Un lunes de julio, a las siete y media, el colegio huele a fregona y tiene las persianas a medio subir. A las diez hay un corro de piratas en el patio. Esto es lo que pasa entre una cosa y otra, y el resto de la semana.
9 min de lecturaPor el equipo de AZ Futura
Un campamento del que se vuelve a dormir a casa
Un campamento urbano es un campamento de día. Se hace en un colegio o en un centro del propio municipio, se contrata por semanas y cada tarde el niño vuelve a casa con la gorra torcida y algo que contar, o con un «nada» que también quiere decir cosas. No hay tienda de campaña ni saco de dormir. Hay un patio que conoce o que va a conocer en dos días, un grupo de su curso y un adulto que el miércoles ya sabe cómo se llama su hermano.
Existe porque las vacaciones escolares duran mucho más que las de cualquier trabajo, y eso no hay familia que no lo sepa. Desde fuera cuesta más ver que cubrir ese hueco y aprovecharlo son dos trabajos distintos. Para el primero basta un sitio seguro y un adulto. El segundo pide un plan, y el plan se escribe antes de que entre el primer niño.
Una jornada hecha de piezas
Casi ningún niño hace el día entero. La mañana es el campamento; lo de antes y lo de después se añade según el horario de cada casa.
Los tramos de un día tipo en nuestros campamentos urbanos
rincones, asamblea, actividad, recreo, gran juego y cierre
Comedor
comida
Ludoteca
recogida escalonada
Es un horario tipo. La hora a la que abre la acogida y a la que cierra la tarde cambia de un campamento a otro, y hay campamentos sin comedor o sin tarde: son las primeras preguntas que conviene hacer.
Cinco horas que tienen forma
Si miras por la verja a media mañana verás carreras, agua y gritos, y cualquiera diría que allí no dirige nadie. Dentro, la mañana tiene un dibujo que se repite de lunes a viernes. Esa repetición tranquiliza igual a un niño de cuatro años que a uno de once, porque los dos saben lo que viene después.
Empieza despacio. Mientras van llegando, hay rincones abiertos: dibujo, lectura, juegos de mesa, juego simbólico y, fuera, balón. Nadie tiene que entrar en nada organizado con el sueño todavía puesto. Cuando están todos, cada grupo se sienta en corro para la asamblea: canciones, un juego para despertarse y lo que toca ese día.
Después vienen dos bloques largos separados por un recreo con almuerzo. El primero suele ser de mesa o de manos, con un taller, un experimento o algo que se construye. El segundo es de cuerpo: deporte, expresión, un gran juego por equipos o, donde la hay, piscina. La mañana se cierra como empezó, sentados, con una vuelta a la calma y una ronda corta sobre qué ha gustado y qué no.
La unidad de un campamento urbano es la semana, y cada una tiene su temática. En verano se eligen pensando en lo que les gusta: superhéroes, la vuelta al mundo, la vida submarina, el circo, el oeste, piratas. La temática tiene una utilidad muy práctica. Da al grupo un motivo común desde el lunes y consigue que el mismo tipo de actividad no se parezca a la de la semana anterior.
Debajo del disfraz hay un reparto. En nuestros campamentos cada semana pasa por varios tipos de actividad: movimiento y deporte, creación plástica, expresión corporal y música, un taller con alimentos, un experimento y un gran juego por equipos. El niño recuerda que fue pirata; el equipo sabe que esa semana ha corrido, ha recortado, ha bailado y ha tenido que ponerse de acuerdo con otros cinco para encontrar un cofre.
Todo eso se decide en una reunión previa de coordinación y monitores, y se deja por escrito, con una versión para cada etapa y una alternativa para quien no pueda hacer lo programado. Cómo se monta, paso a paso, lo contamos en cómo se programa una semana.
Con quién pasa la mañana
Más que en «el campamento», tu hijo pasa la semana en un grupo. En los nuestros, cada grupo tiene diez niños y un monitor, y se forma por curso escolar. Dentro de Primaria, las actividades se preparan por separado para 1.º a 3.º y para 4.º a 6.º, porque un juego que a los seis años es una aventura a los once es un trámite.
Como se contrata por semanas, la lista cambia cada lunes. Hay niños que se van, niños que llegan y niños que llevan allí desde junio. De ahí que el lunes tenga siempre algo de primer día, y que la mañana empiece con rincones y asamblea y no con una competición.
Si viene con un amigo, con un hermano o necesita algún apoyo, eso se habla antes y tiene respuesta. Lo explicamos en cómo se hacen los grupos. Lo que significa el número de niños por monitor, y cómo se cuenta, es de otra guía: cuántos niños por monitor.
Los bordes del día
La acogida, el comedor y la tarde
Para muchas familias el campamento se decide en los bordes: si abre a tiempo de llegar al trabajo y si cierra después de salir. Son los tramos menos vistosos y también los que piden más cuidado, porque a esas horas los niños están dormidos o están cansados.
