Con los de Infantil no vale casi nada de lo que funciona con los de diez. No esperan turno, no entienden un «luego» y te siguen por el patio como patos. A cambio, se apuntan a todo.
7 min de lecturaPor el equipo de AZ Futura
Te siguen a ti, más que al juego
Un grupo de nueve años se engancha a la actividad: si el juego es bueno, casi da igual quién lo lleve. Uno de cuatro se engancha al adulto. Hacen lo que haces, van adonde vas y se inquietan cuando dejan de verte. Por eso con ellos se trabaja desde dentro del corro, sentado en el suelo, y pocas veces desde el borde.
En la práctica quiere decir que a los pequeños se les dirige con el cuerpo y muy poco con la palabra. Si quieres que se sienten, te sientas. Si quieres que recojan, empiezas a recoger cantando. Si quieres silencio, te llevas un dedo a los labios y abres mucho los ojos.
Lo que viene ahora es oficio de patio. Y cada niño lleva su ritmo, que a esta edad unos meses de diferencia se notan mucho.
Pequeños y mayores, lado a lado
El mismo oficio con las reglas cambiadas. Entre una columna y otra están los de seis a ocho años, que tienen un poco de cada.
Qué cambia de Infantil a los últimos cursos de Primaria
Infantil
De 4.º a 6.º de Primaria
El centro
El adulto. Necesitan verle y tenerle cerca.
El grupo. Les importa lo que piensan los de al lado.
Las normas
Las trae el monitor: dos o tres, con dibujo, ensayadas con el cuerpo.
Las proponen y las discuten ellos, y detectan la que no tiene motivo.
Explicar
Lo haces tú y te imitan. Una sola regla.
Un minuto, demostración y ronda de prueba.
Los turnos
Todos a la vez o en grupos muy pequeños. Esperar les cuesta.
Aguantan turnos y relevos, si la espera es corta.
Ganar y perder
Sin eliminados y sin marcador. Se juega por jugar.
Marcador, revancha y árbitro. Quieren que sea justo.
Moverse
De la mano o en tren, con canción.
Por tramos y con responsables: «hasta la columna y me esperáis».
Cuando algo va mal
Cerca, pocas palabras y cambio de actividad.
Aparte, sin público, y que proponga él cómo arreglarlo.
El error típico
Hablarles mucho y pedirles que esperen.
Tratarles como a pequeños, o hacerse su colega.
Criterio de oficio, no una tabla de desarrollo. En nuestros campamentos los grupos se hacen por curso y las actividades cambian por etapa.
La rutina es la mitad del trabajo
A un niño de cuatro años en un sitio nuevo le tranquiliza saber qué viene después. Como todavía no maneja bien el reloj ni el «dentro de un rato», lo sabe por el orden: primero el corro, luego el juego, luego el almuerzo. Si ese orden es el mismo cada día, el miércoles ya te lo cuenta él.
Con Infantil hay que repetir más de lo que a un adulto le parece razonable. El mismo sitio para la asamblea, la misma canción para recoger, la misma manera de ir al baño. Lo nuevo va dentro de la actividad. Todo lo de alrededor se queda como estaba.
Los cambios se anuncian antes y con pocas palabras: «un tobogán más y vamos a almorzar». Ayuda tener el día dibujado en la pared, con tres o cuatro imágenes que se van señalando. Le viene bien a todo el grupo y a algunos niños les hace mucha falta. Lo explicamos en accesibilidad cognitiva.
Una asamblea de Infantil
Corta y siempre con la misma forma. Si a mitad se empiezan a tumbar, se pasa directamente al último punto.
Cinco momentos, en el mismo orden cada día
Uno
Al corroLa canción de siempre mientras van llegando. Cada uno a su sitio; si hace falta, marcado en el suelo.
Dos
Quién ha venidoLos nombres, uno a uno, con un saludo que elige cada niño. Es pasar lista, y para ellos es su momento.
Tres
Qué toca hoyTres dibujos, tres frases. «Primero pintamos, luego almorzamos, luego patio».
Cuatro
La norma del díaUna sola, ensayada: «¿cómo andamos por el pasillo? Enseñadme esos pies de gato».
Cinco
ArribaDe pie, una canción con gestos, y de ahí directos a la actividad. Sin tiempo muerto entre medias.
En nuestros campamentos la mañana empieza con rincones de juego y sigue con la asamblea.
Ocho cosas que cambian en la práctica
AgáchateA la altura de sus ojos. Desde arriba eres unas piernas que hablan.
