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Transiciones, filas y traslados: los ratos entre actividades

En la programación pone «10:00, taller» y «11:15, almuerzo». Cómo llegan diez niños del taller al almuerzo no lo pone en ningún sitio, y de eso dependen muchas mañanas.

7 min de lecturaPor el equipo de AZ Futura

Un grupo de niñas y niños sentados en fila sobre la hierba, sonriendo

El rato que nadie ha preparado

Una actividad tiene objetivo, material y un monitor que sabe lo que hace. El cambio entre dos actividades no tiene nada de eso y, encima, junta todo lo que complica un grupo: hay que dejar algo que gustaba, recoger, moverse por un pasillo, esperar a los lentos y colocarse en un sitio nuevo.

Los monitores que llevan los grupos más tranquilos tratan cada cambio como una actividad pequeña. Con su principio, una tarea para cada niño y su final. No hace falta más que haberla pensado antes de dar la señal.

Una transición, de principio a fin

Del final de un juego en el patio a la puerta del comedor. El orden importa más que los minutos, que son orientativos.

Seis momentos de un cambio de actividad
  1. Antes
    Avisa de que se acaba«Dos rondas más y recogemos». Nadie suelta un juego de golpe con buena cara. El aviso le da tiempo a hacerse a la idea.
  2. Señal
    Una sola tarea«Cada uno trae un cono a la caja y se sienta en la línea». El grupo recoge contigo; si recoges tú solo, tienes diez niños sin nada que hacer.
  3. Sentados
    Di adónde y a qué«Vamos al comedor. Al llegar, manos y a nuestra mesa». Saber lo que viene quita la mitad de las preguntas.
  4. Al salir
    CuentaAntes de dar un paso. Uno abre la marcha, tú donde veas a todos.
  5. En marcha
    Algo que hacer por el caminoUna canción, seguir al primero, andar de una manera. Un grupo que camina con una tarea no se estira.
  6. Al llegar
    Cuenta otra vez y colocaUn sitio claro donde ponerse y la primera instrucción ya dicha. La transición acaba cuando están colocados, no cuando has llegado tú.

La fila: para qué sí y para qué no

La fila sirve para una cosa, que quepan diez niños por donde solo cabe uno: una puerta, un pasillo estrecho, una escalera, la entrada al comedor. Ahí es útil, porque ordena y deja contar de un vistazo.

Para esperar, en cambio, no vale. Diez niños en fila durante cinco minutos, sin nada que hacer, acaban en empujones, colados y una discusión por ser el primero. Si hay que esperar, mejor sentados y con un juego de los de más abajo.

Cómo se hace una fila que dure

Se forma en un sitio marcado: una línea del suelo, una pared, «desde este banco hacia atrás». Va por parejas cuando el paso lo permite; los pequeños, de la mano. Alguien abre y alguien cierra, y el que cierra sabe que detrás de él no puede haber nadie.

El puesto de primero se reparte antes de que haya pelea. Un encargado de abrir la marcha que cambia cada día, por orden de lista, y se acabó el asunto para toda la semana. Y al llegar al sitio estrecho se dice qué pasa al otro lado: «al cruzar la puerta, esperamos en la pared de la derecha».

Seis maneras de moverse juntos sin fila

Para trayectos anchos dentro del recinto. En todas el grupo va compacto y tú los ves a todos, que es de lo que se trata.

  • El trenTodos siguen al primero imitando cómo anda. Para Infantil y primeros cursos. Se deshace si el trayecto es largo: cambia de maquinista a mitad de camino.
  • Andar como…Como gigantes, de puntillas, a cámara lenta, sin hacer ruido «para que no nos oigan». Con pequeños convierte el pasillo en juego. Con mayores, solo la versión del silencio, y como reto.
  • Por parejasCada uno responde de su pareja al llegar. Sirve a todas las edades y hace el recuento fácil. Ojo con quien se queda sin pareja siempre: emparejas tú.
  • Entre dos adultosUn monitor delante y otro detrás, y el grupo suelto entre los dos. Cuando hay dos adultos es lo más cómodo; los niños saben que no se adelanta al primero ni se queda detrás del último.
  • Por tramos«Hasta la columna, y allí me esperáis». El grupo avanza solo de punto en punto. Para mayores de Primaria: les da autonomía y a ti te deja ir con los rezagados.
  • Por equiposSi vienen de un juego por equipos, cada equipo va junto con alguien que lo cuenta. Ya tienen costumbre de mirarse entre ellos.

