Manualidades con cosas del campo: piedras, palos y flores
Un paseo de media hora llena una bolsa de material que no se vende en ningún sitio: piedras lisas, palos, plumas, flores caídas. Parte de la gracia es que no hay dos iguales. Cinco piezas con su ficha para cualquier mes del año, y una que ni siquiera se lleva a casa.
7 min de lecturaPor el equipo de AZ Futura
Cada mes deja algo en el suelo
Piedras y palos hay siempre. Lo demás tiene temporada, y conviene saberla antes de proponer la pieza.
Qué se puede recoger a lo largo del curso
SepOctNovDicEneFebMarAbrMayJunJulAgo
Piedras y palos
Hojas de colores
Piñas, bellotas y castañas
Flores y pétalos caídos
Hierbas secas y espigas
Orientativo, para el centro de la Península: cada año y cada sitio adelantan o retrasan las fechas. Lo de octubre y noviembre tiene su página, con el secado de las hojas explicado: manualidades de otoño.
Del suelo, poco y nada vivo
Las normas del paseo no cambian en todo el año. Se recoge lo que ya está caído, no se arranca nada de una planta ni de un árbol, se coge poco y de sitios distintos, y lo que tiene bichos se deja donde estaba, que es su casa. En los espacios naturales protegidos se pregunta antes, porque cada uno tiene sus normas. Y nada de lo recogido se come.
Una bolsa de papel o una huevera vacía por niño ordenan la recogida. La huevera, con sus doce huecos, convierte el paseo en una colección. También se puede salir con un encargo: algo liso, algo rugoso, algo más largo que tu mano, algo de un color que no sea marrón.
En casa o en el aula, todo se limpia antes de usarlo. Las piedras se lavan con agua y un cepillo y se dejan secar un día entero; los palos se sacuden y se les quita la corteza suelta; las flores y las hojas se prensan entre papel de periódico bajo una pila de libros. Y las manos, lavadas al volver.
Piedras pintadas: la piedra decide el dibujo
Edad: desde los cuatro años. Tiempo: una hora, en dos ratos. Material: piedras lisas y limpias, de las que caben en la palma de la mano; pintura acrílica o témpera; pinceles finos y gordos; bastoncillos de algodón; cola blanca para proteger, y delantal.
Antes de pintar se mira la piedra por todos los lados, porque la forma ya sugiere algo: una redonda y abombada es una mariquita; una alargada, un pez o un coche; una triangular, una porción de sandía o una casa. Se da una capa de fondo y se deja secar. Los detalles se pintan encima: los lunares salen perfectos con un bastoncillo de algodón mojado en pintura y apoyado sin arrastrar.
Si se ha usado témpera, la piedra necesita protección o el dibujo se irá con la primera lluvia: una mano de cola blanca rebajada con un poco de agua, que al secar queda transparente. La pintura acrílica aguanta sola, pero no sale de la ropa una vez seca.
Con las piedras pintadas, además, se juega. Cinco con un dibujo y cinco con otro, sobre una cuadrícula trazada con tiza, son un tres en raya. Y un puñado con dibujos sueltos (un sol, una casa, un perro, una llave, una nube) sirve para contar cuentos: se saca una sin mirar y hay que seguir la historia con lo que salga.
Qué suele fallar. Piedras rugosas o porosas, donde el pincel no corre. Piedras mojadas o con polvo, en las que la pintura se pela. Y los detalles pintados sobre el fondo fresco, que se mezclan con él.
Dos sin pegamento: un dibujo en el suelo y un pincel de monte
El mandala que no se lleva a casa
Edad: desde los tres años. Tiempo: lo que dure el interés, de veinte minutos a una hora. Material: lo recogido y un trozo de suelo despejado.
Se elige el centro y se coloca en él la pieza más especial. Alrededor se van formando anillos, cada uno con un solo tipo de cosa: uno de piedras, otro de hojas, otro de palitos apuntando hacia fuera, otro de pétalos. Cuanto más ordenado está cada anillo, mejor se ve el conjunto. Al terminar se hace una foto y se deja allí.
Aguanta mejor que ninguna un grupo grande y con edades mezcladas. Los pequeños traen y colocan, los mayores deciden el dibujo, y cabe todo el que llegue. No gasta material ni hay que transportar nada. A algunos niños les cuesta marcharse sin su obra; avisar desde el principio de que se queda en el parque, y de que se llevan la foto, evita el disgusto.