La acogida de primera hora es tranquila a propósito: un rato para desayunar, rincones de juego y un sitio donde seguir medio tumbado quien haya madrugado demasiado. El comedor es una comida acompañada, con las manos lavadas y sentados. La ludoteca de la tarde se organiza por rincones que cada niño elige, y las familias recogen cuando pueden, de forma escalonada.
Qué se desayuna, quién pone la comida y hasta qué hora se puede recoger cambia de un campamento a otro. Las preguntas que hay que hacer están en acogida, comedor y ludoteca.
Lo que puedes dar por hecho y lo que hay que preguntar
Dos campamentos urbanos pueden llamarse igual y tener poco que ver. Esto es lo que hay siempre en los nuestros y lo que cambia según el sitio donde se hace y quién lo encarga.
Qué es fijo y qué cambia de un campamento a otro
En todos los nuestros
Depende del campamento
Programación escrita antes de empezar
Temática por semana
Grupos por curso, de diez niños por monitor
Coordinación sin grupo, toda la jornada
Alternativa para quien no puede hacer una actividad
Hora de apertura y de cierre
Desayuno y comida: servidos o traídos de casa
Piscina, y cuántos días
Excursión o salida fuera del recinto
Fiesta o actividad con familias al final
Lo de la columna derecha no es mejor ni peor por sí mismo: depende de las instalaciones y de lo que se haya acordado con el colegio o el ayuntamiento. Lo que importa es saberlo antes de inscribir.
El día que se sale del guion
La piscina y la excursión son lo primero que preguntan los niños y lo último que conviene dar por supuesto. Hay campamentos urbanos con piscina a diario, otros con un par de días y otros sin ella, que resuelven el calor con juegos de agua en el patio. Lo mismo pasa con las salidas: un paseo por el municipio, una visita o un autobús, según el campamento.
Cuando las hay, cambian el día entero: la mochila, la ropa con la que sale de casa, a veces la hora y siempre los papeles. Y quien no se baña o no puede hacer la salida tiene su plan, pensado de antemano.
Un campamento por semanas tiene un final cada cinco días. El viernes se remata la temática, se vacían las aulas de lo que se ha hecho con las manos y se despide a quien no vuelve el lunes. Es también el día en que el equipo repasa qué ha funcionado.
Para una familia, el viernes es el día de mirar la mochila con calma, preguntar en la puerta y avisar de lo que cambia la semana siguiente. Lo contamos en el viernes: cómo se cierra una semana.
Y de ahí sale la pregunta que casi todo el mundo se hace en primavera: cuántas semanas. Una sola se queda corta para algunos niños y todo el verano es demasiado para otros. Un número bueno no existe, pero sí tres o cuatro cosas en las que fijarse. Están en ¿una semana o todo el verano?.
Cuatro preguntas sobre el día a día
Las de seguridad (titulación, autorizados, seguro) están en la guía del centro. Estas son las del funcionamiento, y sirven para cualquier campamento urbano.
¿A qué hora abre y a qué hora cierra de verdad?Y si la acogida y la tarde se contratan aparte o por días sueltos.
¿Con quién va a estar?Cuántos niños hay en su grupo, de qué cursos y si el monitor es el mismo toda la semana.
¿Qué come y quién lo pone?Almuerzo de media mañana, desayuno si entra pronto y comida si se queda.
¿Hay piscina o alguna salida?Qué días, dónde, y qué hace quien no se baña o no va.
Si es su primera vez
Todo lo anterior cuenta un campamento ya en marcha. Si tu hijo se estrena, a él le preocupan otras cosas: a quién va a conocer, dónde está el baño y a qué hora vuelves. Eso tiene su propio reportaje, el primer campamento, y un artículo para el primer día, paso a paso.
El campamento en sí ocupa la mañana. A eso se suele poder añadir una acogida temprana y, después, comedor y tarde. Las horas de apertura y de cierre cambian de un campamento a otro: pregunta por las dos antes de inscribir.
¿Puede ir solo por las mañanas, sin comedor?
Sí, es lo más habitual. La acogida, el comedor y la ludoteca son tramos que se suman al campamento según lo que necesite cada familia.
¿Todos los campamentos urbanos tienen piscina?
No. Depende de las instalaciones del municipio y de lo acordado con quien lo encarga. Pregunta si hay, cuántos días y qué hace quien no se baña.
¿Van juntos los pequeños y los mayores?
Comparten el edificio y algunos momentos, como la entrada. La mañana la pasan con su grupo, que se forma por curso, y las actividades se preparan distintas para cada etapa.
¿Hace falta que conozca el colegio donde se hace?
No. Los primeros minutos del lunes se dedican a enseñar el sitio: dónde se deja la mochila, dónde está el baño y hasta dónde llega el patio.
Y si quieres que lo hagamos nosotras
Nuestros campamentos
Urbanos, con pernocta, de Navidad, de Semana Santa y días sin cole, en Madrid y Guadalajara.