Contar: cuándo y cómo

Se cuenta al salir de un sitio, al llegar a otro y cada vez que tu grupo se ha mezclado con más niños: el recreo, un gran juego, el comedor. Para contar bien tienes que saber el número de hoy, que no siempre es el de la lista: quién ha faltado y quién se ha ido antes se mira a primera hora.

Se cuenta con el grupo quieto. En silencio y dos veces, o por parejas, que es más rápido. Los mayores pueden numerarse en voz alta, cada uno con un número fijo para toda la semana; así el grupo entero se entera de quién falta antes que tú.

Si la cuenta no sale, no se sigue andando y no se manda a nadie a buscar. Sientas al grupo, vuelves a contar con calma y, si sigue faltando uno, avisas a coordinación en ese momento. Tú te quedas con los que tienes delante.

Cinco juegos de bolsillo para las esperas

Sin material, sentados y de voz baja. Son tradicionales y casi todos los niños los conocen. Mejor, porque así no hay nada que explicar. Las edades son orientativas.

  • Veo, veoDesde cuatro años. Con los pequeños, por colores en lugar de letras. Falla si adivinan siempre los mismos: quien acierta elige a quién le toca.
  • Simón diceDe cuatro a nueve años. Solo se obedece la orden que empieza por «Simón dice». Mejor sin eliminar: quien se equivoca da una palmada y sigue jugando.
  • El teléfono escacharradoDesde seis años, sentados en hilera. Un mensaje susurrado de oreja en oreja. Lo bueno es que deja al grupo en silencio. Se alarga con más de doce: haz dos hileras.
  • Palabras encadenadasDesde siete años, cuando ya leen con soltura. Cada palabra empieza por la última sílaba de la anterior. Con los mayores, por temas: animales, comidas, sitios.
  • Piedra, papel o tijeraDesde seis años, por parejas. Quien pierde se coloca detrás de quien gana y le anima, hasta que quedan dos trenes. Ocupa unos minutos y acaba con todo el grupo mirando al mismo sitio.

El baño y el agua, antes de salir

Lo que más interrumpe un traslado es «tengo pis» y «tengo sed». Buena parte se evita con un momento fijo: antes de salir de un sitio, todo el grupo pasa por la fuente y quien lo necesita va al baño. Son unos minutos, y te ahorras las diez salidas sueltas de la hora siguiente.

Cómo se va al baño cuando alguien lo pide a mitad de actividad depende del sitio: dónde están los aseos, si se ven desde el patio, cuántos adultos hay. Pregúntalo en la reunión de equipo antes del primer día, y la respuesta se le cuenta al grupo en la primera asamblea. Lo repasamos en tu primer campamento.

Las salidas fuera del recinto tienen sus propias normas, las fija coordinación y no se improvisan: recorrido, número de adultos y cómo se cruza.

Y si el cambio se tuerce

Que un traslado salga mal una vez es mala suerte. Si sale mal todos los días a la misma hora, es que sobra tiempo muerto o falta una tarea. Prueba a adelantar el aviso o a dar un encargo a quien siempre se descuelga.

Las palabras exactas para cada paso están en cómo dar instrucciones a un grupo. Y si a mitad de pasillo el grupo ya se ha deshecho, lo que toca está en cuando se te va el grupo.

Dudas sobre filas y traslados

¿Hay que llevar a los niños siempre en fila?

No. La fila sirve para pasos estrechos y para entrar ordenados a un sitio. En trayectos anchos dentro del recinto, ir por parejas, por tramos o entre dos adultos mantiene al grupo junto con menos roces.

¿Cómo evito las peleas por ser el primero de la fila?

Con un encargado de abrir la marcha que cambia cada día por orden de lista. Lo anuncias el lunes y ya no se discute más.

¿Cada cuánto hay que contar al grupo?

Al salir de un sitio, al llegar a otro y siempre que el grupo se haya mezclado con otros niños. Con el grupo quieto, y sabiendo cuántos han venido ese día.

¿Qué hago si al contar me falta un niño?

Parar, sentar al grupo, contar de nuevo y, si sigue faltando, avisar a coordinación en el momento. No dejes al grupo para ir a buscarle ni mandes a otro niño.

¿Qué hago mientras esperamos turno para el comedor o el baño?

Sentarlos y jugar a algo que no necesite explicación ni material: veo, veo, Simón dice, el teléfono escacharrado o palabras encadenadas. Con un juego la espera se pasa enseguida. Sin él se hace eterna.

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