Tienes algo que decir y veinte niños que están a otra cosa. Puedes competir con ellos en volumen, y perder. O usar algo que funciona precisamente porque no hace ruido.
7 min de lecturaPor el equipo de AZ Futura
El grito funciona una vez
La primera vez que gritas, el grupo se calla del susto. La segunda ya sabe cuánto ruido puede hacer antes de que grites. A la tercera les has enseñado, sin querer, que mientras hables en tono normal no hace falta escucharte.
Y luego está lo práctico. Un patio con veinte niños hace más ruido que tú y aguanta más horas. Quien lo fía todo a la garganta llega afónico al miércoles, y de eso ya hablamos en lo que no te enseñan en el curso.
Lo otro es una señal: un gesto o un sonido que significa siempre lo mismo, «paramos y miramos», y que se contagia de niño a niño. No te pide voz y, de paso, se ve quién falta por llegar.
Siete señales y a quién le sirve cada una
Las usan monitores y maestros en todas partes. Elige una, como mucho dos, y quédate con ellas toda la semana.
La mano levantadaLevantas la mano y te callas. Quien te ve hace lo mismo y avisa con el gesto al de al lado. De 1.º de Primaria a adolescentes. Falla si sigues hablando con la mano arriba: la señal eres tú callado.
Palmadas con ecoDas un ritmo corto de palmas y el grupo lo repite. De Infantil a 4.º. Falla si lo haces cinco veces seguidas: se convierte en un juego de palmas. Una o dos, y a esperar.
«Si me oyes…»En voz baja: «si me oyes, tócate la nariz». Luego las orejas, luego los hombros. Los que están cerca empiezan y los demás miran qué pasa. Infantil y primeros cursos. Falla si lo dices alto: la gracia es que haya que callar para oírlo.
La cuenta atrásCinco dedos en alto que vas bajando, en silencio o diciendo los números muy bajo. Toda Primaria. Falla cuando al llegar a cero no pasa nada: en el cero empiezas a hablar, estén o no.
La frase a mediasTú dices la primera mitad y el grupo contesta la segunda, que habéis inventado juntos el lunes. Infantil y hasta 3.º. Con los mayores solo si la han elegido ellos; impuesta les suena a parvulario.
Un sonido que no es tu vozSilbato, pandero o campanilla. Para espacios grandes y juegos de mucha carrera, donde un gesto no se ve. Falla si lo usas para todo: un toque significa «todos quietos», y nada más.
EstatuasDices «¡estatuas!» y todo el mundo se congela como esté. Infantil y primeros cursos. Sirve para cortar una carrera de golpe. Falla si los tienes congelados medio minuto: dura lo que tardas en dar una instrucción.
La señal se enseña antes de necesitarla
Si la estrenas en mitad de un lío, no va a funcionar. Se presenta el primer día, en la asamblea, con el grupo tranquilo.
Uno
Cuéntala
«Cuando levante la mano, levantáis la vuestra, cerráis la boca y me miráis». Tres acciones, dichas con el gesto.
Dos
Ensáyala como un juego
«Hablad todos a la vez, lo más alto que podáis». Señal. «Otra vez, a ver si tardamos menos». Les encanta ganar a su propia marca.
Tres
Úsala igual siempre
Misma señal, mismo significado, mismo sitio si puede ser. Si un compañero lleva otra con su grupo, no pasa nada: cada grupo, la suya.
Cuatro
Agradece a los que llegan
«Gracias, Noa. Gracias a los de la pared». Nombrar a quien ya está funciona mejor que nombrar a quien falta.
Lo difícil viene después: esperar
Haces la señal y a los tres segundos te mira medio grupo. Dan ganas de empezar con esos. Si lo haces, los otros diez aprenden que la señal es para quien quiera. Así que esperas callado, mirando a los que ya están, sin poner cara de enfado. Son unos segundos que se hacen largos.
Mientras esperas, el cuerpo ayuda. Si dos siguen hablando, te acercas y te quedas a su lado sin decir nada; casi siempre basta. Si es un único niño, su nombre en voz baja y nada más. Comentar en alto quién falta, eso no: le das público justo al que lo estaba buscando.
