Plastilina, pasta de sal y arcilla: modelar con las manos
Modelar es la única manualidad que perdona: si no gusta, se aplasta y se empieza otra vez. Por eso funciona con quien se frustra con las tijeras. Hay tres masas y cada una sirve para una cosa. Van las tres, la receta de la pasta de sal y cuatro piezas con su ficha.
7 min de lecturaPor el equipo de AZ Futura
Tres masas y para qué es cada una
Para elegir, lo primero es saber si la pieza se va a guardar.
Plastilina, pasta de sal y arcilla de secado al aire
Plastilina
Pasta de sal
Arcilla que seca al aire
Se endurece
No. Se deshace y se vuelve a usar.
Sí: al aire en varios días o en el horno.
Sí, al aire, en uno o varios días según el grosor.
Se pinta
No hace falta: ya tiene color.
Sí, con témpera, cuando está seca del todo.
Sí, cuando está seca.
Para qué
Jugar, probar, contar un cuento con figuras.
Colgantes, huellas, piezas planas para regalar.
Cuencos y figuras con volumen.
Desde cuándo
Tres años.
Tres años para amasar; cuatro para hacer piezas.
Seis o siete años.
Lo que falla
Se endurece con el frío y los colores se mezclan.
Piezas gruesas que no secan por dentro.
Se agrieta si seca deprisa o si las uniones están mal hechas.
Criterio de oficio. La pasta de sal se hace en casa; las otras dos se compran. En las compradas, la edad recomendada y las instrucciones son las del envase.
La pasta de sal: dos de harina, una de sal, una de agua
La receta de siempre, medida con el mismo vaso. Con dos vasos de harina hay masa para cuatro o cinco niños.
Uno
Mezclar lo seco
En un bol grande, dos vasos de harina de trigo corriente y un vaso de sal fina. Se remueve con la mano.
Dos
El agua, poco a poco
Un vaso de agua, añadido en tres o cuatro veces y mezclando entre una y otra. Puede no hacer falta todo.
Tres
Amasar
Sobre la mesa, de cinco a diez minutos, hasta que la masa esté lisa y no se pegue a los dedos. Es la parte que más les gusta.
Cuatro
Corregir
Si se pega, una cucharada de harina. Si se desmigaja o se agrieta, las manos mojadas y seguir amasando.
Cinco
Guardar
La que no se use, en una bolsa cerrada y sin aire. La que queda al aire hace costra en media hora.
El secado: fino, despacio y dando la vuelta
Una pieza de pasta de sal seca bien si no pasa de un dedo de gruesa. Al aire, sobre una rejilla o un papel de horno, tarda varios días y hay que darle la vuelta cada día para que seque por abajo. Está lista cuando suena a galleta al golpearla con la uña y ha perdido el tono húmedo por las dos caras.
El horno acorta la espera y es cosa del adulto. Va a temperatura baja, alrededor de cien grados, un par de horas o más según el grosor. Si la pieza se hincha o se dora, el horno está demasiado fuerte.
Una vez seca se pinta con témpera. Para que dure, una mano de cola blanca rebajada con un poco de agua, a pincel, por las dos caras: al secar queda transparente y la protege de la humedad, que es lo que acaba con estas piezas.
Bola, churro y placa: con eso se hace todo
Casi cualquier figura sale de tres formas. La bola se hace girando la masa entre las dos palmas. El churro, rodándola sobre la mesa con los dedos abiertos, del centro hacia fuera. La placa, aplastándola con un rodillo o con un vaso tumbado. Antes de proponer una figura, cinco minutos de hacer solo bolas y churros ahorran media sesión de «no me sale».
Que una figura llegue a casa entera o en piezas depende de las uniones. En plastilina se aprieta una parte contra otra y se alisa la junta con el dedo. En pasta de sal y en arcilla, las dos superficies se rayan con un palillo, se mojan con un dedo y entonces se aprietan: pegadas en seco, se sueltan al secar.
De herramientas basta con lo que hay en una cocina: un rodillo, palillos, un tenedor para hacer texturas, cortapastas, una pajita para abrir agujeros y un prensador de ajos, del que sale un pelo estupendo. Y una base por niño, un mantel individual o una tapa de plástico, porque la plastilina deja cerco de grasa en la madera.
