El campamento ocupa la mañana. Tu trabajo, no. Lo que hay antes y después tiene muchos nombres (madrugadores, aula matinal, horario ampliado, tardes) y una misma función: que el día de tu hijo empiece y acabe sin prisas, aunque el tuyo las tenga.
6 min de lecturaPor el equipo de AZ Futura
Tres tramos que se suman a la mañana
Un campamento urbano tiene una pieza central, la mañana, y unos tramos que se le añaden. Casi todos los niños hacen la mañana. Unos cuantos entran antes, otros se quedan a comer y algunos hacen el día entero.
Los tres tramos ocurren cuando el niño está en su peor momento del día: con sueño, con hambre o cansado y pendiente de la puerta. Por eso se llevan con otro ritmo que la mañana, más lento y con menos consigna.
Qué tramos hay, a qué hora empiezan y acaban y si se pueden contratar días sueltos cambia de un campamento a otro. Es lo primero que conviene preguntar, antes incluso que la temática.
Qué pasa en cada tramo
Así funcionan en nuestros campamentos. La última fila es la que tienes que llevar apuntada cuando llames a cualquiera.
Acogida de mañana, comedor y ludoteca de tarde
Acogida de mañana
Comedor
Ludoteca de tarde
Para qué está
Para que puedas dejarle antes de entrar a trabajar.
Para que coma allí y no haya que salir a mediodía.
Para cubrir la primera parte de la tarde.
Cómo se entra o se sale
Entrada escalonada: cada familia llega cuando necesita.
Va seguido a la mañana, con el grupo que se queda.
Recogida escalonada: cada familia llega cuando puede.
Qué hacen
Desayunar si no vienen desayunados, rincones tranquilos y un sitio para descansar.
Lavarse las manos, comer sentados y con un adulto cerca.
Elegir rincón: lectura, juegos de mesa y construcciones, arte, o descanso.
Cómo llega el niño
Con sueño.
Con hambre y cansado.
Cansado y pendiente de quién viene.
Pregunta antes de inscribir
Desde qué hora, y si el desayuno lo ponen o se trae.
Quién pone la comida y cómo se avisa de una alergia.
Hasta qué hora, y si se puede recoger antes.
La acogida: un despertar lento
A primera hora el colegio está casi vacío y eso se aprovecha. Hay pocos niños, hablan bajo y nadie propone nada que exija correr. La entrada es escalonada. En vez de una hora a la que estar hay una franja, y cada familia aparece cuando le viene bien.
En nuestros campamentos la acogida tiene tres cosas. Un rato para desayunar, para quien no lo ha hecho en casa. Rincones de juego tranquilo: lectura, juegos de mesa y de ingenio, pintura, puzles. Y un espacio de descanso para el que ha madrugado más de lo que su cuerpo quería, donde puede seguir medio tumbado un rato.
El desayuno es lo que más cambia de un sitio a otro. Hay campamentos donde se sirve y campamentos donde cada niño lo trae en la mochila y se lo toma allí. Pregúntalo, y pregunta también si hay dónde guardarlo en frío. Si lo lleva de casa, valen los mismos criterios que para el almuerzo de media mañana: qué almuerzo aguanta el calor.
El comedor: una comida acompañada
Las dos de la tarde es mala hora para pedirle nada a un niño de cuatro años. Lleva desde las nueve jugando, tiene calor y el plato de hoy no es el de casa. Quien acompaña un comedor lo sabe, y pide en consecuencia.
Lo que hacemos en la mesa se resume pronto. Manos lavadas antes y después. Sentados mientras se come. Se anima a probar de todo, aunque de unas cosas coman más que de otras. Si en casa come poco o le cuesta, dilo el primer día: quien se sienta con él agradece saberlo. Y se cuidan las formas: usar los cubiertos, no jugar con la comida, esperar a los demás.
Tú pregunta de dónde sale la comida. Hay tres fórmulas, y ninguna depende del equipo de monitores: cocina en el propio centro, comida servida por una empresa de restauración o táper traído de casa. Cada una cambia lo que metes en la mochila; lo tienes en la lista, según el campamento.