Frases de cinco palabras«Los zapatos, en la caja». Lo que no cabe en una frase corta se enseña haciéndolo.
Una cosa cada vez«Coge la mochila». Y cuando la tienen: «ahora, a la pared». Dos encargos juntos se quedan en el segundo.
Hazlo tú primeroEl gesto, el recorrido, el nudo. Te miran las manos, así que enséñales las manos.
Cuerpo antes que sillaDespués de un rato sentados, algo de moverse; después de moverse, algo de calma. Alternar evita la mayoría de los líos.
Todo con cuento«Somos piratas y hay que guardar el tesoro antes de que suba la marea» recoge un aula más rápido que cualquier orden.
Turnos cortísimosNada de una fila de diez esperando para tirar a una canasta. Tres canastas, o todos a la vez con su pelota.
El baño, el agua y la ropa son actividadPonerse los zapatos lleva su tiempo. Cuenta con él en vez de pelearte con él, y deja que lo intenten solos antes de ayudar.
El llanto de la puerta, el pis y el enfado
Llora al entrar
Es frecuente los primeros días y casi siempre dura poco. Por tu parte ayuda una bienvenida por su nombre, algo en las manos nada más entrar, como plastilina, un puzle o regar una planta, y quedarte cerca sin agobiarle. Si el llanto sigue pasado un rato o se repite cada día, se lo cuentas a coordinación, que es quien habla con la familia. Lo que les decimos a ellas está en echar de menos.
Se le escapa el pis
Pasa, y más cuando están concentrados jugando. Se arregla con discreción y sin comentarlo delante del grupo: se le acompaña a cambiarse con la ropa de repuesto y se avisa a coordinación para que la familia lo sepa.
Se enfada mucho
Le han quitado la pala, ha perdido su sitio en el corro, quería ser el primero. A esta edad el enfado llega entero y de golpe. Hablarle mucho en ese momento no sirve de nada. Mejor estar cerca, asegurarte de que no se hace daño ni se lo hace a otro, y decir muy poco. La Asociación Española de Pediatría propone a las familias una frase que puedes usar tal cual: «entiendo que estás enfadado, pero no puedes pegar»1. Reconoce lo que siente y mantiene el límite.
No se le sujeta para que pare ni se le deja solo en otro sitio. Si pega o lanza cosas, se aparta a los demás y se avisa a coordinación. Cuando se le pasa, vuelve al juego sin sermón.
Los conflictos de los tres años son de juguetes
Casi todos empiezan igual: uno tiene algo y otro lo quiere. Un tirón, un empujón, un llanto. Casi siempre lo que les falta es la frase.
Así que se la prestas. Te agachas entre los dos y pones las palabras: «dile: lo tenía yo, devuélvemelo». Y al otro: «si lo quieres, se pide: ¿me lo dejas cuando acabes?». Las primeras veces las repiten detrás de ti, y a los pocos días empiezan a decirlas solos.
Para lo que pasa de ahí, cuando hay un mordisco, un golpe o un niño que acaba siempre apartado, lee peleas, burlas y acoso.
¿Cómo consigo que un grupo de 3 a 5 años me haga caso?
Haciendo tú lo que quieres que hagan. Te sientas, recoges o te callas, y ellos te imitan. Además, frases muy cortas, una cosa cada vez y la misma rutina todos los días.
¿Qué juegos funcionan con niños de Infantil?
Los de una sola regla, sin eliminados y con todos jugando a la vez: corros, canciones con gestos, imitar animales, el paracaídas. En la guía de juegos hay un apartado por edades.
¿Qué hago si un niño pequeño llora al llegar?
Recibirle por su nombre, darle algo que hacer con las manos y quedarte cerca. Suele pasar pronto. Si se alarga o se repite cada día, lo cuentas a coordinación, que habla con la familia.
¿Cómo se ponen normas a niños tan pequeños?
Dos o tres, con un dibujo cada una, y ensayadas con el cuerpo como si fueran un juego. Se repasan cada mañana en la asamblea.
¿Y si tiene una rabieta en mitad de la actividad?
Te quedas cerca, compruebas que no se hace daño ni se lo hace a otros y hablas poco. No se le sujeta ni se le deja solo. Si pega o lanza cosas, apartas al grupo y avisas a coordinación.
De dónde salen los datos
1 Asociación Española de Pediatría, En Familia: «Normas y límites en la infancia actual: educar sin gritar, pero sin renunciar a guiar». Texto dirigido a familias. Ver la fuente