Pinceles de monte
Edad: desde los cuatro años. Tiempo: cuarenta y cinco minutos. Material: un palo del tamaño de un lápiz por pincel, gomas elásticas o lana, témpera en platos, papel de embalar y manojos de lo que se haya encontrado: agujas de pino, hierba seca, una pluma, hojas pequeñas, una espiga.
Cada manojo se sujeta a la punta de un palo con una goma elástica bien apretada. Con tres o cuatro pinceles distintos por niño se pinta sobre un papel grande, probando qué huella deja cada uno: las agujas de pino rayan, la pluma barre, la hierba salpica. La mitad del taller es fabricar la herramienta y la otra mitad, compararlas.
Qué suele fallar. La goma floja, y el manojo se queda en el plato. Manojos demasiado gruesos, que se convierten en una brocha sin gracia. Y esperar un resultado bonito: de aquí salen pruebas, y para hacerlas está el papel común.
Dos para colgar: un cuadro de arena y un móvil
El cuadro de arena
Edad: desde los cuatro años. Tiempo: media hora, y un día de secado. Material: cartulina oscura o un cartón, cola blanca en un bote con boquilla o con un pincel, arena fina y seca, y una bandeja o la tapa de una caja.
Se dibuja con la cola sobre la cartulina, en trazos gruesos: una espiral, un nombre, un pez. Con la cartulina dentro de la bandeja se espolvorea arena por encima hasta taparlo todo, se espera un minuto y se levanta la cartulina de canto para que caiga la que sobra. La arena se queda solo donde había cola. La de la bandeja se recoge y se vuelve a usar.
Qué suele fallar. Líneas de cola demasiado finas, que agarran cuatro granos. Arena húmeda, que cae en grumos. Y mover el cuadro antes de tiempo. Se queda plano, sin tocar, hasta el día siguiente.
El móvil de palos
Edad: desde los seis años. Tiempo: una hora. Material: un palo recto de dos palmos, lana o cuerda fina, tijeras y cinco o seis hallazgos que se puedan atar: piñas pequeñas, plumas, palitos, hojas grandes y secas, flores prensadas pegadas en un círculo de cartulina.
A cada hallazgo se le ata una hebra de lana, de largos distintos. Las hebras se anudan al palo, repartidas. Para colgarlo se ata otra hebra a los dos extremos del palo, o una sola al centro, y entonces se equilibra: se van corriendo los nudos hacia un lado o hacia otro hasta que el palo queda horizontal. Ese ajuste es la parte interesante, y conviene dejarles que lo descubran antes de explicárselo.
Qué suele fallar. Atar una piña o una pluma cuesta. La lana se pasa entre las escamas de la piña y se anuda al cañón de la pluma con dos vueltas. Las hojas frescas se rizan y se caen. Y lo más pesado tiene que ir cerca del centro.
Preguntas frecuentes
¿Con qué se pintan las piedras?
Con pintura acrílica, que agarra bien y aguanta el agua, o con témpera protegida después con una mano de cola blanca rebajada. La piedra tiene que estar lavada y seca del todo.
¿Qué manualidad con elementos naturales no necesita pegamento?
Un mandala en el suelo, hecho con anillos de piedras, hojas, palos y pétalos alrededor de un centro. Se fotografía y se deja en el sitio. También los pinceles de ramas, que se sujetan con una goma elástica.
¿Se pueden coger flores para hacer manualidades?
Las que ya han caído, sí. De las plantas no se arranca nada, y en los espacios protegidos hay que preguntar por sus normas antes de recoger cualquier cosa.
¿Cómo se limpian las piedras y los palos?
Las piedras, con agua y un cepillo, y un día entero de secado. A los palos se les sacude la tierra y se les quita la corteza suelta. Lo que tenga bichos se deja donde estaba.
¿Y si vivimos en ciudad?
Un parque basta: palos, piedras, hojas, plumas y semillas hay en cualquiera. Para un mandala o unos pinceles de monte no hace falta más.
De dónde salen los datos
1 Asociación Española de Pediatría, En Familia: «Atragantamiento en la infancia: prevención y tratamiento». Ver la fuente