Cuatro piezas, de menos a más
El caracol de plastilina
Edad: desde los tres años. Tiempo: veinte minutos. Material: plastilina de dos colores y un palillo sin punta.
Dos churros. Uno se enrolla sobre sí mismo como una ensaimada: es la concha. El otro, más corto y gordo, es el cuerpo; se le levanta un extremo para la cabeza y se le pone la concha encima. Los cuernos, dos churritos; los ojos, dos marcas de palillo. Con el mismo par de formas salen una serpiente, un gusano y una oruga hecha de bolas.
La huella de la mano
Edad: cualquiera, con un adulto. Tiempo: veinte minutos, más el secado. Material: pasta de sal, un rodillo, un bol para recortar el círculo y un palillo.
Se extiende una placa de un dedo de gruesa y se recorta un círculo apretando el borde de un bol. El niño apoya la mano con los dedos abiertos y el adulto se la aprieta dedo a dedo. Con el palillo se escriben el nombre y el año por detrás, y con la pajita se abre un agujero arriba si se va a colgar. En los talleres en familia es la pieza que toca: una por niño, y un adulto para cada uno.
Los colgantes con cortapastas
Edad: desde los cuatro años. Tiempo: cuarenta y cinco minutos para modelar y otra sesión para pintar. Material: pasta de sal, rodillo, cortapastas de formas sencillas, una pajita, témpera y cinta o lana.
La masa se extiende hasta el grosor de medio dedo, se corta con los moldes y, antes de mover nada, se abre el agujero con la pajita, a un dedo del borde. Las figuras se levantan con una espátula y se dejan secar. Se pueden marcar texturas con un tenedor, con el borde de un tapón o con una hoja apretada contra la masa. El segundo día se pintan y se les pasa la cinta.
Qué suele fallar. El agujero demasiado cerca del borde, que se rompe al colgar. La placa demasiado fina, que se parte al despegarla de la mesa; si se extiende sobre papel de horno, no pasa. Y pintar antes de que esté seca por dentro.
El cuenco de pellizco
Edad: desde los siete años. Tiempo: cuarenta y cinco minutos. Material: arcilla de secado al aire, un cuenco con un poco de agua y una base.
Se hace una bola del tamaño de una mandarina. Se hunde el pulgar en el centro, sin llegar al fondo. Con el pulgar dentro y los demás dedos fuera, se va pellizcando la pared mientras se gira la bola en la otra mano, de abajo arriba, hasta que tenga el grosor de un dedo meñique por todas partes. Las grietas del borde se cierran con el dedo apenas húmedo. Se deja secar despacio, lejos del radiador y del sol.
Qué suele fallar. Mojan la arcilla hasta convertirla en barro: el agua es para alisar, una gota. Las paredes desiguales, finas arriba y gordas abajo, se agrietan al secar. Y el fondo agujereado por el pulgar.
Preguntas frecuentes
¿Cómo se hace la pasta de sal?
Con dos vasos de harina de trigo, un vaso de sal fina y un vaso de agua, que se añade poco a poco. Se amasa de cinco a diez minutos, hasta que la masa queda lisa y no se pega a las manos.
¿Cuánto tarda en secar la pasta de sal?
Al aire, varios días, dándole la vuelta a diario; depende del grosor y de la humedad de la casa. En el horno, a temperatura baja, un par de horas o más. Las piezas de más de un dedo de grosor secan mal.
¿Por qué se agrietan las figuras?
En la pasta de sal, por falta de amasado o por una masa demasiado seca. En la arcilla, por secar deprisa junto a una fuente de calor o por paredes de grosor desigual.
¿La plastilina se puede endurecer para guardar la figura?
La plastilina corriente no se endurece: está hecha para deshacerse y volver a usarse. Si la pieza se quiere conservar, se modela con pasta de sal o con arcilla de secado al aire.
¿Qué hago con la plastilina que se ha puesto dura?
Calentarla un rato entre las manos y amasarla: con el calor vuelve a ablandarse. En invierno conviene repartirla unos minutos antes de empezar.