de junio, de protección integral a la infancia y la adolescencia frente a la violencia, artículos 1.2 y 48.1.e). Boletín Oficial del Estado. Ver la fuente

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