Si tu hijo tiene una alergia o una intolerancia, el comedor es el momento en que más personas tienen que conocerla: quien cocina, quien sirve y quien se sienta a su lado. Cómo llega el dato a cada una, y qué información sobre alérgenos puedes pedir, lo explicamos en alergias y dietas en un campamento.
La tarde: elegir rincón y esperar tranquilo
Después de comer no hay gincanas. El cuerpo no está para eso y el termómetro, en julio, tampoco. La tarde se organiza por rincones y cada niño elige en cuál quiere estar.
En los nuestros hay cuatro. Lectura. Juegos de mesa, de ingenio, puzles, construcciones y juego simbólico. Un espacio artístico para pintar, modelar o seguir con una manualidad. Y uno de descanso, con una película adecuada a su edad o con sitio para echar una cabezada, pensado sobre todo para los de Infantil.
La recogida es escalonada: desde que acaba la comida, cada familia llega cuando puede hasta la hora de cierre. De eso conviene avisar a tu hijo, porque va a ver marcharse a otros antes que él. Dile a qué hora vas tú, con una referencia que entienda («después de la peli», «cuando se vayan los primeros»), y cúmplela. La entrega, también a esa hora, es en mano y a una persona autorizada: quién puede recoger a un niño.
Cuánto día es mucho día
De la primera hora de la acogida al final de la ludoteca hay una jornada más larga que la de muchos adultos. A veces no queda otra. Esto ayuda a que pese menos.
Elige un borde, si puedesEntrar pronto y salir a las dos, o entrar a las nueve y quedarse a comer. Con uno de los dos tramos, el día es bastante más llevadero que con ambos.
La primera semana, más cortoSi se estrena, intenta que los dos o tres primeros días salga pronto. Luego se alarga.
Los pequeños, antesA los tres y cuatro años el cansancio manda. Si hay que elegir a qué hermano se recoge primero, que sea el pequeño.
Cuida la nocheUn día largo se nota al acostarse. Esas semanas, adelantar un poco la hora de ir a la cama suele ayudar más que cualquier otro arreglo.
Lo que cambia en la mochila y en el papel
Un día con bordes pide tres cosas más que un día de mañana. Comida, si la pone la familia: desayuno, almuerzo y, donde toque, táper. Una muda para los pequeños, porque en nueve horas caben más accidentes que en cinco. Y, si se recomienda, cepillo y pasta de dientes para después de comer.
En el papel, asegúrate de que la inscripción recoge bien quién le deja y quién le recoge, que en estos tramos suelen ser personas distintas a las de la mañana: una abuela a las cuatro, un vecino a las siete y media. Y si un día cambia el plan, avísalo en la puerta por la mañana.
¿Puedo contratar la acogida o el comedor solo algunos días?
Depende del campamento: en unos se contrata por semanas completas y en otros se admiten días sueltos. Pregúntalo antes de inscribir, sobre todo si tu horario cambia de un día a otro.
¿El desayuno y la comida están incluidos?
No se puede dar por hecho. Hay campamentos que los sirven y campamentos donde cada niño trae lo suyo. Pregunta por las dos cosas por separado.
¿Duermen la siesta los pequeños?
En la ludoteca de tarde hay un espacio de descanso para quien lo necesita. Si tu hijo duerme siesta a diario, cuéntalo: se le ofrecerá ese rincón sin que tenga que pedirlo.
¿Qué pasa si llego tarde a recogerle?
Avisa en cuanto lo sepas al teléfono de contacto. El niño se queda siempre con un adulto del equipo. Si no se localiza a nadie, se aplica el protocolo de entrega, que está escrito para eso.
¿En la acogida están con su monitor?
No necesariamente. A esa hora hay menos niños y de varias edades, así que puede atenderles otra persona del equipo. Cuando empieza el campamento, cada uno pasa a su grupo.