Y cuando estén todos, habla bajo. Un grupo ajusta su volumen al tuyo. Si arrancas fuerte, a los diez segundos tienes murmullo. Si arrancas casi en susurro, se inclinan para oírte.
Antes de abrir la boca
El sitio hace la mitad del trabajo
Muchas veces no te escuchan porque no pueden. Tienen el sol en los ojos, a otro grupo jugando detrás de ti o un balón en las manos. Antes de pedir atención, quita lo que compite contigo.
Ellos, juntos y sentados, mejor en semicírculo que en corro cerrado, porque en un corro siempre das la espalda a alguien. Tú, donde te vean todos, con una pared o una valla detrás y el sol de cara. El material, guardado hasta que acabes de hablar: nadie atiende con un aro en la mano.
Los dos que se encienden juntos, separados antes de empezar y sin anunciarlo. Te sientas entre ellos o le pides a uno que te sujete la lista. Y la distancia, corta: lo que se dice a dos metros no hay que gritarlo.
Una señal se gasta o se cuida
La misma mano levantada funciona en un grupo todo el verano y en otro deja de servir el jueves. La diferencia está en cómo se usa.
Lo que desgasta una señal y lo que la mantiene
La gasta
La mantiene
Cuántas veces
Usarla cada dos minutos, para cualquier cosa.
Reservarla para cuando tienes algo que decir a todos.
Lo que viene detrás
Un sermón de tres minutos sobre lo mal que escuchan.
Una instrucción corta, y a seguir jugando.
A quién esperas
Empezar con medio grupo y repetir luego para el resto.
Esperar a todos y decirlo una sola vez.
La constancia
Cambiar de señal cada día porque «la otra ya no va».
La misma toda la semana, aunque un día cueste.
El tono
Hacerla enfadado, como una amenaza.
Hacerla tranquilo, como quien enciende una luz.
El ejemplo
Hablar con tu compañero mientras otro monitor la hace.
Los adultos también paran y miran.
La voz se usa como el silbato: poco
Resuelta la señal, la voz queda para decir cosas, que es para lo que sirve. Hay cuatro costumbres que la ahorran. Reunir al grupo antes de hablar, en lugar de hablar a un grupo disperso. Acercarte a quien quieres decirle algo, en vez de llamarle desde la otra punta. No hablar andando ni de espaldas, porque la mitad no te oye y lo vas a tener que repetir. Y dejar los avisos largos para la asamblea, que para eso está.
Fuera, el viento y el espacio abierto se comen la voz. Ahí sale a cuenta hablar todavía menos y enseñar con el cuerpo: señalas la portería, haces tú el recorrido, levantas el peto del color que toca.
Si la ronquera te dura más de un fin de semana, eso ya es cosa de tu médico y no de una guía.
Dudas sobre pedir silencio
¿Cuál es la mejor señal para pedir silencio?
La que uses siempre igual. Con pequeños funcionan las palmadas con eco y «si me oyes, tócate la nariz». De 1.º de Primaria en adelante, la mano levantada. En un espacio grande, un silbato con un único significado.
¿Y si hago la señal y no me hacen caso?
Espera callado unos segundos y acércate a los que siguen hablando. Si aun así no responde nadie, lo normal es que el problema esté en otra parte: cansancio, calor o una actividad que se ha alargado. Toca mover al grupo o cambiar de plan.
¿Es malo usar el silbato?
No, si significa una sola cosa y suena poco. Es útil en campo abierto, donde un gesto no se ve. Usado cada minuto y para todo, el grupo deja de oírlo.
¿Cómo pido atención a adolescentes?
Con la mano levantada o, sin más, colocándote y esperando. Las canciones y las retahílas les resultan infantiles salvo que las propongan ellos. Ayuda decir para qué necesitas dos minutos y cumplir con que sean dos.
¿Qué hago con el niño que sigue hablando cuando todos callan?
Acercarte y quedarte a su lado, o decir su nombre en voz baja. Sin comentarlo delante del grupo. Si le ocurre siempre, siéntale cerca de ti antes de empezar, sin presentarlo como un castigo.